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El presidente de México, Felipe Calderón, acude a la Cumbre de Madrid de la Unión Europea-América Latina, que se iniciará este martes (ver recuadro), con los deberes hechos, al menos en lo que a los dineros se refiere. Tras la grave recaída del año pasado, la economía se ha enderezado con rapidez (para 2010 se espera un crecimiento del 4,5%) y en cuatro meses se han creado 382.000 empleos netos.
Sin embargo, el narcotráfico y la oleada de violencia que lo acompaña continúa siendo el problema más grave que afronta la sociedad mexicana, que este fin de semana vivió la desaparición del ex candidato a la Presidencia Diego Fernández de Cevallos. La camioneta en la que se movilizaba fue hallada con rastros de sangre y signos de violencia, en un punto cercano a su hacienda en el municipio de Querétaro. El presidente Calderón sólo pudo afirmar que “los indicios están siendo investigados con meticulosidad”.
A poco menos de dos años de que termine su mandato, Calderón aspira a contrarrestar el poder que en su opinión el crimen organizado ha ganado por no haber sido tratado a tiempo.
Al llegar ayer a España dijo, en declaraciones a medios de comunicación locales, que su país “ha actuado a tiempo” para evitar una escalada de violencia y rechazó que el problema sea comparable al que sufrió Colombia, donde según el mandatario, “el crimen organizado tuvo dominio y control de más de un tercio del territorio y asesinó a candidatos presidenciales. Esto no ha ocurrido en México” .
Una ciudad como Monterrey, trabajadora, industrial y desarrollada, enfrenta el poder creciente de los narcotraficantes. ¿Cómo explica que el narcotráfico tenga esa presencia en una gran ciudad con tanta presencia militar?
Déjenme enfatizar que más que el narcotráfico, en sí mismo, nuestra principal tarea es acabar con el crimen organizado como tal, que abarca más que el tráfico de drogas. A través de la amenaza y la violencia el crimen organizado pretende apoderarse de las rentas de las personas y de las empresas de toda una comunidad, sean lícitas o ilícitas. Es un fenómeno de fuerza. La única que le es oponible es la fuerza del Estado, incluyendo a las Fuerzas Armadas. Por esa razón nosotros enfrentamos ese problema con el ejército.
¿Cómo se degrada la presencia del Estado en una ciudad industrial como Monterrey?
Lo ocurrido en Monterrey obedece, entre otras cosas, a la incapacidad de las policías locales para enfrentar situaciones criminales, ya sea por corrupción, por intimidación o por ineficacia. Eso obliga al propio estado de Nuevo León, como a otros que tienen ese tipo de problemas, a reconstruir su policía, a poner en los mandos a gente confiable, verificable, a dotarles de mejor equipo, mayor entrenamiento. Estamos interviniendo con el ejército y la policía federal.
¿El narcotráfico es un problema irresoluble o el Estado está avanzando en esta lucha?
Estoy convencido de que si se hubiera enfrentado antes al crimen organizado, cuando el problema empezó a surgir, ya lo hubiéramos resuelto. Pero se dejó crecer por un falso concepto de tolerancia, de arreglos implícitos, como han sugerido algunos asesores del ex presidente Vicente Fox. Se apoderaron de una parte de la estructura social, e incluso institucional.
¿Las autoridades locales responden con eficacia al desafío del crimen organizado?
Con el esfuerzo que estamos realizando se busca mejorar la capacidad de respuesta de las autoridades locales. La violencia en México empezó a crecer en las ciudades, no sólo por la disputa por el control territorial. En 2004 aparecieron los primeros casos de cuerpos decapitados. También coincide con la desaparición en Estados Unidos de la llamada Assault Weapons Ban, la prohibición de venta de armas de asalto.
¿Qué repercusión tuvo la derogación de esa ley?
Desde ese momento ha crecido el poder bélico de los carteles. Hemos decomisado en tres años unas 75.000 armas, de las cuales más de 40.000 son rifles de asalto. También nos hemos incautado de unas cinco mil granadas, ocho millones de cartuchos y lanzamisiles.
¿Cómo hay que valorar el alto número de muertos —más de 23.000— que se ha registrado en la guerra contra el narcotráfico?
Esta guerra requiere perseverancia, fuerza e insistencia. No se puede medir el éxito o el fracaso teniendo en cuenta tan sólo el número de muertes, que refleja la intensidad del problema.
El recurrir al ejército no causa en la opinión pública la sensación de que la situación mejora. ¿Se está quemando en esta lucha una institución tan respetada?
El ejército es el recurso más importante del Estado para resolver el problema más importante. La participación de las Fuerzas Armadas obedece a que hay un riesgo a la seguridad interior. La clave es delimitar bien el campo legal de competencia de la acción de las Fuerzas Armadas, el ser muy escrupulosos en la observancia y protección de los derechos humanos.
Cambiando de tema. La presencia inicial del presidente de Honduras, Porfirio Lobo, estuvo a punto de echar al traste la Cumbre de la Unión Europea con América Latina de hoy. ¿Cuál es la postura de México?
Honduras vivió en junio pasado un golpe de Estado. La actitud de todos los países democráticos debe ser de rechazo. Es una cuestión de principios. No obstante, la situación de Honduras deberá regularizarse y para ello el gobierno hondureño debe hacer el mayor esfuerzo. En la medida en que el gobierno de Honduras dé pasos hacia la normalidad democrática, nosotros los daremos también y los apoyaremos. Lo que hace México es apegarse a las decisiones de la OEA.
El presidente Obama pidió a México que asumiera en América Latina un papel de liderazgo. Sin embargo, pareciera que Brasil y el presidente Lula lo han opacado.
La verdad es que Lula tiene un gran carisma y Brasil posee un gran liderazgo. Nosotros no tenemos ningún problema con ello. Qué bueno que suceda, se requiere más liderazgo responsable como el de Lula. A mí eso no me afectó en absoluto. México tiene su lugar y no tiene que disputarlo con nadie.