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No hace falta una bola de cristal para saber que en 2025 el negocio de las telecomunicaciones va a producir titulares de gran envergadura, tanto en términos empresariales, como en implicaciones para los usuarios.
El panorama contempla varios ingredientes importantes, así que vamos por partes.
WOM se mantiene a flote
El año empezó fuerte con la adquisición de WOM Colombia por parte de SUR Holdings, firma de inversiones estadounidense que salvó a esta compañía de caer en la bancarrota, pues hay que recordar que estaba en proceso de reorganización para intentar encontrar una forma de cubrir sus obligaciones crediticias.
Gracias a la inversión de SUR Holdings esta empresa no solo se mantiene a flote, sino que continuará con su ambicioso plan de expansión, en el que aspira conquistar a esos usuarios que hoy, en su mayoría, se reparten entre Claro, Tigo y Movistar.
Según lo explicado por Mauricio Lizcano, ministro TIC , la importancia de que WOM siga operando en Colombia radica en que su desaparición hubiera configurado un duopolio; es decir, que el negocio quedara con dos empresas compartiendo una posición de dominio (que habrían sido Claro y la compañía resultante de la integración entre Tigo y Movistar), lo cual es una clara amenaza para el mercado y los usuarios, pues en esos casos es altamente probable que no exista una competencia real, se incrementen las tarifas, se pierdan los estímulos para avanzar en la calidad del servicio y se levanten barreras para el ingreso de competidores.
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Se desconoce la cifra que inyectó SUR Holdings, pero según lo dicho a este medio por el superintendente de Sociedades, Billy Escobar, WOM necesitaba por lo menos $400.000 millones para librarse de la bancarrota. Parte de este salvavidas financiero incluye un período de gracia en el que su mayor acreedor (el Gobierno colombiano) congeló el pago de los compromisos relacionados con el alquiler del espectro de baja frecuencia (3G y 4G) hasta el año 2029. Todo esto le da a la empresa un aire para que se mantenga competitiva y ejerza contrapeso en el mercado.
La fusión entre Tigo y Movistar
En febrero de 2024, Movistar y Tigo acordaron un compromiso para compartir sus antenas dedicadas a la telefonía e internet móvil. En octubre del mismo año, la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) les autorizó esa jugada, y esta semana los operadores encendieron esa red unificada, con la que se busca aumentar la cobertura y mejorar la experiencia de unos 35 millones de usuarios en más de 900 municipios.
No obstante, esto solo sería el inicio de un elaborado plan con el que se persigue pelear más de cerca el liderazgo de las telecomunicaciones en Colombia, pues la compañía Millicom adelanta la adquisición de Tigo y Movistar, mediante la cual (si lo aprueba la SIC ) se fusionarían ambas empresas.
Es un negocio que podría rondar los US$1.000 millones, en donde la Nación tiene una participación de 32 % en las acciones de Telefónica (Movistar), las cuales se estiman (en su totalidad) en US$400 millones.
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Para entender mejor el impacto que tendría esta noticia en Colombia hay que saber que Claro es, de lejos, el líder de la industria. Según cifras de la Comisión de Regulación de Comunicaciones, con corte al tercer trimestre del año pasado, esta empresa acumulaba 40,59 millones de líneas de telefonía móvil, lo cual le da una participación en el mercado cercana a 45 %. Por debajo está Movistar, con 20,79 millones (25 %), Tigo con 15,98 millones (19 %), WOM con 7,2 millones (8,5 %) y los otros competidores que se reparten 2,5 %.
La empresa resultante de la fusión quedaría con 44 % de la torta de esta vertical de negocio (muy cerca de Claro), lo que podría implicar un cambio de trono en la industria de las telecomunicaciones en Colombia.
También se tendría que revisar si Claro conservaría su posición de dominancia en el mercado (no confundir con liderazgo de mercado), para lo cual sería necesario un análisis en el que no sólo se revise su partición, sino también el tráfico que mueve, ingresos, impacto en la infraestructura disponible, capacidad de inversión y si existen barreras asociadas al espectro.
Se avecina un cambio de reglas
Para Lina María Duque, directora de la CRC, el hecho de que prácticamente 90 % del mercado quede en manos de dos compañías (Claro y la que resultaría de la fusión entre Movistar y Tigo) podría configurar un caso de dominancia conjunta. En ese escenario, la entidad revisará las nuevas dinámicas y sus efectos, como eventuales alzas en las tarifas o vulneraciones a los derechos de los usuarios.
Este trabajo es importante, pues mediante las reglas de juego que establece la CRC se generan lineamientos para llevarnos a un estado de competencia en el mercado, corrigiendo las fallas cuando la industria no puede.
Por ejemplo, en 2024 se publicó una resolución mediante la cual se obliga a los operadores a publicar sus planes de fidelización (los descuentos que activan cada vez que una persona advierte que quiere cambiar de operador). Al hacer pública esta información, la competencia también puede diseñar una contraoferta y aumentar la posibilidad de ganar a ese usuario.
Este año veríamos más ajustes. Recientemente se publicó un proyecto de resolución con el que se quiere prohibir la práctica del win back, que consiste en llamar al cliente tan pronto cambia de proveedor con la intención de que regrese. La nueva normativa daría una ventana de tiempo antes de que esto se pueda hacer, con la intención de que el consumidor se quede y conozca los beneficios que le brinda su nuevo operador.
