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Tiger Woods, quizás el mejor jugador en la historia del golf, celebra este martes 50 años de una vida marcada por triunfos monumentales y caídas estrepitosas. El estadounidense ha tocado la cima más alta, pero también ha sido responsable de problemas extradeportivos que afectaron su legado.
Woods no solo dominó el golf, lo transformó. El nacido en Cypress, California, atrajo nuevas audiencias globales, renovó el perfil comercial de este deporte y desafió barreras raciales como un atleta negro en una disciplina históricamente asociada a élites blancas. Su éxito permitió que una generación más diversa soñara con brillar el green.
Su carrera figura entre las más exitosas en la historia del deporte en general. Registra 82 victorias en el PGA Tour, récord que comparte con Sam Snead, y 15 títulos de Grand Slam, los llamados Majors. Esos números, por sí solos, explican por qué su nombre es conocido incluso por los que apenas tienen una ligera noción de lo que es el golf.
Comenzó a jugar golf a los tres años. Antes de cumplir 20 ya había ganado tres Abiertos de Estados Unidos Amateur consecutivos, una hazaña inédita. Esa fue su carta de presentación al mundo. En 1996 se hizo profesional y, en apenas tres meses, conquistó dos torneos del circuito mayor.
De promesa a referente
Con apenas 21 años, Tiger ganó su primer Major con una destreza nunca antes vista. Fue el primer afroamericano en imponerse en Augusta y lo hizo pulverizando récords. Su margen de victoria fue de 12 golpes y registró una tarjeta total de 18 bajo par, la más baja entonces del Masters.
Su irrupción obligó a rediseñar numerosos campos de golf, que debieron adaptarse “a prueba del tigre” para intentar frenar su potencia devastadora. Ya no era una joven promesa, sino un contendiente destinado a marcar una época.
Entre 2000 y 2001 logró el mítico “Tiger Slam”, una gesta sin precedentes: cuatro Majors consecutivos, aunque no dentro del mismo año natural. Ganó el US Open 2000 por récord de 15 golpes, The Open 2000 en St. Andrews, el PGA Championship 2000 y el Masters 2001.
En 2008, durante el US Open, obtuvo una de sus victorias más heroicas. Derrotó a Rocco Mediate en el playoff de 19 hoyos mientras competía con una fractura por estrés y el ligamento cruzado anterior roto en la rodilla izquierda. Apenas podía caminar, pero logró su 14º Major antes de retirarse para operarse.
Su rendimiento le permitió mantenerse en la cima del ranking mundial durante más tiempo que cualquier otro golfista. Logró 683 semanas como número uno. Además, conservó el primer puesto de forma consecutiva durante 281 semanas entre 2005 y 2010.
Las manchas del tigre
Pese a que muchos seguidores lo veneran como a un dios, Tiger no estuvo exento de polémicas. Su imagen sufrió su primer gran golpe en 2009, cuando en la noche de Acción de Gracias estrelló su camioneta contra un hidrante y un árbol frente a su casa en Florida. El accidente destapó una cadena de escándalos personales.
Elin Nordegren, su entonces esposa, revisó su teléfono mientras él dormía y encontró mensajes que confirmaban infidelidades. Discutieron y Tiger, alterado y bajo los efectos de somníferos, abandonó la propiedad, perdió el control del vehículo y chocó.
Se supo entonces que el astro había tenido aventuras con decenas de mujeres. El escándalo derivó en el fin de su matrimonio con la modelo sueca Nordegren en 2010. Fue uno de los divorcios más caros y mediáticos en la historia del deporte, símbolo del derrumbe personal de un ídolo que parecía intocable.
El estadounidense se tomó un descanso indefinido del golf con la esperanza de recomponer su vida familiar, pero nunca volvió a ser el competidor dominante de la década anterior. Se estima que el acuerdo de divorcio rondó los 100 millones de dólares.
Los problemas al volante continuaron. En mayo de 2017, la policía lo halló dormido en su automóvil detenido, con el motor encendido y daños visibles. Su foto policial, con rostro hinchado y mirada perdida, inundó los medios de comunicación. No estaba bajo la influencia del alcohol pero sí de una mezcla de medicamentos para el dolor recetados tras múltiples cirugías de espalda.
Cuando parecía que su carrera no podría resurgir, completó una actuación épica en el más importante templo del golf. Tras escándalos, operaciones y un desplome en los rankings, a los 43 años ganó su quinto Masters y su 15º Major, once años después del anterior. El tigre todavía podía rugir.
Aún así, su vida de Tiger siguió marcada por los vaivenes. En 2021 sufrió otro grave accidente de tránsito en Los Ángeles, cuando volcó su auto varias veces y casi pierde la pierna derecha. Conducía cerca del doble del límite de velocidad.
De estar al borde de una amputación pasó a regresar a la competición profesional en el Masters de Augusta 2022, apenas 14 meses después de chocar. Desde entonces su carrera ha sido intermitente, con más idas que vueltas. Los constantes problemas físicos y múltiples pasos por el quirófano han sido un gran obstáculo para una carrera que se resiste a terminar.
El 2025 ha sido otro periodo de inactividad casi total para Woods debido a un nuevo calvario físico. Su última aparición en un torneo profesional fue en The Open Championship de julio de 2024, en Royal Troon, donde no logró superar el corte.
En declaraciones recientes de este mes, Tiger admitió que la rehabilitación es lenta y que todavía se siente lejos de estar en condiciones reales de competir. Aun así, mantiene su deseo de regresar en 2026. A los 50 años, el astro considera que todavía hay historia por escribir, incluso después de haberlo ganado todo. La batalla ahora es contra las limitaciones de su cuerpo.
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