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Cultivos en laboratorios

En Medellín logran producir jugo de naranja y plantas de cacao a partir de una célula. La idea es crear una alternativa a los cultivos tradicionales, amenazados por el calentamiento global.

29 de diciembre de 2010 – 04:59 p. m.

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Quizá más temprano que tarde, los cultivos de plantas alimenticias, como la naranja y el cacao, no estarán en grandes extensiones de tierra, ni será necesario abonar los árboles, defenderlos de las plagas o esperar la cosecha.

En el futuro, los cultivos serán “celulares” y los alimentos se producirán en los laboratorios, donde nadie tendrá que exprimir la naranja, ni poner a secar los granos del cacao. Lo que harán será tomar las células de la parte de la planta que produce el alimento, multiplicarlas, y por medio de un proceso biotecnológico, lograr el producto terminado, el jugo de naranja para la sed o la pastilla de chocolate para el placer. “La idea es producir jugo de naranja sin cultivar naranjas”, explica la bióloga Lucía Atehortúa, de la Universidad de Antioquia.

En realidad, lo que está tratando de hacer el grupo de biotecnología vegetal que dirige Atehortúa —y que está calificado por Colciencias en la más alta categoría—, es buscar alternativas para cuando el calentamiento del planeta y sus consecuencias hagan de las suyas en la agricultura tradicional. “¿Cómo vamos a alimentar a toda la población?”, se pregunta.

Ella tiene una propuesta: “Si el cambio climático se convierte en el factor limitante de la producción agrícola global, será necesario desarrollar nuevos sistemas de producción con el fin de garantizar la seguridad alimentaria. Estos ‘cultivos’ se constituirán en lo que podría denominarse bioagricultura urbana”.

Así que desde hace unos años trabaja con sus estudiantes en los laboratorios de la Sede de Investigación Universitaria (SIU) de la Universidad de Antioquia, donde se dedican al cultivo de células y de tejidos vegetales para producir alimentos y biocombustibles. Ya han obtenido tres patentes.

En el caso de la naranja, lo primero que hacen es seleccionar la planta de mejor calidad y empiezan a conocerla para saber cuándo está en el estado fisiológico de desarrollo óptimo, aquél en el cual experimenta una alta multiplicación celular. Una vez han seleccionado la materia prima se inicia la preparación: “Tomamos los saquitos llenos de jugo, los llevamos a un medio de cultivo que contiene macro y microelementos. Luego ponemos todos los nutrientes básicos como las hormonas que la planta normalmente produce y le agregamos unas cantidades pequeñísimas para que las células se multipliquen y regeneren, para que cada celulita de ésas produzca entre 25 y 35 más”.

Las ventajas

Es necesario tener un laboratorio debidamente dotado para ir superando todas las etapas y llegar efectivamente a tener en frente el jugo de naranja, el cual todavía no ha podido saborear la doctora Atehortúa. “El proceso va en la multiplicación masiva”, dice. “Hemos probado que es factible lograr un jugo de naranja igual o mejor del que conocemos, con unas grandes ventajas, como aumentar la producción de antioxidantes, modificar el sabor y el color. Nos da pie para hacer productos de futuro”. En el caso del cacao, la idea es llegar a producir la chocolatina o generar alimentos “funcionales”. La ipecacuana suramericana, que se exportó durante el siglo pasado por sus aplicaciones farmacéuticas, ya ha sido aislada en el laboratorio de Atehortúa y han logrado producir las raíces, donde está el compuesto bioactivo. “Ahora queremos evaluar todas las poblaciones de esas plantas para ver cuál es la que mayor contenido de sustancias tiene”.

Una vez tengan la tecnología completamente “domesticada”, vendrán las pruebas de bioseguridad, que deben garantizar su consumo sin problemas de efectos secundarios, para lo cual el paso siguiente es cumplir con todas las normas de calidad y comprobar que los productos finales son inocuos. “Llegará el día en que cuando en el campo no tengamos alternativas, estos productos van a imponerse. Independiente de que se impongan, deben ser de altísima calidad y competitivos”.

Comercialización de la bioagricultura urbana

Atehortúa ve en el futuro biofábricas que producen alimentos y a sus estudiantes gerenciándolas. Es consciente de que se trata de una tecnología costosa, pero eso no la trasnocha. Se defiende diciendo que todas las tecnologías al principio son así pero luego, cuando su aplicación es masiva, se abaratan.

Argumenta además que estas biofábricas no dependerán del clima, ni de la posición geográfica, y por tanto podrán producir las 24 horas del día, los 365 días al año, en cualquier lugar.

“Si mañana tenemos una catástrofe climática, mi tecnología va a valer oro”, remata. “Colombia tiene que desarrollar esta tecnología por si la tradicional falla”.

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