Publicidad

¡Cuidado: ‘cibervoyeur’!

El auge de los celulares con cámara plantea problemas de privacidad. Lugares como los gimnasios y las piscinas los prohíben. Sin embargo, su proliferación es cada vez mayor y crea un nuevo perfil de mirón.

María Sahuquillo / Especial de El País, Madrid

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

¿Hace top less en la playa? ¿Discute con su pareja –o aún peor, con su amante– en medio de la calle? Tenga cuidado. Puede ser captado en cualquier lugar y situación. En la sociedad más vigilada de todos los tiempos, todo el mundo tiene una cámara a mano. El presidente francés, Nicolás Sarkozy, lo vivió hace poco. Un periodista grabó con el celular su disputa con un agricultor en una feria.

En España también proliferan. Hoy, el 60% de los celulares que se venden tienen cámara. Su auge ha hecho que estén prohibidos en algunos lugares por motivos de privacidad. También ha dado a luz a un nuevo tipo de mirón, el ‘cibervoyeur’, que además de observar, saca imágenes y las sube a la red.

Fotos de las vacaciones, de fiestas, de compañeros de trabajo. Pero también de gente tomando el sol en la playa, borracha o famosos en situaciones comprometidas. El 74% de las fotografías que se hicieron en España en 2007 se tomaron con un celular, según un informe de la consultoría internacional GFK.

Estos teléfonos reemplazaron a las cámaras fotográficas. Son pequeños, manejables y cada vez más avanzados. Algunos tienen otras ventajas: “La posibilidad de subir al instante fotos a la web”, dice José María Cuéllar, gerente del segmento Emergentes de Telefónica.

¿Prohibido?

¿Es legal que le saquen a uno fotos y las suban a internet? No, no lo es si usted es una persona de a pie. “Todo ciudadano es titular del derecho a su imagen. Nadie puede utilizarla sin permiso, así esté en un lugar público”, explica Artemi Rallo, presidente de la Agencia de Protección de Datos.

“La práctica de hacer fotos a gente en la playa o en cualquier otra situación y después difundirlas va contra la normativa de protección de datos”, dice Rallo. Y depende de cómo sean las imágenes, pueden vulnerar el derecho a la intimidad. Hay, sin embargo, dos excepciones: las imágenes tomadas por motivos de seguridad y aquellas captadas dentro del llamado derecho a la información.

Pero el problema, sobre todo para los ciudadanos normales, es que la discreción de estos aparatos hace que sea muy difícil saber cuándo se está siendo filmado. “Cualquiera puede sacar fotos o videos y aparentar que está enviando un mensaje”, dice el sociólogo experto en nuevas tecnologías, Artemio Baigorri. Hace unos meses un vigilante de un centro comercial descubrió a un cliente sacando fotos con su celular por debajo de la falda a varias mujeres. No es un caso aislado, la red está plagada de imágenes de este tipo. Por eso, hay lugares en los que está prohibido su uso. Es el caso de varios gimnasios del Reino Unido, Tokio o Madrid, en los que están restringidos los celulares para respetar la privacidad de sus clientes, en muchos casos famosos. Una imagen de uno de ellos levantando pesas puede cotizarse en miles de dólares en algunas revistas del corazón.

Sin embargo, el problema para el afectado no son las imágenes, sino su distribución masiva. Una fotografía clandestina puede traer serias consecuencias. También convertir a alguien como R. P., de 61 años, en un personaje famoso. Este madrileño participó en una sesión de sexo sadomasoquista. Una reunión tan privada, que había que presentar cédula para entrar. A pesar de eso, se publicó un video suyo en la red.

Su situación es más común de lo que parece. Hace un año un directivo de una compañía británica solicitó a una página web de vídeos que quitara las imágenes en las que aparecía borracho. Lo que muchos ignoran, pero él sabía, es que los cazadores de talentos acuden a la Red para buscar información sobre los candidatos.

Lo cierto es que dentro de 10 años todo podría estar peor. Los sociólogos coinciden en predecir que estos problemas de privacidad se multiplicarán. La sociedad tendrá que acostumbrarse a vivir en ese mundo plagado de ojos que todo lo ven. De grandes hermanos que vigilan.

Por María Sahuquillo / Especial de El País, Madrid

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido