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Eduardo Mendoza, mamagallista insigne

Cuando yo era chiquito, decir mamar gallo era pecado mortal. ¡Lávese esa jeta, boquisucio!, se enfurecía mamá Julia, la mamá de mi mamá. Y yo corría a lavarme los dientes con jabón Lucero, enemigo mortal de la manteca. En cambio, mamar gallo suena hoy a clave de wifi. Lo que es la vida, según canta Felipe Pirela.

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