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En los últimos años, el precio del café no ha hecho más que aumentar, tanto en la bolsa de Nueva York, como consecuencia también el interno. Tanto así que a finales de 2024 se registraron los precios más altos de los últimos 50 años en la bolsa.
Y aunque se trata de una buena noticia para la economía de los caficultores y un motor para el crecimiento del sector, este panorama ha generado un efecto negativo: los incumplimientos del programa de ventas futuras.
Esta iniciativa existe desde hace unos 20 años, pero tomó fuerza en 2016. En palabras sencillas, implica que los caficultores (asociados en 18 cooperativas) se comprometieron a entregarle en el futuro una cierta cantidad de café al Fondo Nacional del Café (FoNC) por un precio fijo.
Pero las entregas se han estado incumpliendo, pues el precio pactado en ese entonces es menor que el actual (que es coyunturalmente más alto).
Los vencimientos estaban pactados para 2021, 2022 y 2023. El pacto de entrega a futuro por carga de café fijado en julio de 2021 estaba a $1.580.000 que equivalía a un precio de referencia de US$1,77 la libra en la Bolsa de NY precio que para julio de 2022 subió a $1.650.000 y US$1,83, respectivamente.
Los incumplimientos de los productores llevaron a que las cooperativas no contaran con el café prometido al fondo. Expertos consultados por este medio dicen que esta deuda se fue aplazando con los años, a la espera de que bajara el precio para saldarla, cosa que no sucedió.
¿Para qué las ventas futuras?
Con los ojos del presente es fácil reconocer que prometer el café en el pasado a esos precios no era buen negocio. Pero en su momento otro era el panorama.
Carlos Duarte, miembro del Instituto de Estudios Interculturales de la Universidad Javeriana de Cali, explica que las cooperativas de caficultores con el apoyo del gobierno Santos y el respaldo del Fondo Nacional del Café, firmaron en 2016 un conjunto de contratos con venta a futuro que se negociaron bajo una proyección del precio definida en su momento.
Este mecanismo no es un problema en sí mismo y, de hecho, es la herramienta que rige otros productos, como el petróleo (la venta a futuro, de hecho, le dio estabilidad al mercado petrolero después de varios eventos geopolíticos entre los años 80 y 90).
El objetivo de las ventas futuras es asegurar el ingreso del productor al hacer un negocio que garantice cierto margen de rentabilidad, aunque nunca se recomendaba una promesa de compra por encima de 30 % del producido. Expertos en temas cafeteros resaltan que eso sirve para que los caficultores se acostumbren a manejar los riesgos del precio.
El problema con las ventas a futuro es que fluctuaciones importantes en el mercado echan por tierra acuerdos y ponen en aprietos a todo tipo de productores y comercializadores. Algo así pasó en este escenario, pues después de la pandemia el precio se fue recuperando, mientras que los plazos para las entregas se iban venciendo y crecía la deuda en la medida en la que el café se encarecía, pese a que la Federación (como administradora del Fondo) había otorgado prórrogas.
Para este punto, la organización Dignidad Agropecuaria Colombiana sostiene que la Federación Nacional de Cafeteros (FNC) debe “asumir responsabilidades” frente a que, según ellos, “embaucó a las cooperativas en los contratos para la venta de café a futuro”. Pero el panorama es más complejo.
Las cooperativas y las consecuencias de la deuda
Los incumplimientos por parte de las 18 de las 34 cooperativas se deben, según ellas, a que no todos los cafeteros han hecho las entregas suficientes para cumplir.
Y aquí hay un agravante: algunas cooperativas hicieron fijaciones de venta sin respaldo de los productores o mediante acuerdos informales.
Este fue el caso de un caficultor del Tolima, que pidió reservar su nombre. Él hizo una negociación en 2020 para entregar el café en 2021, pero llegado el momento la pandemia dificultó la llegada a la zona de los recolectores y le faltó mano de obra.
“Me fue mal porque el café se me cayó. En ese momento el precio había subido y no podía ponerme a pagar el poquito que tenía a la cooperativa porque tenia muchas deudas”, relata.
El productor había empeñado su palabra y solo pudo cumplir con una tercera parte de lo prometido. Y aunque nunca recibió un peso por adelantado, sí se les estaban cobrando. “Nos dañaron la hoja de vida crediticia, no podemos hacer préstamos, cuando les vendíamos el café toda la vida. Nos cobraron dineros que no habíamos recibido y yo no pienso pagar eso porque es injusto. No progresamos, sobrevivimos”, asegura el cafetero tolimense.
Esta es una muestra de lo difícil que puede ser exigir los cumplimientos. Actualmente, se estima que 45 % del saldo pendiente en estas transacciones que debieron haberse hecho tiene justo estas características. Y por aquí es que entramos en la parte más densa de esta historia.
Esta situación pone en riesgo el patrimonio de las cooperativas. Si no se le encuentra una solución al problema, las consecuencias de los incumplimientos podrían llevar a que sean liquidadas, sostiene Duarte.
