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Hay algunos elementos esenciales que sostienen la alimentación y son invisibles para los consumidores en los supermercados, pero se hacen notar en momentos de crisis, cuando se sacuden o fallan estos pilares. Al mirarlos de cerca se pueden descubrir importantes ausencias con múltiples causas, especialmente la falta de voluntad política.
Ese es el caso de los fertilizantes y abonos, un elemento vital para el agro, que solo vino a cobrar relevancia nacional (y a ganar titulares) con la invasión de Rusia a Ucrania en 2022. En ese momento la incertidumbre del mercado, sumada a las dificultades del transporte marítimo, hizo crecer los precios de los insumos, lo que terminó por acelerar la inflación de la canasta básica desde finales de ese año.
Todo esto afectó la seguridad alimentaria del país, especialmente para aquellos colombianos de menores ingresos, porque son los que gastan una mayor parte de su dinero en comida. En ese momento, ante la obvia dependencia de las importaciones para este tema, la pregunta fue: ¿por qué Colombia no produce fertilizantes y abonos?
Después de más de tres años la respuesta dejó de ser importante y se esfumó la preocupación por tener una industria nacional de insumos, a pesar de que el problema persiste en uno de los pilares para la producción de los alimentos en el campo.
Este rubro representa entre 15 y 30 % de los costos de un cultivo y su consumo por hectárea varía entre 600 y 4.000 kg, según el sembrado, de acuerdo con Manuel Iván Gómez, profesor de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (Unal).
El papel que desempeñan dichos productos no es menor, puesto que asegura la nutrición de la planta, mejorando la calidad de sus frutos y la productividad de todo un cultivo.
Es por eso que la dependencia de los 2,127 millones de toneladas (para 2024) de importaciones provenientes, en su mayoría, de Rusia conlleva riesgos como que “cualquier interrupción en la cadena de suministro internacional afecta la agricultura nacional”, apunta Gómez.
Así las cosas, vale la pena hacer un repaso por las razones que hay detrás de la dependencia de Colombia del mercado internacional. Pero también hay que darle una mirada a ciertos renglones de las industrias extractivas, que podrían suplir la producción nacional de fertilizantes y abonos. Hablamos aquí, especialmente, de elementos como el fósforo, el potasio y el calcio, así como del petróleo y el gas.
Cuando se habla de minería suele ser sobre el oro, carbón o materiales de construcción, “pero también hay elementos esenciales para los alimentos. Si podemos extraer los minerales a nivel nacional, puede haber un impacto positivo en el precio de los alimentos”, asegura Giovanni Franco, docente de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín.
¿Por qué no producimos fertilizantes en Colombia?
Los expertos consultados por este medio coinciden en que la respuesta corta es porque no es posible, ya que no se cuenta con la tecnología ni la infraestructura. “La inversión es baja y las políticas gubernamentales no son sólidas.En China, Europa y otros países tienen la tecnología y mano de obra. Las grandes compañías llevan 50 u 80 años en el mercado,” expresa Juan Pablo Ardila Rodríguez, administrador de Zona en Avgust (empresa rusa).
Si bien la mayoría de abonos vienen de Rusia, hay empresas radicadas en el país que importan los minerales por separado y hacen sus mezclas a nivel nacional. Este tipo de materias primas provienen de lugares como China, Europa, Estados Unidos, algunas partes de Suramérica y algunos productos nacionales, como carbonatos de calcio y magnesio, según Juan Pablo Pérez Vélez, líder de Desarrollo Tecnológico e Innovación de Nitrofert (compañía nacional).
Pérez agrega que la manera como la empresa minimiza los riesgos de desabastecimiento por una falla de suministro global o algún conflicto internacional es teniendo varios proveedores en diferentes países. Aunque esto no ayuda a reducir los costos en caso tal de una subida generalizada del mercado, cortesía de las conexiones y relaciones de la globalización.
Gómez, de la Universidad Nacional, también pone de ejemplo a Monómeros: aunque se ubica en suelo colombiano, depende en más del 80 % de insumos importados.
¿De dónde vienen los fertilizantes?
Los minerales son la base de los abonos y fertilizantes, esa es la clave para entender lo que le falta al país. A grandes rasgos, el promedio en Colombia del consumo de fertilizantes por hectárea es de unos siete bultos de abono, de acuerdo con los cálculos de Gómez.
