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Hace poco Gael García Bernal dejaba ver su optimismo al hablar de la vitalidad de la industria cinematográfica en América Latina: “Estamos haciendo películas brillantes” decía él, uno de los más brillantes actores que haya dado el cine mexicano en las últimas décadas.
Si el inolvidable personaje de “Amores Perros” (2000), “Y tu mama también” (2001), “El crimen del padre Amaro” ( 2002), “Diarios de motocicleta” (2004), “La mala educación (2004), “The King” (2005), se muestra optimista, nosotros también. En Colombia por ejemplo, que no tiene el bagaje cinematográfico de México, se habrían realizado cerca de 30 películas en los dos últimos años.
Como es ya una tradición en Biarritz cuando llega el otoño, este 24 de septiembre se abre el 21° Festival Internacional de Biarritz- América Latina, en el cual se destacará esta vez el cine colombiano, cuya calidad y número de películas en el Festival comprueba esa dinámica a la que hace referencia Gael Garcia Bernal.
El cine colombiano estuvo como invitado por primera vez en Biarritz en 1995. Ese año se vio “El reino de los cielos” de Patricia Cardoso y se pudo asistir a encuentros literarios con escritores como Alvaro Mutis y Manuel Zapata Olivella, al lado de realizadores notables como Francisco Norden.
Este año el invitado es el escritor bogotano Santiago Gamboa, quien además de hablar de sus novelas en las salas de Biarritz, hará parte junto al cantautor chileno Angel Parra del jurado que entregará el premio “El Abrazo” al mejor largometraje de ficción. Este jurado lo encabeza esta vez la también conocida actriz canadiense Alexandra Stewart.
Colombia participa con diez películas en largometraje, cortometraje y documental. En largometraje de ficción estarán “La Playa” de Juan Andrés Arango (Colombia, 90’), – esta película participó en la sección “Un certain regard” del Festival de Cannes 2012 y además abrirá el Festival -, “Sofia y el terco” de Andrés Burgos Vallejo (Colombia, 70’) y “Operación E”, de Miguel Courtois Paternina (Colombia-España 107’).
La guerra en el cine colombiano
Las tres ramas de los investigadores para estudiar la violencia en Colombia son el conflicto armado, la guerra civil, – que debe entenderse como una guerra contra la sociedad civil- y la violencia generalizada. La violencia en Colombia, que es política, económica y social, así como es permanente y repetitiva es también una fuente de inspiración.
De hecho los realizadores colombianos siguen encontrando en el tema de la guerra o la violencia que ésta genera y en sus secuelas, un campo de inspiración de primer orden. Eso se vio en el 2011 con la película “El Páramo», primer largometraje de Jaime Osorio (Colombia 107’). Sin embargo y pese a que en ella se muestra el impacto de la guerra desde el ángulo de los soldados colombianos, lo cual no es muy usual, el film no se llevó ningún premio. Este trabajo despertó interés por utilizar una narrativa fuera de lo común en Colombia, lo cual puede que lo convierta en uno de los primeros thriller con sello nacional.
Las películas colombianas que vienen a Biarritz siguen representando la violencia en todas sus formas. En “La Playa” por ejemplo, la historia de un joven chocoano en busca de una vivienda en los barrios marginales de Bogotá sirve para recrear, mostrar, denunciar el desplazamiento forzado de la población negra en Colombia. “La Playa”, sin llevarnos hasta las playas físicas del Chocó nos recuerda que en ese litoral, desde las fronteras con Panamá hasta las fronteras con Ecuador, la desigualdad social y la discriminación racial hacen que miles de ciudadanos de Colombia vivan en el cuarto mundo.
“Operación E” de Miguel Courtois Patermina (Colombia, España 107’), vuelve a los primeros años de secuestro de Clara Rojas y al drama de su hijo Emmanuel nacido en cautiverio y separado de su madre por las Farc siendo aún un bebé. “Operación E”, como la letra inicial del nombre Emmanuel, promete ser un film de trama y acción. En esta película se nota el rol primordial que juega España en la coproducción de películas en América Latina. Ojalá que la crisis no le ponga fín a esta colaboración.
La memoria de América Latina en el cine
Si bien Colombia sigue enquistada en la problemática de su conflicto militar interno, ejército contra guerrilla, desplazamiento de poblaciones, paramilitarismo, narcotráfico, países como Chile o Argentina están ahora en un trabajo distinto, una etapa superior. Por la experiencia ellos saben que ningún perdón es posible sin que haya habido antes una reparación a las víctimas y un trabajo de memoria para no olvidar a los muertos.
El film “No” de Pablo Larraín (Chile, 115’), también en competición, nos trae el personaje de un joven chileno anti Pinochet de los años 80 interpretado por Gael Garcia Bernal. Al placer de ver de nuevo a este gran actor, comprometido además con los procesos democráticos en América Latina, se suma el ejercicio de historia que nos impone el film al recordar la caída de una dictadura, que no cayó por las armas sino por el poder del ciudadano común. “Todo es posible cuando en vez forjar mentalidades acríticas y anti-reflexivas, se forja una memoria cultural crítica y constructiva”, sostiene Juana Suárez, profesora de Cine en la Universidad de Kentucky.
1988, el pueblo chileno debe decidir por referendum si quiere mantener o no en el poder a Augusto Pinochet. Por esos años el general que se amparó con tanques de guerra del Palacio de la Moneda en 1973, provocando la caída y la muerte de Salvador Allende, el primer presidente socialista en América Latina elegido por sufragio universal, era ya un hombre viejo que se vestía de civil.
Los partidarios del “No” a Pinochet emprendieron en ese año del referendum una campaña publicitaria contra el dictador, que consistió en vender la palabra “No” como si fuera la marca de una soda. Al final ganó el No, lo cual demostró que con sólo dos letras Chile enterró 15 años de dictadura.
Las experiencias de unos en la realidad de la historia que el cine con su magia puede recrear años después, pueden servir como ejemplos a otros y abrir otras puertas. El Festival de Biarritz nos permitirá ver diez películas de ficción, diez cortometrajes y diez documentales producidos por una nueva generación de realizadores, la mayor parte nacidos en los años 70.
En ese sentido el cine latinoamericano le debe mucho al Festival Biarritz América Latina, puesto que no solamente es su mejor vitrina, sino que al volcar su actividad cultural hacia América Latina durante ocho días, la ciudad de Biarritz ofrece a latinoamericanos y europeos un gran espacio de reflexión para pensar de forma colectiva en el futuro que queremos para nuestros países y nuestros continentes.
A bientôt
MH Escalante, colaboradora de Soyperiodista.com