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Adiós a los mártires de la libertad

En la ceremonia también participaron los familiares de los uniformados que siguen en poder de la guerrilla. Iglesia llamó a los insurgentes a dialogar. El Gobierno cierra la puerta para que desmovilizados participen en política.

Laura Ardila Arrieta
29 de noviembre de 2011 – 10:27 p. m.

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Doce, trece y catorce años después de estar muriendo a cuentagotas, amarrados como animales a los árboles en lo más espeso de la selva, el intendente de la Policía Álvaro Moreno (secuestrado por las Farc en 1999), el coronel de la Policía Édgar Yesid Duarte (secuestrado por las Farc en 1998), el mayor de la Policía Elkin Hernández (secuestrado por las Farc en 1998) y el sargento del Ejército José Libio Martínez (secuestrado por las Farc en 1997) fueron velados ayer en la Catedral Primada de Bogotá frente a familiares, amigos y las más importantes autoridades del país, en el último capítulo de una larga agonía padecida a la sombra de los fusiles de la guerrilla.

Las Farc los fusilaron el sábado pasado en algún rincón del Caquetá, por la espalda, con tiros de gracia (ver nota anexa, luego de que el Ejército intentara aproximarse al campamento donde los tenían.

Ayer en la misa todo el mundo los lloró. Sus seres queridos llegaron con fotos y sus últimos objetos personales en las manos, la Guardia Presidencial les rindió honores y entonó una sentida marcha para ellos y la iglesia se llenó de un dulce olor a incienso. Entraron sus compañeros de la Fuerza Pública, las familias, los periodistas, el presidente, los ministros, la fiscal general y la alcaldesa de la capital. Entraron expresidentes y altos funcionarios de todo tipo. Y exsecuestrados. Entró la cúpula militar. Y después entraron ellos, en cuatro ataúdes forrados con banderas de Colombia.

Y mientras en la Plaza de Bolívar, en donde se ubica la Catedral Primada, se respiraba tristeza, corrió la noticia de un comunicado de las Farc, que responsabilizó al Gobierno de esas muertes y aseguró que estaba a punto de liberar unilateralmente a los cuatro secuestrados.

Como respuesta, Héctor Gutiérrez, el monseñor católico que ofició la ceremonia, dijo en voz muy alta: “Queridos guerrilleros, esto no fue lo que nos enseñaron nuestros padres, cuando salían a trabajar con el azadón… Queridos guerrilleros, por ahí no llegamos a la paz ni la concordia… Estamos esperando a los secuestrados y los estamos esperando a ustedes, porque en Colombia hay café para todos”.

Y también respondió el ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, quien advirtió que los desmovilizados no participarán en política. “Definitivamente se cierra la puerta” en el trámite del marco legal para la paz, que entra a tercer debate en el Congreso.

A la salida de la eucaristía, don Silvio y doña Magdalena, padres del mayor Hernández, se encontraron con Claudia Rugeles, esposa del exsecuestrado Alan Jara. Se abrazaron y lloraron. “Tanto sufrimiento y no fuimos capaces de arrancárselos”, decía el viejo. Minutos antes, el cura había dicho: “Édgar, Elkin, José Libio y Álvaro, podéis ir en paz y rogar por nosotros”.

‘Fue a quemarropa’

Al coronel Édgar Duarte Valero, al mayor Elkin Hernández Rivas, al intendente jefe Álvaro Moreno y al sargento José Libio Martínez los mataron por la espalda, a quemarropa y a sangre fría. Esa es la conclusión del dictamen de Medicina Legal, divulgado ayer, tras la inspección que 20 especialistas les hicieron a cuerpos de los uniformados fusilados en cautiverio por el frente 63 de las Farc.

“Todos fueron impactados por proyectiles de alta velocidad a una distancia menor de metro y medio. Se presentaron lesiones de arma de fuego en cráneo y tórax”, dijo Carlos Valdés, director de la entidad, quien agregó que en la escena del crimen no hubo fuego cruzado.

Según el dictamen, al mayor Duarte lo asesinaron en su cambuche; el mayor Hernández parece que intentó huir y le dispararon por la espalda, y el intendente Moreno y el sargento Martínez intentaron esconderse en una mata de monte, donde los guerrilleros los asesinaron.

Laura Ardila Arrieta

Por Laura Ardila Arrieta

Periodista Caribe con un gusto especial por la crónica y los reportajes sobre el poder. Autora del libro ‘La Costa Nostra’, historia no autorizada del clan Char. Ha ganado cinco premios nacionales de periodismo, incluyendo el Simón Bolívar en la categoría Periodista del año en dos ocasiones.

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