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La selección argentina de fútbol goleó la noche del lunes a la frágil Albania por 4-0, en un amistoso en el que ensayó su mayor poder de fuego con Lionel Messi al frente de una pléyade ofensiva integrada por Ezequiel Lavezzi, Angel Di María, Carlos Tévez y Sergio Agüero.
A 10 días del debut frente a Bolivia en el torneo americano, el entrenador Sergio ‘Checho’ Batista probó el funcionamiento de la línea de ataque, en la que lideró la vanguardia Messi, autor del segundo gol (43 minutos) con uno de sus típicos tiros rasantes.
Fue Lavezzi (5) quien recibió el primer pase-gol de Messi para sacudir la red y sacar al público de la modorra en las despobladas tribunas de una fría noche en el estadio Monumental.
Pero al equipo volvió a faltarle un timonel creativo en el medio campo, función que el volante Ever Banega intentó sin éxito, pues sólo se lució como individualidad, sin aptitud de liderazgo.
«Me voy conforme con el equipo porque tuvo mucho la pelota y trató de hacer lo que nosotros buscamos. La idea es ésta, el funcionamiento va a ser éste», dijo Batista en conferencia de prensa.
La fiesta de pases, toques y paredes la organizó Messi, con su talento para acelerar y perforar defensas, en sociedad con Agüero, quien marcó el tercero a los 75, mientras que Tévez cerró la cuenta a los 89.
«Tenemos que jugar, sea contra quien sea, así, como lo hicimos hoy», declaró Messi.
La escuadra europea, formada a último momento y con numerosos suplentes, entró al campo decidida a impedir una goleada catastrófica y el bastonero de la resistencia fue el sólido volante Franc Velin.
Los albaneses batieron casi un récord al no producir ni siquiera un remate al arco, lo que evitó poder medir la capacidad de Sergio Romero para adueñarse del arco como titular, con el solitario atacante Edmond Kapllani.
Sobre la talla del rival, Tévez admitió que «no se puede tomar el partido como referencia de los que se vienen», en la Copa América. «Lo que se viene va a ser muy duro», advirtió el delantero.
Argentina no gana una Copa América desde Ecuador-1993 y tampoco un Mundial, desde México-1986, lo que marca una era de decadencia a nivel de selecciones mayores, pese a contar en sus filas con el delantero del FC Barcelona, elegido dos veces como el mejor jugador del mundo.
La variantes ensayadas por Batista empezaron a dar su fruto en el segundo tiempo cuando Argentina puso en acción todo su universo de cañoneros.
No hay muchas selecciones en el mundo que puedan tener una artillería de semejante fuerza como la que exhibe Argentina con Messi, Tévez, Agüero, Lavezzi y encima darse el lujo de guardar en el banco de suplentes a Gonzalo Higuaín y Diego Milito.
El ensayo con Albania pudo servirle al entrenador para descubrir qué nuevas armonías y articulaciones de juego puede plantear alrededor de la figura hegemónica de Messi.
Le sirvió además como test para ir preparándose para lo que será enfrentar a equipos con dos líneas de cuatro refugiadas en el fondo y dedicadas exclusivamente a la destrucción.
El misterio que aún guarda Argentina es el de conocer la entereza y el alma que puedan aflorar cuando el adversario tenga el peso de los más grandes seleccionados de América.