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Antidepresivos en problemas

Científicos dudan de sus bondades. Se trata de un mercado de US$9.000 millones.

02 de febrero de 2010 – 05:30 p. m.

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“Los antidepresivos no funcionan”. Eso dice en grandes letras blancas la última portada de la revista Newsweek. En las páginas interiores, Sharon Begley, la veterana periodista experta en temas de salud y medicamentos, explica en un extenso y completo reportaje por qué la ciencia ha comenzado a desconfiar del uso de estos medicamentos. Se trata de un artículo que una persona con depresión no debería perderse ni dejar de discutir con su médico.

Una investigación divulgada por la revista de la Asociación Médica Americana (JAMA) en enero de este año, en la que una vez más se concluye que los antidepresivos no son más efectivos que una píldora neutra (un placebo), sirvió a Begley para recordar los episodios de una polémica que se remonta a 1998.

Ese año, el psicólogo investigador Irving Kirsch de la Universidad de Connecticut, examinó los resultados de 38 estudios en los que participaron más de 3.000 pacientes, y descubrió que el efecto de los antidepresivos era prácticamente el mismo que un placebo. Las críticas por supuesto llovieron sobre él. Incluso la historia está llena de truculentos episodios en los que otros investigadores han dejado de recibir fondos para investigar o han perdido su trabajo.

No era para menos. En Estados Unidos las personas que toman antidepresivos pasaron de 13,3 millones en 1996 a 27 millones en 2005. Se trata de un mercado millonario. En 2008, las ganancias por estas píldoras alcanzaron los US$9.000 millones.

Los críticos de Kirsch primero argumentaron que no se había tenido en cuenta muchos otros ensayos clínicos sobre antidepresivos. El psicólogo norteamericano les hizo caso y recopiló un número aún más grande. Los nuevos resultados eran aún más pesimistas sobre los efectos de la droga.

“La depresión es una enfermedad individual y no todos los pacientes responden de la misma manera a los tratamientos”, respondió, en 2002, del vocero de la farmacéutica Lilly, que fabrica el prozac.

“Los defensores de estas drogas cada vez hacen reclamos más y más débiles”, apuntó Begley, “su última defensa es que los antidepresivos son más efectivos que un placebo para los pacientes que sufren la depresión más severa”.

El estudio divulgado en JAMA este enero, realizado por Jay Fournier y Robert  DeRubeis, de la Universidad de Pennsylvania (EE.UU.), no desmiente que esto sea así: “La magnitud del beneficio de la medicación con antidepresivos aumenta con la severidad de los síntomas, siendo mínima o inexistente en pacientes con depresión leve y moderada”.

Las razones por las que el medicamento funcionaría sólo en pacientes con depresiones muy severas está llevando a los científicos a replantearse las teorías sobre el origen de la enfermedad relacionadas con los niveles de neurotransmisores como la serotonina.

Begley cree que divulgar esta información crea un gran dilema. ¿Vale la pena decirle a un paciente que sus pastillas sí sirven pero tanto como un dulce? “Más y más científicos creen que es tiempo de abandonar la política de “no preguntes, no digas” en lo relacionado con la efectividad de los antidepresivos”, concluye la autora.

No se trata de un mensaje de desesperanza para los pacientes. Por el contrario, Begley recuerda que existen otras medidas, como la psicoterapia, que han probado ser mucho más efectivas.

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