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La búsqueda de la perfección tiene distintas formas de manifestarse y algunas de ellas difieren notablemente entre sí. Hay trastornos de tipo alimentario como la Anorexia y la Bulimia nerviosas, que vienen de la mano de la denominada «cultura de la delgadez». Otra como la Vigorexia es una obsesión en torno al culto del músculo.
Todos estos trastornos comparten varios síntomas en común, desear una imagen corporal perfecta y distorsionar la realidad frente al espejo. Esto ocurre porque en las últimas decadas, ser físicamente perfecto se ha convertido en uno de los objetivos principales de la sociedad. Es una meta impuesta por nuevos modelos de vida en los que el aspecto parece ser el único sinónimo válido de éxito, felicidad e incluso salud.
Esto ha dado lugar a una nueva forma de negocio, LOS GIMNASIOS que ofrecen un cuerpo perfecto a sus clientes a cambio de machacarse horas y horas con una variedad infinita de máquinas para ejercitar cualquier parte del cuerpo que el cliente desee, o siguiendo rutinas de ejercicio, muchas veces sin ninguna asesoría médica o personalizada, haciendo caso omiso de que un ejercicio puede tener ciertos efectos para una persona y los contrarios en otra.
El desarrollo exagerado de la musculatura se denomina vigorexia, un trastorno mental denominado así por el psiquiatra estadounidense Harrison G. Pope del Hospital Mac Lean de la Facultad de Medicina de Harvard en Belmonte (Massachusetts) y sus colegas de las Universidades de Providence y de keele. Sus estudios publicados en la revista Psychosomatic Medicine, los realizaron entre adictos a la musculación, y comprobaron que entre los más de nueve millones de estadounidenses que acuden regularmente a gimnasios cerca de un millón podrían estar afectados por este desorden emocional.
En nuestro país no existen por el momento estudios sobre personas que podrían estar afectadas por este trastorno.
Sus síntomas son evidentes, se miran constantemente en el espejo, se pesan varias veces al día, continuamente se comparan con otros compañeros de gimnasio, siguen dietas bajas en grasas y ricas en hidratos de carbono y proteínas para aumentar la masa muscular y tienen más riesgo de abusar de sustancias como hormonas y anabolizantes esteroideos.
La enfermedad va derivando en un cuadro obsesivo compulsivo que hace que se sientan fracasados, abandonen sus actividades y se encierren en gimnasios día y noche.
Aunque a la vigorexia se le denomina «la anorexia de los 90» es un trastorno mental diferente, no es estrictamente alimentario, pero sí comparte la patología de la preocupación obsesiva por la figura y una distorsión del esquema corporal.
Así los pacientes aquejados de vigorexia comparten con los dismórficos y anoréxicos los mismos pensamientos obsesivos y siguen unos rituales reiterativos ante el espejo que les devuelve su imagen distorsionada.
Estos trastornos derivados de la excesiva preocupación por el cuerpo se están convirtiendo en una verdadera epidemia. Desear una imagen perfecta no implica padecer una enfermedad mental, pero sí aumenta las posibilidades de que aparezca.
Aunque biológicamente hay explicaciones a estos trastornos, por desequilibrios en los niveles de serotonina y otros neurotransmisores cerebrales, no cabe duda de que los factores socio-culturales y educativos tienen una gran influencia.
Por ello los tratamientos de las personas afectadas por vigorexia tendrían que ser multidisciplinares y combinar la farmacología con terapias cognitivo-conductuales.
Desde la prevención apostamos por exigir a los medios de comunicación modelos humanos no estereotipados y enseñar desde la infancia a defenderse del culto excesivo al cuerpo y la obsesión por la perfección.
Por Ladypapa, colaboradora de Soyperiodista.com