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Cumbre por Bolivia

Sigue tenso el ambiente en Bolivia, donde el conflicto ha provocado enfrentamientos en varias regiones del país. La difícil situación obligó la convocatoria de una reunión de urgencia entre los 12 países de Unasur.

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Bolivia padece un conflicto interno, sin embargo, su futuro se decidirá en el exterior. En un salto sin precedentes en la historia reciente, los graves enfrentamientos civiles que vive la nación andina obligaron al continente a movilizarse para determinar qué rumbo tomará el gobierno de Evo Morales en los próximos días.

Durante una reunión de urgencia de la recién nacida Unión de América del Sur (Unasur), que se celebrará este lunes en Santiago de Chile, 12 mandatarios de la región, incluido el colombiano Álvaro Uribe Vélez, buscarán una solución a la crisis que puso a tambalear al hemisferio.

Aunque hasta ahora lo más llamativo de la confrontación habían sido las expulsiones recíprocas de embajadores entre La Paz y Washington y las habituales amenazas de Caracas esta vez con expulsión de embajador incluida, lo que sigue es la consolidación de la unión del continente.

“Unasur promoverá el diálogo en el país y preparará el terreno para que entre la OEA a mediar, sin embargo será determinante para que el continente se una en torno de un liderazgo regional”, explicó Javier Medina, analista político chileno.

Se refiere a Luiz Inácio Lula da Silva, quien decidió ponerse al frente del problema. Hasta ahora Brasil había mantenido una estudiada prudencia frente a los conflictos de sus vecinos, pero fue Lula el que esta vez movilizó al hemisferio. Con palabras mesuradas pero firmes, el brasileño advirtió que su país no “tolerará” una ruptura institucional de su vecino.

Un aviso que sirve tanto para los autonomistas que rechazan la autoridad de Evo Morales como para las tentaciones autoritarias del propio mandatario indígena. Y de paso es una advertencia para las amenazas de intervención militar de Hugo Chávez y una clara señal para Washington y sus políticas hacia la región. Detrás de Lula se sitúa una de las diplomacias más eficaces del mundo. La misma que elaboró una estrategia de intervención en la confrontación cuidada hasta el último detalle.

Lo explica, por ejemplo, la reacción del Departamento de Estado norteamericano ante la expulsión de sus representantes de Bolivia, un país considerado como de primer interés tanto por su disparada producción de droga, como por ser la punta de lanza del proyecto antiestadounidense que lidera Chávez. Porque aunque Washington respondió con la política del “ojo por ojo”, por sugerencia brasileña, guarda ahora cauta distancia frente a la crisis. No hay que dejar pasar que con el embajador estadounidense se marcharon de Bolivia 60 agentes de la agencia estadounidense antinarcóticos (DEA), un organismo que está en el punto de mira de Morales desde tiempo.

Los elegidos de Washington

Medios y periodistas brasileños recibieron filtraciones oficiales que confirman la “profunda preocupación” de Lula, un lenguaje que ni siquiera empleó cuando, en 2005, Evo Morales decretó la nacionalización parcial de la brasileña Petrobrás en Bolivia. Y eso que el 50% del gas que consume a diario Brasil procede del país andino. Ahora Lula y su equipo consideran que es hora de forzar el diálogo en Bolivia, porque la situación de no retorno está a punto de ser sobrepasada.

Con este planteamiento, Brasil se presenta hoy en Santiago de Chile en la cumbre de urgencia de Unasur, que Michelle Bachelet convocó. Un dato significativo teniendo en cuenta que Chile mantiene un histórico y enconado conflicto territorial con Bolivia. Los chilenos necesitan que La Paz le suministre gas —cosa a la que el país andino se ha negado hasta ahora— y es el principal candidato a convertirse en el chivo expiatorio en caso de que en Bolivia decida tapar la crisis interna con un conflicto exterior. Antes de convocar la reunión, Bachelet habló con Lula.

De esta manera, Brasil envió a Washington el mensaje de que está dispuesto a tomar un papel activo en el conflicto boliviano. Aunque existan unas relaciones excelentes entre ambas diplomacias y el presidente George W. Bush comparta con Lula una muy buena relación, el mensaje brasileño tiene por objeto marcar ante E.U. su territorio en la región y a la vez evitar otra iniciativa impulsada desde Washington que tendría un efecto contraproducente.

E.U. optó, por el momento, dejar la crisis en manos de Chile y Brasil, dos de sus interlocutores de mayor confianza en la zona que, además, tienen prestigio ante los detractores de la política exterior estadounidense. Y lo hace porque el conflicto boliviano hace tiempo que trascendió el altiplano y está sirviendo de detonante a otros países para ajustar cuentas con la Administración norteamericana.

Por ejemplo, Honduras se sumó al frente antiimperialista de Chávez. Su presidente, Manuel Zelaya, negó la acreditación al nuevo embajador de Estados Unidos alegando solidaridad con Bolivia “por la intromisión de Washington”. También es destacable el papel de Argentina, que se alió con Chávez en todo tipo de acusaciones contra Washington, aunque, dicen analistas,  para tapar un escándalo sobre financiación ilegal de la campaña electoral de Cristina Fernández.

Con Bolivia sobre la mesa de la cumbre, por debajo volverá a verse un nuevo capítulo de la soterrada lucha entre las dos izquierdas latinoamericanas. Mientras los países capitaneados por Brasil insistirán en abrir el diálogo en Bolivia, otros, con Chávez a la cabeza, tratarán de hacer del conflicto con E.U. el centro de conversaciones e improbables resoluciones finales.

 

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