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La audaz apuesta del presidente Javier Milei para situar al país en la senda del crecimiento aún no ha redituado, pero millones de personas resienten sus recortes al gasto.
Durante la mayor parte de 20 meses, el presidente de Argentina, Javier Milei, surfeó una gran ola de optimismo, ya que parecía estar a punto de concretar un milagro económico.
Con remedios financieros estrictos, Milei, autoproclamado libertario radical, puso a raya la inflación descontrolada y recortó drásticamente un presupuesto abotargado. E incluso cuando sus dolorosos arreglos dificultaban la vida para millones de personas, su popularidad se mantenía por la esperanza de que por fin tuviera éxito donde sus predecesores habían tropezado: sacar a Argentina de una crisis crónica.
Sin embargo, en las últimas semanas, Milei se encontró ante un colapso económico tan grave —los inversores habían empezado a vender la moneda argentina, el peso, y a deshacerse de los activos argentinos— que el pánico creció ante un posible impago de los enormes préstamos internacionales del país. Esto llevó al presidente Donald Trump a lanzarle un salvavidas a su aliado sudamericano ofreciéndole un rescate de 20.000 millones de dólares.
Al intervenir, el Tesoro estadounidense dijo que estaba dispuesto a hacer “lo necesario” para impedir que los mercados desviaran el programa de Milei. “El presidente Milei está restableciendo la estabilidad económica tras décadas de mala gestión argentina”, dijo el secretario del Tesoro, Scott Bessent.
La extraordinaria muestra de apoyo estadounidense ha calmado, al menos por ahora, el nerviosismo de los mercados y ha devuelto la fe en el experimento económico de Milei. La ayuda económica también puede resultar clave para la suerte política de Milei, ya que las elecciones legislativas del mes próximo se perfilan como la primera gran prueba electoral de su política económica.
La crisis actual de Argentina ha puesto de relieve los retos que plantea la resolución de sus prolongados problemas económicos, resultado de décadas de gasto desenfrenado y mala gestión gubernamental. Y es indicio de que las soluciones que ofrece Milei pueden estar poniendo a prueba la paciencia de los argentinos de a pie, ya que su reparto económico recorta los salarios y eleva el costo de vida.
Milei fue elegido en 2023 con la promesa audaz de pasarle la motosierra al gasto público y transformar la economía argentina. Ha avanzado notablemente hacia algunos de sus objetivos.
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La inflación mensual, que era del 12,8 % antes de que Milei asumiera el cargo, ha caído por debajo del 2 % en los últimos meses. Al despedir a decenas de miles de funcionarios y recortar el gasto en distintos ámbitos, como la asistencia social y la investigación, ha reducido la burocracia y equilibrado el presupuesto por primera vez en más de una década.
“Ha hecho más bien de lo que muchos esperaban”, dijo Alejandro Werner, exfuncionario del Fondo Monetario Internacional. “Quizá yo elegiría hacerlo de otra manera. Pero, a veces, para cambiar las cosas, necesitas a alguien que sea un poco fanático para mover realmente la aguja. Y él lo ha hecho”.
Sin embargo, la audaz apuesta de Milei de situar a Argentina en la senda del crecimiento con sus políticas aún no ha dado sus frutos, mientras que el dolor de sus recortes del gasto ya se ha hecho sentir en millones de personas.
Con la acumulación de las pérdidas de empleo y el enfriamiento del gasto de los consumidores, la economía argentina se ha ralentizado en los últimos meses, lo que ha avivado el temor a una recesión. Casi un tercio de los argentinos vive en la pobreza, ya que los recortes en las subvenciones al transporte, los comedores sociales y los medicamentos han hecho más difícil llegar a fin de mes.
Y, según los economistas, en un esfuerzo por abordar rápidamente la inflación y el gasto excesivo de Argentina, Milei ha dado pasos en falso que han amenazado con descarrilar sus planes.
Una de las piedras angulares de su programa ha sido la eliminación de las muletas del gobierno que durante años apuntalaron la moneda argentina, el peso. Milei se apresuró a hacerlo desde el principio recortando el valor del peso y, más tarde, introduciendo políticas destinadas a alinearlo con los mercados de divisas.
