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Juan Guillermo, el mayor de los tres hermanos Ruiz, recuerda que hace poco, en medio de los arrumes de documentos, periódicos, libros y papeles que guardaba su papá entre bibliotecas, cajas y escritorios, se encontró con una vieja revista de Nuevo Estadio, publicación ahora extinta que fundó Javier Giraldo Neira en la década del 70 en Manizales. En una de esas páginas, bien cuidadas por supuesto —como no lo habría permitido de otra manera su padre—, un artículo escrito por don Guillermo Ruiz Bonilla estremeció al primogénito, que no pudo evitar la nostalgia al leer una de las frases con la que su papá, mucho antes de haber consagrado su labor, presagió el destino y el trabajo que desempeñaría hasta el último de sus días: “Yo voy a escribir la historia del fútbol colombiano”.
Solo con cerrar los ojos y agudizar el oído, los hijos de don Guillo todavía pueden escuchar el traqueteo de la máquina de escribir con la que su papá, en la época en la que vivían en Cali hace décadas, duraba horas y horas, hasta la madrugada, escribiendo decenas y casi cientos de páginas en una sola jornada. “Los vecinos decían que en la casa teníamos un pájaro carpintero. Y cuando llegó el primer computador a la casa, vinieron a agradecernos por haber regalado ese pajarraco que no los dejaba dormir en las noches”, recuerda Daniel Ruiz, otro de los hijos que continúa el legado de Ruiz Bonilla.
En esa época, cuando vivían en la capital del Valle del Cauca, Guillermo Ruiz era dirigente del América de Cali, como lo fue también de Millonarios, Deportivo Cali, la Dimayor y la Federación Colombiana de Fútbol, entre otras instituciones. Sin embargo, el tulueño, que de joven abandonó su profesión de psicólogo para abocarse al fútbol, ya empezaba a pensar que debía dedicarse a los libros, la estadística, la historiografía y el periodismo para consagrar ese sueño que dejó escrito en Nuevo Estadio.
A pesar de las largas ausencias de un padre que muchas veces, entregado a la pelota, peregrinaba muy lejos de casa acompañando en viajes internacionales a los equipos para los cuales trabajaba, Juan Guillermo y Daniel Ruiz recuerdan con cariño esa época. Primero, porque se la pasaban metidos en los camerinos de los equipos más impresionantes que pasaron por el fútbol colombiano en los años 80 y 90. Y, después, porque su papá, entre tanto viaje, siempre llegaba a la casa con algún regalo; un buzo, una camiseta firmada o un banderín. “Cuando jugábamos con los amigos y pedíamos jugadores, nosotros decíamos: ‘Yo quiero ser Goycochea o Batistuta’, y nos lo pedíamos porque teníamos la camiseta de esos jugadores y nos gustaba chicanearlas”, recuerda el menor de los hermanos Ruiz.
Tiempo después, no obstante, cuando su papá salió de la dirigencia deportiva, la transición al periodismo no fue sencilla. Para Daniel Ruiz, “fue una época dura, como cuando se hablaba en Millonarios de los tiempos del arroz con huevo. Teníamos una ventaja y es que como la colección de mi papá era tan grande, cuando venían a cortar el agua o la luz, pedíamos una esperita intercambiando banderines, bufandas, camisetas y demás. Eso, en algo, nos ayudaba”.
En esos tiempos de incertidumbre, antes de aterrizar en la radio y la televisión, Guillermo Ruiz tenía la certidumbre de que su sueño se iba a materializar porque no había una persona en Colombia que tuviera más clara la historia del fútbol nacional que él. Manos a la obra, los hijos se dedicaron a ayudar a su padre y en la unión de los tres se empezaron a materializar los libros de Guillermo Ruiz: más de 40 publicaciones. Daniel se enfocó en el diseño y la fotografía, que fue lo que terminó estudiando en la universidad, mientras que Juan Guillermo le aprendió el trote a su viejo en la búsqueda y minería de datos. Y fue así, en equipo, que se construyó el legado del máximo historiador del fútbol colombiano.
“La afición de mi papá por los datos empezó con la revista de El Gráfico, de Argentina. Para él, su Gráfico era sagrado. Lo coleccionó completo muchas veces. Vendía una colección y empezaba otra vez, de cero. Ahí empezó y se obsesionó con la historia del fútbol. Se sabía todo de memoria. Era un disco duro terrible. Tenía como el 70% en la cabeza y el resto en el computador”, explica Juan Guillermo Ruiz.
De hecho, desde que tiene memoria, el hijo mayor de don Guillo recuerda la obnubilación que le generaba su papá: “Crecí con eso, porque acá venían muchísimos periodistas y amigos, y se quedaban horas hablando de fútbol. Él era un computador andante y todo el que venía a la casa salía impresionado por la cantidad de cosas que tenía mi papá”.
Por ejemplo, Juan Guillermo evoca, frescas en la memoria, las conversaciones de su padre con Willington Ortiz, el jugador colombiano que más admiró en vida. “Mi papá le sacaba todos los datos a Willy. Me acuerdo de un día que le dijo: ‘¿Usted sabe que debutó tal día y contra tal equipo? Y él le respondió: ‘¿Don Guillo, pero cómo sabe todo eso?’ Mi papá apenas se reía: ‘Es que, mijo, hay que leer y hay que estudiar’”.
El gran reconocimiento a don Guillo Ruiz comenzó cuando por fin pudo llegar a los medios, sobre todo a Caracol Radio, cadena en la que se convirtió en la memoria del fútbol colombiano. “Mi papá para eso era un genio. Ahí le empezaron a decir que era la memoria del fútbol y mucha gente le decía la biblia del fútbol o el gurú del fútbol. Creo que hoy es la manera en que le hubiese gustado que lo recordaran”, asegura Juan Guillermo.
Los dos hermanos han buscado que el legado de su papá siga vivo con el videopódcast Las memorias de don Guille, que se desarrolla mediante conversaciones con los amigos que lo conocieron en vida. Además, planean concluir la obra que Guillermo Ruiz dejó inconclusa. “Si mi papá no hubiera muerto, hoy todavía tendría 20 libros por hacer”, dice Juan Guillermo, y Daniel replica: “Estamos intentando terminar los libros que dejó, pero es difícil. No es lo mismo, porque falta su lectura. Él veía los errores en los textos o en las fotos con una facilidad increíble. Hace falta el gordito para ver esas cosas”.
“La memoria de don Guille sigue viva en cada persona que tiene un libro de él en su biblioteca”, les dijo Nicolás Samper a los hijos de Ruiz en el videopódcast. Y esas palabras tocaron profundamente a Daniel. Pensar en aquel presagio que consignó en Nuevo Estadio y saber que su papá cumplió la misión: “Me encanta que la gente lo recuerde, que esté esa nostalgia de decir: ‘Ya no está Don Guillo para preguntarle un dato’. Nadie dice: ‘Si él hubiera hecho tal cosa habría sido más importante’. No, él llegó a una cima tan bonita y tan importante, que hoy lo recordamos con cariño. Nosotros somos tres hermanos de sangre, pero él, gracias al fútbol, nos dejó muchos hermanos”.
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