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La segunda vez que tuve la oportunidad de ver a Carlos Fuentes en París acababa de leer una biografia sobre Honoré de Balzac. Casualidad. Balzac fue el escritor a quien Carlos Fuentes rindió homenaje el día en que él recibía la Medalla «Grand Vermeil» de la Alcaldía de París.
Carlos Fuentes acaba de fallecer en México. Hoy la prensa francesa anuncia que sus restos reposarán en el Cementerio parisino de Montparnasse. Así lo habría decidido el propio autor. Carlos Fuentes habría gestionado la adquisición de su tumba hace dos años en ese cementerio donde también reposan los restos de Julio Cortázar y Jean-Paul Sartre.
«Cuando llegué por primera vez a París tenía 20 años y un sólo amigo, Honoré de Balzac», contaba Carlos Fuentes ese 28 de mayo de 2010, al recibir de manos del Alcalde Bertrand Delanöe el galardón que la ciudad entrega a sus mejores huéspedes y ciudadanos.
«Mi juventud en Paris la viví en compañía de Balzac. Mis horas en los cafés de la Plaza de la Contrescarpe fueron para Balzac. Gracias a Balzac conocí París», decía esa vez Carlos Fuentes a un grupo de franceses y latinoamericanos que habíamos venido a verlo a la Alcaldía de París, sin imaginar que esa era la última vez.
El 5 de octubre de 1999 Carlos Fuentes había estado en París para inagurar la Cátedra de Estudios Mexicanos en el Instituto de Altos Estudios de America Latina (IHEAL). Esa fue la primera vez que lo ví. Su conferencia se llamaba El quinto sol de los Aztecas:
«México y América Latina tienen una cultura ininterrumpida y milenaria. Nuestra cultura se proyecta en el futuro pues su origen es migratorio. Su signo es el encuentro, su fuerza el mestizaje. Somos el espejo del siglo XXI y somos también su presagio. México es el ejemplo supremo de la vitalidad de la historia. En México el pasado es presente ». Tenía razón Carlos Fuentes. La historia se repite en su país.
Carlos Fuentes como Honoré de Balzac nutrieron sus obras de sus raices urbanas. Ambos dejaron que éstas se viburquen en su escritura. Ambos penetraron en las ciudades de su tiempo, Fuentes en observador del hombre urbano mexicano del siglo XX hacia el XXI, Balzac en sociólogo anticipado de la convulsiva sociedad parisina de la primera mitad del siglo XIX.
Fuentes y Balzac amaron la vitalidad cultural de París. Y aunque esta ciudad ya no sea la romántica de Balzac ni la rebelde del Mayo del 68 de Fuentes, es el lugar en donde se les sigue leyendo. Es París en donde los dos eligieron quedarse para siempre. Carlos Fuentes en Montparnasse, Honoré de Balzac en Père Lachaise.
No habrá mucha paz en sus tumbas. No faltará el visitante que llegue hasta ellos no para rezar sino para leer uno de sus textos, es una costumbre en esta ciudad. Escritores como Fuentes o Balzac no dejan un vacío. Su ausencia está colmada con su obra, y ésta no muere con ellos.
Por MH Escalante, colaboradora de Soyperiodista.com