Pero Milei, según los expertos, no ha conseguido acumular suficientes reservas de divisas, necesarias para que el banco central de Argentina defienda y estabilice el valor del peso durante los ataques de pánico, como el que ha azotado a la moneda este mes.
El banco central de Argentina ha intervenido y vendido sus escasas reservas para evitar un desplome del peso en las últimas semanas, lo que ha desatado temores de que el país tuviera dificultades para cumplir con el pago de sus préstamos internacionales. El país tiene un largo historial de impagos.
La credibilidad política de Milei también se ha visto afectada por los escándalos de corrupción que han salpicado a su hermana, Karina Milei, a quien se le considera su asesora más poderosa. El partido de Milei sufrió una sorprendente derrota en unas elecciones provinciales clave celebradas este mes. Un Congreso desafiante también se ha opuesto a sus planes presupuestarios.
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El poder político de Milei podría estar menguando, según los expertos, y es posible que tenga dificultades para conseguir más apoyos en las elecciones legislativas del mes que viene. Su partido necesita un buen resultado para que pueda llevar adelante sus planes de introducir más cambios y recortar el gasto.
También hay indicios de que los argentinos de a pie están cada vez más frustrados con el enfoque económico de Milei. Miles de personas han salido a la calle para protestar por los recortes del gasto, y una encuesta realizada este mes mostró que aproximadamente el 54 % de los argentinos desaprueban su liderazgo, frente al 44 % de junio, según el sondeo de AtlasIntel.
“La austeridad es difícil de digerir”, dijo Andrei Roman, director ejecutivo de AtlasIntel. “Y llega un momento en que la gente se cansa de esperar, se siente empobrecida y quiere salir de ella”.
Cuando fue elegido, Milei culpó de los problemas económicos de Argentina a los políticos corruptos que habían gastado imprudentemente durante décadas, advirtiendo que lo más probable era que las cosas empeoraran antes de empezar a mejorar. Aunque en un principio sus promesas atrajeron a los argentinos deseosos de cambio, ahora muchos parecen estar dudando.
Para Leonardo Gabriel Ramírez, de 27 años y empleado de una licorería de Buenos Aires, las políticas de Milei no han sido del todo malas, pero su costo ha recaído directamente sobre los pobres. “Mi abuela no puede pagar su medicación”, dijo. “Solo apoyan a los que más tienen”.
La insólita decisión de Trump de acudir al rescate de Argentina, a pesar de sus promesas de anteponer los intereses estadounidenses, profundiza el vínculo entre el presidente estadounidense y su aliado sudamericano más entusiasta.
Milei se ha deshecho en halagos hacia Trump, ha imitado sus ataques a los “izquierdistas woke” y ha seguido su ejemplo en política exterior, incluso cuando eso ha causado resquemores. Como primer líder mundial que visitó a Trump tras las elecciones estadounidenses, bailó en Mar-a-Lago y le dijo a la multitud: “Hoy, el mundo es un lugar mucho mejor”.
Trump, a su vez, ha llamado a Milei su “presidente favorito”, elogiándolo por tratar de “Hacer a Argentina grandiosa de nuevo”.
La ayuda estadounidense llega en un momento en que Estados Unidos compite con China por influencia en Latinoamérica al tiempo que busca lugares donde adquirir minerales estratégicos —como el litio, abundante en Argentina— que son necesarios para una transición energética ecológica.
Al mismo tiempo, el favor de Trump podría acarrear sus propios costos políticos para Milei. Muchos argentinos siguen desconfiando profundamente de Estados Unidos tras décadas de intromisión estadounidense en América Latina.
Por ahora, el plan de rescate estadounidense le ha permitido a Milei ganar algo de tiempo. Sin embargo, “ningún arsenal estadounidense será suficiente” si Milei no corrige el rumbo con la vista puesta en la estabilidad económica a largo plazo, dijo Werner, del FMI. “Este paquete financiero tiene que estar vinculado a cambios en las políticas”.
*Lucía Cholakian Herrera colaboró con la reportería desde Buenos Aires.
*Ana Ionova es una colaboradora del Times que vive en Río de Janeiro y cubre Brasil y países vecinos.
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