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Diez semanas antes de que por primera vez un ser humano viajara al espacio, Ham, un chimpancé nacido en Camerún, en julio de 1957, despegó a bordo de la nave Mercury Redstone y durante 16 minutos recorrió la órbita de la Tierra y se convirtió, junto con la perrita Laika, en uno de los primeros animales en el mundo en realizar esta hazaña.
Antes de partir esa mañana del 31 de enero de 1961, Ham fue entrenado durante varios meses en un laboratorio, en donde aprendió a activar palancas para recibir plátanos o evitar descargas eléctricas, y luego trasladado a la base de la fuerza aérea de Holloman en Nuevo México (Estados Unidos). La Nasa había previsto que la nave en la que viajaba Ham alcanzara una altitud de 185 km y una velocidad de 7.081 km/h, y que el chimpancé experimentara, de los 16 minutos que duró el viaje, 6,6 minutos de ingravidez. Sin embargo, algunas fallas técnicas obligaron a la nave a elevarse más alto y a desplazarse a una mayor velocidad, lo cual, según reportes de la Nasa, afectó levemente la salud del chimpancé, que regresó cansado y deshidratado.
Dos años después de haber protagonizado este periplo espacial, Ham fue trasladado al zoológico de Washington y luego al Parque Zoológico de Carolina del Norte, en Asheboro, en donde falleció al cumplir los 26 años de edad. El Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos se quedó con su esqueleto para realizarle estudios, pero hoy en día sus huesos forman parte de la colección del Museo Nacional de Salud y Medicina, en Washington.
La relevancia que tuvo Ham para la Nasa y sus primeras exploraciones espaciales (fue a partir de la travesía de animales como él y Laika que se corrigieron imperfectos de las naves, los itinerarios y procedimientos con el fin de garantizar el éxito de los viajes tripulados por el hombre), le permitió obtener un lugar en el Paseo Espacial Internacional de la Fama, en Almagordo, Nuevo México.