“También fortaleceremos los canales digitales para que los usuarios puedan cancelar o modificar sus planes porque encontramos que es muy fácil aumentar sus capacidades (más minutos o gigas), pero es muy difícil cancelar o modificar los planes hacia abajo”, dijo Duque, al señalar que se está actualizando la información asociada a los usuarios prepago para que sepan quiénes son los agentes y sus ofertas, facilitando así los procesos de portabilidad.
Desafíos financieros para el sector
Este año seguirán siendo noticia los retos económicos en este negocio. Esta industria se caracteriza por tener una alta demanda de inversión en tiempos en los que las ganancias disminuyen.
Cifras de la CRC muestran que en los últimos siete años el promedio de la inversión de las empresas ha sido de $7,11 billones, creciendo año tras año a un media de 5,3 %. El 2021 fue el de mayor protagonismo en la materia, con US$8,5 billones.
En contraste, los ingresos operacionales han ido cayendo. En 2017, el sector reportó $37,06 billones por este concepto, cifra que ha ido retrocediendo hasta llegar a los $33,6 billones al cierre de 2023 (evidenciando una reducción de 9,3 %).
Aún así, la inversión ha mantenido su ritmo, pues durante los últimos siete años el promedio ha sido del 20,44 % sobre los ingresos. En 2022, por ejemplo, las empresas reinvirtieron una cuarta parte de sus ganancias operacionales, sin contar el peso que representan sus costos operativos.
En este análisis, el ARPU es un indicador clave para la industria, pues muestra el ingreso promedio por usuario. Este también ha venido cayendo con el paso de los años. En telefonía móvil pasó de los $5.501 en 2017 a $1.907 en el tercer trimestre de 2023 (una baja de 65 %). En internet móvil mantuvo una relativa estabilidad, pues pasó de los $19.100 a $18.100 en la misma ventana de tiempo.
Según lo explicado por Rodrigo de Gusmao, presidente de Claro Colombia, las caídas en el ARPU muestran que el sector de las telecomunicaciones ha venido experimentando una hipercompetencia. Aquí hay que recordar que la llegada de WOM al país, en abril de 2021, marcó un impacto en la industria, pues con sus precios bajos presionó a los demás operadores para igualar su oferta.
“En los últimos 10 años pasamos de tres a más de 15 prestadores de servicios móviles.Esta dinámica ha significado fuertes reducciones en las tarifas. Por ejemplo, los precios de datos móviles se han reducido en cerca de 70 % en los últimos tres años, haciendo que el ingreso promedio por usuario sea de los más bajos del mundo. Los operadores no logran recuperar las inversiones que están realizando, al mismo tiempo que se debe responder a un fuerte crecimiento de la demanda de datos”, dijo.
Un estudio adelantado por Cable.co.uk ubica a Colombia como el décimo país del mundo con los precios más bajos en datos móviles, con un promedio de US$0,20 GB ($850), ofreciendo una tarifa más económica de la que hay en países como Haití, Indonesia, Brasil y España (que están en el top 50), y ligeramente más alta que Francia, India, Pakistán e Israel, que lo acompañan en el top 10.
Gusmao también resalta las asimetrías regulatorias y fiscales que favorecen a las OTT (over the top, empresas que operan bajo un modelo de distribución de contenido multimedia que se transmite por internet, como Netflix, Disney+ y Spotify), lo que genera una competencia desigual con los operadores tradicionales.
Según Fabián Hernández, CEO de Telefónica Movistar Colombia, la solución no está en subir los precios a los clientes, sino en hacer que la estructura sea más eficiente (que es lo que buscan al unificar su red con la de Tigo), además de diversificar las fuentes de ingreso, impulsando los servicios de digitalización de las empresas.
Hernández también considera que la regulación debería ser más flexible en reducción de cargas, compartición de infraestructura y en decisiones que favorezcan la solución de los problemas del mercado.
Finalmente, según lo manifestado a este medio por Tigo, es necesario que se revise el costo del espectro que, pese a los esfuerzos que ha hecho el Gobierno, sigue siendo alto si se compara con otros referentes internacionales.
“También es necesario advertir que los costos del despliegue de infraestructura, según varios estudios, es 30 % más costoso en Colombia que en otros países de la región, por temas de transporte, seguridad y falta de talento especializado. Eso en conjunto es lo que hace que el ingreso no recompense las inversiones. Sabemos que la demanda de datos seguirá aumentando por parte de los usuarios. Es necesario buscar fórmulas para bajar las cargas impositivas a los operadores y liberar así capacidades para seguir invirtiendo en las redes y los usuarios”, concluyó la empresa.
Aún con todos estos desafíos, es positivo que las telecomunicaciones estén despertando interés en los inversionistas internacionales. Las apuestas de SUR Holdings, así como las intenciones de Millicom, confirman que el país y este sector en particular generan confianza para que se inyecten recursos nada despreciables, por lo que hay altas expectativas de cómo evolucionarán estas compañías en los próximos años, mientras se abarcan otros importantes componentes, con lo es el cierre de la brecha digital.
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