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El deporte es mucho más que competencia. Para muchos jóvenes, es disciplina, salud y también una ruta de escape frente a contextos marcados por la violencia. En territorios como el Cauca, donde las comunidades indígenas han resistido históricamente a las dificultades, la bicicleta se convirtió en un camino para transformar vidas, fortalecer la identidad y sembrar esperanza.
Ese espíritu acompaña hoy al Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), que decidió trasladar a las carreteras la fuerza organizativa que durante más de cinco décadas lo ha caracterizado. Lo que nació en 1971 en Toribío como un movimiento de resistencia y defensa de la autonomía indígena, hoy también tiene una expresión deportiva: un equipo de ciclismo que compite en las grandes vueltas del país y que en el Clásico RCN 2025 ya es protagonista.
CRIC: una historia de lucha que ahora sueña sobre dos ruedas
El CRIC surgió en medio de la represión de terratenientes y el despojo. Sus fundadores retomaron las enseñanzas de líderes como La Gaitana y Manuel Quintín Lame para defender la tierra y la vida. Esa organización, que desde entonces ha defendido derechos colectivos y el reconocimiento de los pueblos, encontró en el deporte un nuevo terreno para continuar su misión: abrir caminos de dignidad y futuro para las juventudes indígenas.

Hoy, esa apuesta se traduce en un equipo de ciclismo que no solo busca resultados deportivos, sino que representa una alternativa real frente a la violencia. Jóvenes que pudieron haber tomado un rumbo distinto hoy entrenan, compiten y sueñan con alcanzar podios. Cada pedalazo es también un acto pedagógico: una manera de mostrar que la disciplina y la comunidad son motores poderosos.
La visión del entrenador Jimmy Morales
El equipo está bajo la guía de Jimmy Morales, exciclista profesional que llevó su talento a Europa y ahora pone esa experiencia al servicio del CRIC Nacional. Para él, el ciclismo es más que un deporte: es una salida frente a la violencia que azota al Cauca y una alternativa real para los jóvenes.
Morales explica que el proyecto nació después de los Juegos Ancestrales e Interculturales, cuando vieron la necesidad de ofrecer un horizonte diferente a muchachos que crecían en medio de la presión de grupos armados. “Pensamos que en vez de coger un arma podían coger una bicicleta”, dice, convencido de que la pedagogía del deporte puede ser tan transformadora como la política o la educación formal.
La respuesta de las comunidades ha sido inmediata. Morales cuenta que desde el inicio hubo entusiasmo, porque el ciclismo ya estaba presente en la vida de muchos territorios: “siempre ha habido compañeros que intentaron correr a nivel nacional, algunos con apoyo, otros por cuenta propia. Pero esta vez había que hacerlo distinto, con organización, con visión de futuro”. Su experiencia de tres años compitiendo en Europa le dio la claridad de cómo estructurar un equipo serio: logística, entrenamientos, alimentación, acompañamiento. “Tratamos de mostrar algo parecido a lo que vi en España. Esa organización nos ha hecho figurar bastante”, afirma.
En el Clásico RCN 2025 el resultado se nota. Esa solidez, explica el entrenador, es producto de meses de preparación, de madrugones, de disciplina. Y también de un compromiso colectivo: “los recursos que usamos vienen de la lucha que han dado nuestros mayores, de años de resistencia. Lo que hacemos hoy es posible porque antes otros se sacrificaron. Por eso nuestro lema es claro: pedaleando por la paz”.
Morales sueña con que esta experiencia se multiplique: que otros pueblos indígenas en Colombia se animen a conformar equipos y a utilizar el deporte como herramienta de vida. “No se trata solo de darles una bicicleta o un uniforme, se trata de acompañarlos, de motivarlos y de mostrarles que con esfuerzo y constancia se puede llegar lejos. El CRIC lo está demostrando”, asegura.
La figura: Leison Maca, líder en dos frentes
El nombre propio de esta edición es Leison Maca, que ha sabido convertir cada meta volante y cada esprint en una oportunidad de brillar. Es el actual líder de ambas clasificaciones y, aunque todavía sueña con ganar una etapa, se muestra satisfecho con el desempeño: “lo importante es que seguimos ampliando la diferencia”.

Su actuación no solo refleja su talento individual, sino también el crecimiento colectivo del equipo. Maca reconoce que en la Vuelta a Colombia 2025 apenas lograron terminar con tres corredores, pero ahora la historia es distinta: todos están más fuertes, con más experiencia y con la confianza de que pueden competir al más alto nivel. “El Consejo Regional Indígena nos respalda y eso nos da tranquilidad. Ya confirmaron que el próximo año van a seguir apoyando el proyecto. Eso nos motiva a dar mucho más”, señala.
Ser la figura del grupo le ha dado un rol adicional: convertirse en guía para los más jóvenes. “Es bonito ser el hombre de experiencia. Cumplo un sueño al correr con un equipo del Cauca y, al mismo tiempo, inspiro a los muchachos que empiezan. Representamos nuestras raíces, nuestras costumbres, y mostramos otra cara del departamento”. Esa identidad es la que Maca lleva sobre la bicicleta: una camiseta que no solo tiene los colores del CRIC, sino el peso de 11 pueblos indígenas y 160 autoridades que ven en él un embajador.
El corredor insiste en que esto no es solo un proyecto de élite, sino un proceso que debe crecer en todas las categorías. Por eso, junto con Morales, planean la creación de equipos juveniles, prejuveniles y femeninos. “Queremos que las niñas también tengan la oportunidad, que los talentos crezcan y que algún día un indígena pueda dar el salto a Europa. Esa es la gran meta”.
Más allá del asfalto, Maca entiende el significado social de lo que están haciendo: “En el Cauca muchos jóvenes están expuestos al narcotráfico y a la violencia. Este proyecto les muestra que hay otro camino. El deporte puede salvar vidas y alejarlas de las armas”. Sus palabras son sencillas, pero cargadas de realidad: el ciclismo no es solo una carrera, es un salvavidas.
Más que ciclismo, un símbolo de resistencia
El CRIC ha logrado trasladar a las carreteras la fuerza organizativa que ha defendido por más de cinco décadas. Hoy sus corredores no compiten solos: llevan consigo las voces de sus comunidades, el respaldo de 160 autoridades indígenas y la memoria de quienes lucharon antes.
Cada ataque de Leison Maca en las metas volantes, cada esfuerzo del pelotón indígena para mantenerse unido en la montaña, es la demostración de que el Cauca no solo es territorio de conflicto, sino también de sueños y de disciplina.
Porque al final, lo que está en juego no son solo posiciones en la clasificación. Es la posibilidad de mostrar que un pueblo entero puede reinventarse sobre dos ruedas. En las piernas de Leison Maca, en la estrategia de Jimmy Morales y en la fuerza colectiva del equipo, el Cauca indígena pedalea por su lugar en el futuro. Y lo hace con una consigna que vibra en cada curva: correr por la vida, correr por la paz.
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