Se trata de un asunto delicado, pues estas entidades son las que facilitan que los cafeteros tengan una garantía de compra en el país. Es decir, son las que reciben el café todos los días y lo pagan al precio interno que publica diariamente la FNC (que tiene en cuenta el precio de la bolsa, la tasa de cambio y otros factores).
Las cooperativas son entidades autónomas e independientes, vigiladas por la Superintendencia de Economía Solidaria.
Quitarlas del mapa tendría consecuencias hoy, pero también a futuro.
El café pendiente
Actualmente, la “deuda se expresa en 33 millones de kilos (el 3,7 % de la producción anual) retrasados en su compromiso de entrega”, dice el gerente de la Federación, Germán Bahamón.
Aunque no es del todo claro esto en cuánto dinero se traduce debido a las variaciones que ha tenido el precio del grano. El precio referencia de la carga de 125 kilos de pergamino seco fue de $2,6 millones para el viernes 10 de enero, por lo que la deuda hoy representaría unos $700 mil millones.
Sin embargo, el cálculo no es tan simple. Conforme se fueron venciendo los plazos, el Fondo tuvo que salir a comprar el café necesario para cumplir con el compromiso que ya tenía con los clientes internacionales. Y como esto viene sucediendo desde hace varios años, no se sabe a ciencia cierta de cuánto dinero es el total del déficit.
El Observatorio Fiscal de la Universidad Javeriana detalla que las deudas de las cooperativas deben hacer parte de los ingresos del Fondo en forma de rendimientos financieros, pero la información del detalle no es pública pese a que son recursos públicos.
Por su parte, el Gobierno señala que los “incumplimientos representan un riesgo para el patrimonio de las cooperativas de caficultores, el FoNC y los servicios que garantizan la compra del café”, según dijo el Ministerio de Hacienda a través de un comunicado la semana pasada.
En el documento le pidió a la Federación que adopte medidas para: fortalecer el sistema cooperativo cafetero, garantizar el cumplimiento de los contratos de entrega a futuro, mantener la garantía de compra y proteger el patrimonio del FoNC frente a los impactos financieros derivados de los incumplimientos.
Bahamón ha sido enfático al decir que “el Fondo Nacional del Café no esta en riesgo. Tanto el Fondo Nacional del Café, como la Federacion Nacional de Cafeteros, muestran solidez patrimonial”.
Vale recordar que el Fondo Nacional del Café es un fondo parafiscal que se alimenta de las contribuciones que aportan los cafeteros sobre cada libra de café. Si bien se trata de recursos públicos, no hacen parte del presupuesto de la Nación. Es la FNC la delegada por el Gobierno Nacional para su administración.
Las vías de solución
El gerente de la FNC dijo durante el congreso cafetero de diciembre de 2024 que “no somos verdugos, sino guardianes de la estabilidad del sistema” y añadió que la “FNC hará uso de herramientas para ejercer el cumplimiento de los acuerdos de las entregas de café a futuro”.
El mensaje ha sido claro: las cooperativas tienen que pagar la deuda. Para ello se creó la campaña “Coseche y cumpla”, que permite que los caficultores accedan, a través de las cooperativas, a una reliquidación del precio del café, que podrá oscilar entre $150.000 y $600.000 por carga.
Además del programa, el que haya precios favorables para el grano en este momento podría ayudar a mitigar el impacto que podría tener para los productores el cumplir con la venta de los futuros, de acuerdo con los expertos.
Solucionar el déficit que ocasiona esta situación al FoNC es necesario para el sistema, pero hay problemas de fondo en las cooperativas que se tienen que atender. Las organizaciones de productores de café piden la creación de una mesa para “definir políticas públicas para la solución del problema” y atender “las peticiones de las cooperativas de caficultores”.
Además, Bahamón rescata que el Congreso Cafetero recomendó gestionar ante el Gobierno Nacional un crédito público con condiciones especiales a las cooperativas de caficultores, para darle oxígeno al sistema.
Lo cierto es que no es un tema que tenga una solución fácil, ni rápida, en el corto plazo. Mientras que el problema puede seguirse ampliando, en la medida en la que los precios se mantengan altos en el contexto internacional, especialmente.
Pero también es un momento complejo para tener esta discusión, pues el respaldo de los dineros del Estado es una posibilidad incierta en medio de la crisis fiscal por la que atraviesa la chequera del país en medio de un recaudo débil y un presupuesto desfinanciado (en por lo menos $12 billones) para atender necesidades y hacer inversiones (además de cubrirles las espaldas a una serie de actores, como las cooperativas de café en este caso).
Duarte finaliza diciendo: “más allá de esta dura decisión emergen dos debates: i) hasta qué punto existe una responsabilidad política y fiscal de la Federación en el aval técnico de las ventas a futuro; y ii) ¿es conveniente realizar este tipo de contratos en un contexto de volatilidad creciente del comercio internacional?“.
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