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El día arrancó con uno de los peores desempeños del S&P 500 —principal índice de la Bolsa de Nueva York— desde los días más crudos de la pandemia y terminó con la ganancia más pronunciada para el índice desde octubre de 2008, en los albores de la crisis financiera de ese entonces.
El cambio: en la mitad del día, el presidente de EE. UU., Donald Trump, dio un timonazo drástico a sus políticas comerciales al poner una pausa de 90 días para los aranceles recíprocos que poco antes habían entrado en efecto para decenas de países.
En su lugar, lo que quedó fue una única tasa global del 10 %, que tiene tres excepciones notables: Canadá y México —que están cobijados bajo las reglas del tratado de libre comercio que tienen estos tres países (T-MEC)—, y China —en el otro extremo de la línea de fuego comercial—, pues para el gigante asiático no hubo rebajas sino incremento en los aranceles a los bienes que entran a EE. UU., llegando así a un astronómico 125 %. La medida llegó luego de que China anunciara sus medidas retaliatorias a los aranceles recíprocos de Trump, elevando las imposiciones tributarias para productos estadounidenses hasta 84 %.
Entonces, con este panorama en mente, bien vale la pena preguntarse: ¿hubo un cambio drástico en la guerra comercial? Sí y, a la vez, no. Vamos por partes.
Ciertamente, la pausa en los aranceles les da algo de respiro a los mercados. Aunque algunos funcionarios de la Casa Blanca salieron prontamente a decir que todo era parte de un plan maestro de Trump, lo cierto es que el mandatario echó reversa (una vez más) en su política arancelaria por cuenta de los pésimos resultados en las bolsas, que no solo cobijaron a Wall Street, sino también a plazas en Asia y Europa. Así mismo, el miércoles se registraron algunos movimientos preocupantes en los bonos de EE. UU., que típicamente son considerados un activo sólido en tiempos de turbulencia.
Pero en la medida en la que se conocía la noticia, los operadores de Wall Street estallaron en gritos de alegría, con preguntas de los corredores como: “¿es real, es en serio?”, según reportó la agencia Bloomberg.
Algunos analistas consideran que la reacción en Wall Street es apenas un respiro leve en un ambiente en el que aún reina plena incertidumbre: China provee bienes por $450.000 millones anualmente a EE. UU., por lo que los impactos en inflación y en eventual crecimiento aún siguen siendo una amenaza presente. En otras palabras, la ecuación no queda balanceada, al menos en términos macroeconómicos.
“La pausa a los países que no adopten medidas retaliatorias puede calmar un poco los mercados, pero deja sin resolver el problema, sobre todo con China”, afirma David Fernando Varela, profesor de la U. Javeriana y doctor en Relaciones Internacionales de la U. Johns Hopkins.
“El daño ya está hecho. La incertidumbre es, de por sí, un impuesto en la economía”, aseguró Diane Swonk, economista jefa de la firma consultora KPMG, en declaraciones recogidas por el diario The New York Times.
Aunque algunos analistas aseguraban que los mercados daban por descontado una parte del impacto de los aranceles recíprocos (antes de la pausa de 90 días), “es muy difícil saber qué va a ocurrir y es posible que el resultado de todo esto sea una fragmentación del comercio internacional y una destrucción de valor muy importante”, argumentó Luis Carlos Bravo, profesor de Finanzas Estratégicas de la U. de los Andes.
La incertidumbre impulsa todo tipo de volatilidades. A Colombia, en términos macro, le pegan dos: el petróleo, que cerró las negociaciones en US$65,48 por barril (un alza de 4,23 %), pero llegó a rondar los US$55 en estos días, y la tasa de cambio. Si bien proyectar el comportamiento del dólar es un asunto que bordea las ciencias ocultas, por decirlo de una forma, Bravo ve “más posible una devaluación que una revaluación del peso”. En el mercado local, la divisa cerró a la baja, en $4.320, aunque estuvo cerca de los $4.500 en cierto punto de la jornada.
Si la palabra de moda por estos días es “arancel”, otro de los términos más populares es “volatilidad”, un fenómeno que, advierten analistas, se seguirá repitiendo aún con el respiro de este miércoles.
A pesar de la pausa, lo cierto es que casi 60 países (Colombia incluido), además de la Unión Europea, seguirán siendo impactados con 10 % de arancel para sus productos en EE. UU. Esto suaviza el enorme impacto de las tasas recíprocas (que en algunos casos rondaban 50 %), pero sigue siendo una carga impositiva que lleva un gran potencial de afectar la composición de los precios y la demanda de miles de productos.
Para añadir a la mezcla de incertidumbre, lo que se espera que suceda ahora es que haya una serie de negociaciones con varios países que, como era previsible, buscan un mejor tratamiento arancelario de la principal economía del mundo.
Tormenta de aranceles: un respiro, pero los problemas de fondo siguen ahíSe trata de un prospecto con resultados poco previsibles, no solo por el amplio número de países haciendo fila para negociar, sino por la postura de la Casa Blanca sobre los aranceles: son buenos (el mercado opina drásticamente lo contrario), están bien calculados (amplio disenso entre economistas al respecto) y solucionan los déficits comerciales (que en muchos casos no son obra de competencia desleal ni tratamientos diferenciales).
Por el momento, hay algo de calma. Como dice la canción: mañana será otro día.
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