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Será una reunión sin precedentes: este martes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asistirá a un gran encuentro con cerca de 800 altos generales y almirantes junto con el secretario de Defensa (ahora de Guerra), Pete Hegseth. La convocatoria tomó por sorpresa a muchos, incluidos los comandantes destacados en Egipto, Japón y Puerto Rico, quienes tuvieron que abandonar sus puestos de forma repentina.
Entre algunos analistas persisten las expectativas sobre lo que realmente se discutirá: si habrá decisiones frente a conflictos internacionales como Ucrania y Palestina, o si el foco estará en la creciente militarización de ciudades como Washington, Los Ángeles y, más recientemente, Oregón. Sin embargo, según el Gobierno, la reunión, que tendrá lugar en Virginia, se trata de un “encuentro motivacional” para los altos mandos militares estadounidenses.
“El presidente busca enviar un mensaje de unidad entre la élite militar estadounidense y la administración en curso. En otras palabras, se trata de mostrar no solo cohesión, sino también articulación: que tanto la parte política como la militar de Estados Unidos comparten la misma visión sobre los desafíos de seguridad y defensa nacional”, aseguró Cesar Niño, profesor titular de Relaciones Internacionales, Universidad Militar Nueva Granada.
Las relaciones entre la administración Trump y su milicia parecen cada vez más tensas. El presidente justifica la militarización de las ciudades como una estrategia contra el “crimen organizado”, pero en la práctica 2.000 efectivos recorren Washington en zonas turísticas de baja criminalidad, recogiendo basura o posando para fotos con visitantes.
En esa misma línea, el general Randy Manner, exjefe interino de la Oficina de la Guardia Nacional, declaró a La Razón que la decisión es “completamente política” y pretende “normalizar la presencia de soldados armados patrullando las calles de Estados Unidos”.
“Los militares están preparados para amenazas externas, pero al involucrarlos en asuntos internos se corre el riesgo de desdibujar el rol policial y generar problemas, incluso en materia de derechos humanos”, aseguró Niño.
Ahora bien, aunque Trump presumió de su poder militar, la semana pasada, en su discurso ante la Asamblea General de la ONU, la realidad es distinta, en marzo de 2025 su gobierno eliminó cerca de 80.000 puestos en el Departamento de Asuntos de los Veteranos. A esto se suman los recortes federales que golpean directamente a los veteranos, quienes representan el 30 % de la fuerza laboral del Estado, según Los Angeles Times.
Los recortes de 2025 ya afectan la línea de crisis de suicidio “988” para veteranos, y la reducción prevista de 30.000 empleados podría agravar el problema. Esto es especialmente preocupante porque los veteranos mayores de 50 años concentran hasta el 65 % de los suicidios y, en general, tienen un 21 % más de riesgo que los civiles, según RAND.
En este contexto, la reunión que se tendría el martes con altos mandos militares podría verse como una forma de manejar las relaciones públicas con el ejército. Para el profesor Niño, lo que Trump busca es mostrar a los militares como un “brazo estratégico” de su administración y, al mismo tiempo, desea enviar el mensaje de que ellos vigilan y controlan el “status quo” del país.
“Creo que este es, sobre todo, un asunto ligado a una narrativa de disuasión interna en Estados Unidos, frente a las múltiples formas que la administración Trump percibe como un problema y una amenaza para la seguridad nacional”, añadió Niño.
Si bien esta reunión es inusual, responde a las decisiones poco tradicionales que ha tomado Hegseth desde que asumió el cargo. En mayo de este año recibió críticas por ordenar que el ejército redujera el 20 % de sus oficiales generales de cuatro estrellas. También pidió un recorte del 10 % de todos los oficiales generales y exigió que se eliminara el 20 % de sus puestos más altos.
Desde febrero se han reportado una serie de despidos sin explicación. El secretario destituyó a dos de los más altos oficiales: la almirante Franchetti, de la Armada, y el general James Slife, segundo al mando en la Fuerza Aérea. También fue apartado el exteniente general Jeffrey Kruse, cuya evaluación sobre los ataques de EE. UU. a instalaciones nucleares iraníes enfureció a Trump.
A pesar de estas tajantes decisiones, Hegseth enfatizó la importancia de esta reunión para motivar a las fuerzas armadas y para esbozar una nueva visión para estas. Se prevé que aborde nuevos criterios de preparación, condición física y presentación personal, que los oficiales deberán cumplir y hacer cumplir.
Finalmente, esta reunión también tiene como objetivo describir la reinvención del Departamento de Defensa como “Departamento de Guerra”, nombre que aún no ha sido legalmente cambiado, pero que es utilizado de esta manera por la administración. En últimas, esta misteriosa convocatoria deja muchas preguntas sobre las temáticas que se tratarán y sobre lo que significa en cuanto a las relaciones de la administración con sus militares.
“Lo importante aquí es entender que el antiguo Departamento de Defensa—hoy Departamento de Guerra— está empezando a considerar que los problemas de orden interno y de seguridad nacional pueden tener un origen externo. De ahí surge la necesidad de involucrar a los militares en estas dimensiones», concluyó Niño.
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