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Desde hace más de una década, Cali está reclamando a gritos su renovación. La Sultana del Valle se quedó suspendida en el tiempo en medio de sus calles despavimentadas, la pobreza de sus barrios, la ausencia de andenes y plazoletas por donde caminar, los carros mal estacionados sobre los separadores de las vías, las basuras flotando en las aguas del río Cauca y hasta la osada actitud de jovencitas y travestis, mientras esperan todas las noches en cualquier esquina de la ciudad a quien solicite sus servicios.
Un panorama desolador al que por fin se le quiere dar una solución. Para ello, entidades privadas, promotores del turismo como la Asociación Hotelera de Colombia (Cotelco), empresarios, la Cámara de Comercio de Cali, el alcalde electo Jorge Iván Ospina, el gobernador electo del Valle Juan Carlos Abadía, líderes sociales y reconocidos comerciantes se reunieron y se comprometieron a trabajar conjuntamente para sacar a la ciudad de la crisis.
El objetivo es convertirla en un destino turístico a nivel mundial, aumentar la inversión, generar más empleos y hacerla una ciudad amable y equitativa para sus habitantes. Una urbe en la que se puedan conciliar los tres pilares del desarrollo sostenible: medio ambiente, economía y aspectos sociales.
Pero, ¿cómo atraer los ojos de los turistas e inversionistas de Colombia y del mundo hacia un lugar con una realidad tan compleja como la de Cali? Para empezar, hay que entender que este proceso de renovación ya lo han experimentado distintas ciudades del mundo que se encontraban en condiciones iguales o más graves que las de la Sultana del Valle.
Kuala Lumpur, por ejemplo, pasó de ser un pequeño campamento en medio del desierto, a convertirse en una de las ciudades más importante de Malasia. Gracias al auge de la construcción de edificaciones vanguardistas -como las famosas Torres Gemelas Petronas (dos edificios de 88 pisos que han sido escenario de varias películas)-, ha podido captar una parte del mercado de inversionistas y turistas que antes optaban por Hong Kong, Pekín y Singapur.
Lo mismo ocurrió con Barcelona, cuando en 1979 el gobierno local decidió comenzar a implementar un programa de transformación urbana a largo plazo que incluía la recuperación del espacio público, la construcción de edificios modernos y la intervención de los barrios menos favorecidos. Todo ello con el fin de hacerle frente a su atraso, su pobreza e inseguridad.
Dubai, una de las ciudades que integran los Emiratos Árabes Unidos, tampoco se quedó atrás. Y de ser un simple lugar de asentamiento de mercaderes, pasó a ser uno de los destinos turísticos más visitados del mundo. Hoy, allí se encuentra el único hotel siete estrellas del planeta.
El caso de Siloé
A sus 90 años, Carmen Jaramillo recuerda el desorden, la pobreza, los malos olores, la inseguridad y el abandono que reinaron durante décadas en el lugar donde ella nació, creció y ha vivido junto a su familia: el cerro de Santa Ana, ubicado al noreste de la ciudad de Guayaquil, Ecuador. Un sector cargado de historia, pues fue allí donde nació la ciudad, pero que parecía condenado al atraso y la desidia.
En el año 2000, sin embargo, un proyecto de regeneración urbana implementado en todo Guayaquil logró transformar el cerro y convertirlo en un hermoso pasaje, con casas de colores, cafés y restaurantes, al que hoy en día visitan cada semana cerca de 70.000 personas.
Una historia cuyo comienzo es similar a la del barrio Siloé, ubicado al suroccidente de Cali, donde sus habitantes sufren los rigores de la violencia causada durante años por los grupos armados al margen de la ley, las pandillas y las guerras familiares. A tal punto, que Siloé es considerada por las autoridades como "zona roja".
Pero esta no es la única problemática que afecta a los más de cien mil habitantes que allí conviven. Sólo el 1% de los jóvenes tienen acceso a la educación superior y el 25% a la educación secundaria. Y como si fuera poco, este año la Policía ha detenido a 2.890 menores por homicidio, hurto, tráfico de drogas y delincuencia.
Al igual que lo hizo Guayaquil, Cali reclama a gritos un proyecto que la transforme y la haga equiparable a las ciudades del siglo XXI. Y así como sucedió con el Cerro de Santa Ana (uno de los tantos sectores de la ciudad ecuatoriana que se renovaron), nada mejor que dar los primeros pasos de ese trabajo de recuperación en Siloco, como le dicen los pelados a Siloé. De hecho, el arquitecto ecuatoriano Luis Zuloaga, presidente de la Fundación Malecón 2000 -entidad que logró transformar Guayaquil-, ya empezó a recorrer Cali y fijó su atención en Siloé.
"El caso de este barrio es muy similar al del cerro de Santa Ana. Incluso, Siloé tiene las mismas escalinatas para acceder a las viviendas y es tan peligroso como lo era el cerro ecuatoriano hasta hace cinco años", aseguró Zuloaga. Y agregó que lo importante en el proceso de renovación es consultarles a sus habitantes cómo proyectan su transformación, porque aunque debe haber quien lidere este cambio, las decisiones no pueden ser exclusivas de las altas esferas sociales.
Esta posición fue compartida por varios expertos en urbanismo de diferentes países durante el Primer Congreso Mundial de Mercadeo de Ciudades que se realizó en Cali la semana pasada. El encuentro, organizado por la Asociación Hotelera de Colombia (Cotelco) y la Cámara de Comercio de Cali, se convirtió en el primer paso del proceso de renovación de la ciudad. Allí no sólo se discutió la metodología ideal para promocionar la capital del Valle, sino que se plantearon los roles que deben asumir ciudadanos, autoridades locales, entidades privadas y empresarios.
En primer lugar, quedó claro que cada ciudad tiene un proceso de renovación propio, cuyo tiempo de desarrollo depende de las condiciones en las que se encuentra y de la capacidad de compromiso de quienes lideren el proyecto de transformación urbana. Sin embargo, el atraso de una década que vive Cali hace urgente tomar cartas en el asunto.
"La próxima administración no puede aplazar más la transformación de la ciudad. Hoy tiene más fortaleza vender al Valle del Cauca como región, que a Cali como ciudad. Nosotros nos ofrecemos para acompañar este proceso", aseguró Jaime Alberto Cabal, presidente ejecutivo de Cotelco.
Todos los proyectos exitosos de renovación de ciudades han partido de la base de escoger un elemento que identifique el lugar y que forme parte de la identidad de sus habitantes. Rigoberto Anguiano, un reconocido consultor mexicano en mercadeo de ciudades y desarrollo urbano, afirmó que es indispensable identificar los elementos culturales de Cali, como la salsa, el sancocho, el arequipe y el chontaduro, para trabajar a partir de ellos en la creación de una marca, una frase que identifique a la ciudad.
Por su parte, Julián Domínguez, presidente de la Cámara de Comercio de Cali, cree que la construcción de edificaciones como el Centro de Eventos Valle del Pacífico, sumado al fortalecimiento empresarial e inversión social, son los componentes esenciales para sacar a Cali de su atraso.
Entre tanto, los habitantes del deprimido sector de Siloé comienzan a sentir los primeros vientos de progreso con la pavimentación de algunas de sus calles. Todavía falta mucho para que Cali se transforme en una ciudad moderna. Sin embargo, el éxito que tuvieron los procesos de renovación en Bogotá y Medellín, le augura a la capital del Valle un futuro prometedor. Y el compromiso que adquirieron los nuevos mandatarios locales, gremios y empresarios es el primer gran paso para sacar por fin a Cali de la crisis.