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¿A quién le pertenecen los embriones congelados?

A propósito de la demanda que interpuso el exnovio de la actriz Sofía Vergara sobre el uso de embriones que habían sido congelados hace unos años, el portal The New Yorker presentó un caso en el que por más de cuatro años una pareja de Chicago se enfrentó por el uso de sus embriones congelados.

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Carla Dunston había estado saliendo con Jacob Szafranski durante cinco meses cuando ella recibió la noticia de que tenía linfoma de Hodgkin (un tipo de cáncer en el tejido linfático). Un oncólogo le dijo que la quimioterapia podría dejarla estéril. Así que ella, que era médica de urgencias, decidió retrasar el tratamiento el mayor tiempo posible para tomar ciertas precauciones. Llamó a Szafranski, su novio y quien es enfermero, paramédico y bombero, y le preguntó si podía proporcionarle esperma para congelar embriones. Él estuvo de acuerdo. Fueron a un laboratorio de la Universidad Northwestern, firmaron un formulario de consentimiento informado y comenzaron el procedimiento. Unos diez días después, recogieron los óvulos de Dunston. Pero ella no produjo muchos, sólo ocho. El plan original era fertilizar la mitad y congelar la otra mitad, pero el médico argumentó que esto sería arriesgado. Entonces decidieron fertilizar los ocho. Y al día siguiente Dunston comenzó la quimioterapia.

El destino de estos preembriones congelados (el término técnico para un embrión que aún no se ha implantado) es actualmente objeto de una demanda que lleva cuatro años en proceso en Chicago (Estados Unidos). En mayo de 2010, mientras que Dunston iba por su segunda ronda de quimioterapia, ella y Szafranski terminaron su relación. El 22 de agosto de 2011, después de más de un año de correspondencia por correo electrónico acerca de lo que le pasaría con los preembriones, Szafranski presentó una denuncia solicitando que no fueran usados. El caso se encuentra actualmente en apelación, pero una decisión inminente podría hacer que este caso llegara a la Corte Suprema de Illinois.

El caso se centra en qué tipo de contrato existió entre Dunston y Szafranski. Si el formulario que firmaron en la Universidad de Northwestern era un contrato o si la conversación en la que él aceptó era un contrato verbal. La tecnología para congelar preembriones ha existido desde principios de los años ochenta. En 1984, nació el primer bebé de un embrión congelado. Las estimaciones actuales consideran que hay más de seiscientos mil – algunos dicen que más de un millón- de preembriones congelados en los Estados Unidos, y una de las muchas preguntas relacionadas con la evolución de la tecnología de reproducción es qué hacer con ellos. ¿Qué sucede cuando las parejas se separan? Los preembriones congelados no son niños, ¿pero cómo saber de quién son propiedad? ¿Quién decide lo que pasa con ellos?

Inicialmente, Szafranski y Dunston no tenían ninguna de esas preocupaciones. Ambos parecían seguros de que la decisión que estaban tomando era la correcta. Habían sido amigos durante casi diez años. Cuando el médico mencionó la posibilidad de donantes de esperma anónimos, Dunston decidió que fuera su novio. «Pensé que era una persona maravillosa, por la que tenía un gran respeto, yo lo admiraba como persona», manifestó ella.
Incluso en las semanas posteriores a la ruptura, ambos parecían seguros de su elección. Un mes más tarde, Szafranski escribió un correo a Dunston, “Si quieres tener un hijo en el futuro y crees que yo podría ser de ayuda, lo haría de nuevo”. También le dijo, que no quisiera que los embriones se implantaran, pero que definitivamente lo que pasara con ellos era decisión de ella.

Las cosas cambiaron, sin embargo, meses después. Szafranski reanudó su relación con una mujer con la que había salido antes de Dunston. Pero la relación terminó de nuevo, esta vez, dijo, debido a los preembriones. En el testimonio que le dio al Tribunal dijo que no quería ser padre en contra de su voluntad. Agregó también que le preocupaba que la gente pensara mal de él por tener un hijo en cuya vida no estaría involucrado. En la Corte ella ha explicado que puede ser financiera y legalmente responsable de un niño. Entretanto Dunston quedó embarazada con un embrión donado (con un óvulo y esperma de otras personas) pero sigue insistiendo en que desea tener un niño con el que esté relacionada genéticamente.

Este es el primer caso sobre preembriones congelados en Illinois, pero estas disputas han estado ocurriendo por décadas, y las leyes que los rigen varían según el estado. Algunos, como Tennessee, adoptan un enfoque de balanza de intereses. Una sentencia en 1992 argumentó que, en ausencia de un acuerdo previo sobre la disposición de los preembriones, la parte que desea evitar la procreación debe prevalecer si la otra parte tenía una opción alternativa razonable para convertirse en padre. El tribunal ordenó que los preembriones de esa pareja fueran desechados, decisión favorable para el exmarido que no quiso ser padre. Después del caso de Tennessee, hubo un movimiento en todo el país para tratar de anticipar estas disputas, según Alta Charo, profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Wisconsin, muchos estados, como Nueva York y Texas, comenzaron a optar por la ejecución contractual. En 1998 una disputa entre una pareja que se divorció, se resolvió con el contrato que habían firmado con la clínica. Por su parte Iowa requiere consentimiento mutuo antes de eliminar o utilizar los embriones. Después de una disputa de divorcio en el 2000, la Corte Suprema de Massachusetts dictaminó: «Como cuestión de política pública, se concluye que la procreación forzada no es un área susceptible de ejecución judicial.»

En Illinois hasta ahora se utiliza un enfoque híbrido. En la más reciente decisión en el caso Szafranski – Dunston, la jueza argumentó que la decisión se debe basar en un contrato, pero que si no hay contrato, se debe utilizar un equilibrio de intereses. La sala argumentó que la conversación telefónica entre Dunston y Szafranski antes de la fertilización de los embriones era un contrato verbal. También, que si se consideraba el equilibrio de intereses, prevalecía el de Dunston porque no podía tener un hijo genéticamente relacionado por cualquier otro medio. «La Corte considera que el deseo de Carla de tener un hijo biológico frente a la imposibilidad de tener uno sin el uso de los embriones, supera los problemas de privacidad de Jacob”.

Científicamente y legalmente un embrión congelado no es lo mismo que un niño vivo. Sin embargo, incluso si los embriones en discusión no son personas, debe haber una forma clara de tomar la decisión cuando los futuros padres se enfrentan como en este caso. Además, con el tiempo serán cada vez más frecuentes. Esta situación ha ganado popularidad en las últimas semanas cuando se conoció que la actriz Sofía Vergara había sido demandada por su expareja sobre la propiedad de los preembriones que congelaron ambos, años atrás. La ley se tendrá que poner al día sobre las implicaciones de estos casos para tomar decisiones definitivas y generales.

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