En general, para garantizar una completa nutrición de las plantas, con miras a maximizar la productividad de las cosechas, son necesarios macronutrientes como nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, entre otros. Y es imposible hablar de cada uno de ellos sin pasar por otro sector económico: las industrias extractivas.
Para el caso del nitrógeno, se obtiene a partir de urea, que contiene 45 % de este elemento en su composición. Esta se obtiene del carbono y nitrógeno que hay en la atmósfera mediante un proceso en el que se rompe el enlace químico entre ambos, para lo que se requiere tecnología, infraestructura y energía proveniente del gas y el petróleo.
Sin embargo, “la política nacional limita su uso, lo que dificulta la producción local y para obtener calcio, potasio y fósforo se necesita minería”, reconoce Gómez. Es bien sabido que, aunque el agro ha sido una prioridad del Gobierno de Gustavo Petro, el sector extractivo ha recibido un tratamiento opuesto. Y aquí emerge una paradoja para las políticas nacionales: degradando la minería y la explotación de petróleo se le cierra también camino al agro, al menos desde el ángulo de fertilizantes y abonos.
El fósforo, por su parte, se obtiene de la roca fosfórica, de la que se explotaron 5.803.254 toneladas y se pagaron, COP 27.165 millones en regalías, principalmente en Huila, Norte de Santander y Boyacá, con base en los datos de 2024 de la Agencia Nacional de Minería (ANM).
Colombia también cuenta con importantes fuentes de calcio en los minerales de travertino y calizas, de las que se explotaron 1.513 millones de toneladas, que dejaron cerca de COP 192.000 millones en regalías o compensaciones para el año pasado. La actividad se desarrolló principalmente en Antioquia, Boyacá, Valle del Cauca, Santander, Norte de Santander y la Costa Caribe, según la ANM.
Finalmente, no hay tanto potasio disponible porque es más común en otras latitudes del planeta, por lo que sí o sí toca importar. No obstante, los feldespatos son un mineral que lo contiene. De éste se explotaron 14,7 millones de toneladas que representaron COP 17.413 millones en regalías durante 2024, en Norte de Santander y Tolima.
¿Qué se puede hacer para no depender de las importaciones?
Una alternativa que ha tomado impulso frente a los insumos tradicionales son los orgánicos. Este es el caso de Néstor Medina Castillo, quien cultiva bajo el modelo de agricultura tropical, que se basa en regenerar el suelo y usar bioinsumos (con microorganismos) combinados con minerales necesarios para las plantas.
Aunque él prefiere este sistema porque mejora la nutrición, calidad y sanidad del cultivo, reconoce que no sería rentable a gran escala, pues “no alcanza para abastecer grandes mercados como Bogotá o Medellín”.
Asimismo, es posible que los bioinsumos resulten más costosos que los tradicionales e implicarían menores rendimientos en los cultivos, lo que iría en contra de la economía y productividad de los agricultores, especialmente de los más pequeños. Por esto es difícil pensar que esa podría ser la única solución a las importaciones de fertilizantes y abonos.
Jorge Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), reitera que lo ideal sería tener más abastecimiento doméstico para no estar sujetos al contexto internacional ni expuestos al desabastecimiento. “En la medida en que crezca la población, en el sector se van a necesitar más insumos”, resalta.
Para lograrlo, Gómez apunta que se necesita ser competitivos, tener infraestructura física, maquinaria, energía y políticas claras que integren lo público, privado y la investigación académica. Para desarrollar la industria se requieren inversión y conocimiento especializado, principalmente proveniente del sector privado.
Así como se ha dado hasta ahora, el avance de los insumos nacionales no se dará espontáneamente. Franco asegura que lo que más ha hecho falta, en todos los gobiernos, es voluntad política porque el país cuenta con una alta probabilidad de hallar los minerales clave.
“Hay casos de empresas grandes de minerales industriales que están mirando los fosfatos de forma diferente para el tema de agroinsumos, es una línea de negocio a la que pueden aplicar. Acá tenemos maquinaria de hace 40 o 50 años para extraer los recursos”, sostiene el experto en minas.
Y añade que si el Gobierno subsidia, en parte, nueva maquinaria, se pueden optimizar los procesos para atender la alta demanda de fertilizantes. De ese modo se beneficiaría toda la economía del país. Pero “si no se hace nada, vamos a seguir con el mismo modelo de importaciones”, finaliza Franco.
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