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La medida, que en principio se aplicará en el estado de Nueva Gales del Sur, busca que los niños entre 6 y 16 años reciban una educación adecuada, no desaprovechen la escuela y dejen de falsificar excusas médicas para poder tomarse algunos días libres.
“Actuaremos contra todos los padres de familia que no matriculen a sus hijos o que no se aseguren de que asistan al colegio de forma regular”, sostuvo Morris Lemma, jefe de gobierno del estado de Nueva Gales del Sur y uno de los promotores de la polémica iniciativa.
De ser aprobada la propuesta, que empezó a debatirse en el Parlamento de Nueva Gales, el Estado podrá solicitar una orden judicial para obligar a los padres a matricular a sus hijos en un colegio determinado. Pero además, si el Gobierno considera que necesitan ayuda psicológica o rehabilitación por abuso en el consumo de alcohol, un comportamiento que afecta directamente el crecimiento de sus hijos, también podrá obligarlos a ingresar a programas de apoyo.
Incluso, los padres correrán el riesgo de ser llevados a juicio por el delito de “ausencia escolar de los hijos” y castigados con penas de dos años de cárcel o multas de US$9.000. La noticia del proyecto de ley tiene con los pelos de punta a las familias australianas, nerviosos y molestos a los adolescentes y especialmente contentos a los educadores, quienes desde ya comenzaron a notar una mayor asistencia en sus clases.