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Esto no se trata de bitcoin, ni de ether, ni de esas criptomonedas que muchos asocian con estafas piramidales, memes o subidas y bajadas extremas de valor que, a veces, parecen moverse al ritmo de un trino de Donald Trump, Elon Musk o Javier Milei.
De lo que hablaremos en las siguientes líneas es del lado más estable del mundo cripto: una especie de “dólar digital” que se mueve por internet y que la economía colombiana cada vez absorbe con más fuerza.
Se llaman stablecoins y, básicamente, son monedas digitales diseñadas para no vivir en la montaña rusa de sus parientes más famosos, como el bitcoin, el ether y otras criptomonedas. A diferencia de estas, su valor no sube ni baja de forma brusca, sino que se mantiene atado, por ejemplo, a una moneda tradicional (dólar, euro y hasta el peso colombiano, entre muchas otras).
Un ejemplo son stablecoins como el USDT o el USDC: cada unidad de estas monedas digitales está hecha para valer, con algunos centavos de diferencia, lo mismo que un dólar estadounidense. Ni más, ni menos. Si una persona tiene 1 USDT en su billetera cripto, eso quiere decir que, en la práctica, tiene el equivalente a un dólar en formato digital.
Esa es, justamente, su gran diferencia frente a otras criptomonedas: quien las usa sabe cuánto valen hoy y puede esperar que mañana su stablecoin conserve un valor muy similar, sin importar si aparece una nueva criptomoneda de moda, si Tesla anuncia que compra o vende acciones, si Elon Musk cambia su foto de perfil o si Donald Trump vuelve a sacudir el mercado con un trino con la palabra “aranceles”.
A diferencia del resto del mundo cripto, aquí no hay un mercado apostando al alza o al desplome: las stablecoins se miran en el espejo de una moneda real y replican su valor.
No obstante, hay que dejar claro que no son emitidas por bancos centrales, de ahí que no pueden considerarse monedas de curso legal.
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Los usos de las stablecoins
De fondo, las stablecoins surgieron para llenar un vacío: que en el ecosistema digital existiera un activo con menor volatilidad que otros criptoactivos, pero que al mismo tiempo sirviera para ahorrar y funcionar como medio de intercambio entre los mercados digitales y los tradicionales.
Y para dimensionar hasta dónde han llegado, basta con ver quién se está deteniendo a estudiar sus efectos.
El Banco de la República (el banco central de Colombia, para ahorrarnos presentaciones) explica que las stablecoins se utilizan principalmente como un vehículo para la entrada y salida de recursos del ecosistema cripto, es decir, para convertir dinero de curso legal en activos digitales y viceversa, además de facilitar pagos y transferencias dentro de ese entorno.
El Emisor señala que la pandemia del covid-19 fue uno de los grandes puntos de quiebre, que disparó su uso desde 2020.
Hoy, USDT y USDC (ambas referenciadas al dólar y respaldadas por depósitos en USD y títulos de corto plazo como las letras del Tesoro de Estados Unidos) concentran cerca del 90 % de toda la capitalización del mercado de stablecoins, que al cierre de septiembre de 2025 rondaba los US 298,9 billones.
Más allá del mundo cripto, el Banco de la República señala que las stablecoins también han ganado espacio porque facilitan los pagos internacionales, porque permiten mover dinero entre países en cuestión de minutos y con costos mucho más bajos que los canales tradicionales.
Además, en economías golpeadas por la inflación o la volatilidad cambiaria, muchas personas las usan como una forma de resguardar sus ahorros en monedas fuertes, especialmente en dólares.
En esa misma línea, el Emisor recoge estudios del Banco de Pagos Internacionales (BIS) y de Reuters que muestran que las stablecoins y otros criptoactivos se han vuelto un canal relevante para el envío y recepción de remesas.
De hecho, con técnicas de inteligencia artificial, se ha logrado rastrear que solo en 2024 se movieron cerca de US 2 billones en transacciones con estos activos a nivel global.
América Latina y África-Medio Oriente son las regiones donde su uso es más alto en relación con el tamaño de sus economías.
Colombia y las stablecoins
En una franja entre julio de 2023 y junio de 2024, el 66 % de las transacciones minoristas con criptoactivos en Colombia se realizó a través de stablecoins, según datos de Chainalysis recopilados por el Banco de la República.
Es decir, de cada diez movimientos que se hicieron con monedas digitales en el país durante ese período, cerca de siete pasaron por stablecoins.
El resto del ecosistema cripto (altcoins, bitcoin y ether) se queda muy por detrás, como se muestra en el siguiente gráfico:
En ese mismo período, Colombia fue el país de América Latina donde mayor peso tuvieron las stablecoins, por encima de Argentina (61,9 %), Brasil (59,9 %) y Venezuela (56,5 %). En el promedio global, estas monedas representaron el 44,8 % de las transacciones.
En un capítulo de su Reporte de Estabilidad Financiera del segundo semestre de 2025, el Emisor analizó el rápido crecimiento de las stablecoins y sus posibles efectos sobre la estabilidad financiera del país, en un momento en el que estas monedas digitales ganan cada vez más espacio en la economía colombiana.
Por qué al Banrep le importan las stablecoins
Las stablecoins tampoco son panacea ni están blindadas frente a escenarios de crisis (por apocalípticos que a veces parezcan esos ejercicios de imaginación económica).
El Banco de la República advierte que el rápido crecimiento de estas monedas digitales puede tener implicaciones directas sobre la estabilidad financiera, no solo a nivel global, sino también para países como Colombia.
¿Qué pasaría si una stablecoin pierde su equivalencia con la moneda que la respalda, como el dólar? En ese caso, señala el Emisor, podría desatarse una salida masiva de recursos, con miles de usuarios tratando de recuperar su dinero al mismo tiempo. Para atender esa avalancha, los emisores se verían obligados a vender rápidamente los activos con los que respaldan esas monedas, una dinámica que puede trasladar la tensión del mundo cripto al sistema financiero tradicional.
Esos activos, por cierto, no son marginales. Según datos citados por el Banco de la República tomados del Fondo Monetario Internacional (FMI), entre finales de 2023 y el segundo trimestre de 2025 los emisores de stablecoins aumentaron cerca de 80 % sus tenencias de bonos de corto plazo del gobierno de Estados Unidos.
Una venta apresurada de esos títulos podría tumbar sus precios, aumentar la volatilidad de los mercados financieros y generar pérdidas también fuera del mundo cripto.
El Banrep también pone sobre la mesa un riesgo más estructural: que las stablecoins les quiten espacio a las monedas locales.
En contextos de inflación alta, devaluaciones o restricciones cambiarias, muchas personas optan por usar stablecoins para pagar, ahorrar o mover dinero. Ese proceso, que se conoce como “criptoización”, puede debilitar la capacidad de los bancos centrales para manejar variables como la inflación o las tasas de interés.
A esto se suman otros riesgos: salidas de capital por canales no regulados, debilitamiento de los controles financieros, uso de estos activos para lavado de dinero o financiación del terrorismo, y una mayor exposición a ataques cibernéticos o fallas tecnológicas, dada su naturaleza digital.
El propio Emisor señala que, aunque ya hay avances regulatorios en Estados Unidos, Europa y Asia, el gran desafío es que todavía no existe una regulación global.
Y si el mercado de stablecoins respaldadas en dólares llega a crecer hasta cerca de US 2 trillones en capitalización hacia 2028, como proyectan algunos comités del Tesoro estadounidense, el reto no será solo tecnológico, sino también de supervisión y control.
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