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De los genéricos a los biosimilares

Hace 50 años, siendo ministro de salud, el doctor José Felix Patiño se empeñó en abrir el mercado colombiano a las “copias” de medicamentos enfrentándose a todas las críticas de la industria del momento.

15 de febrero de 2012 – 05:01 p. m.

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En agosto de 2011, las directivas de la Universidad de los Andes decidieron despedir de la Facultad de Medicina al doctor José Felix Patiño. Argumentaron que el veterano médico, graduado de la Universidad de Yale con honores, jefe de cirugía en el Hospital La Samaritana por varios años, decano de los médicos colombianos, ex presidente de la Academia Nacional de Medicina de Colombia y ex presidente de la Sociedad Internacional de Cirugía, además de padre de la Fundación Santa Fe de Bogotá y una larguísima lista de méritos, había sobrepasado la edad de retiro y lo mejor era que se hiciera a un lado.

Parapetado detrás de un inmenso escritorio de madera en una oficina del segundo piso de la Academia Nacional de Medicina en Bogotá, rodeado de libros y enciclopedias médicas, al frente de un moderno computador y con un iphone a la mano, parece que el doctor José Felix Patiño todavía tiene muchas lecciones que ofrecer, especialmente ahora que, por cuenta de un decreto para reglamentar el registro de medicamentos biotecnológicos se ha desatado una ardua batalla entre gobierno, multinacionales, empresas nacionales, asociaciones de pacientes y gremios médicos.

La historia a veces se repite, y el episodio de los medicamentos biotecnológicos, se parece bastante al relato que hace el doctor Jose Felix del tiempo en que fue ministro de salud (1962-1963) del gobierno de Guillermo León Valencia.

En aquella época, cuenta el doctor José Felix, todos los médicos recetaban a sus pacientes medicamentos con marca propia. La costumbre de escribir el nombre de una medicina genérica no era nada común. Una práctica que, como hoy, alimentaba todos los apetitos comerciales.

Mientras trabajaba como cirujano en la Universidad de Yale en Estados Unidos le llamó la atención que los médicos militares tenían prohibido recetar marcas específicas. Eran unos de los pocos que ofrecían a sus pacientes la posibilidad de consumir medicamentos genéricos. “Así deberían ser las cosas”, pensó el joven médico colombiano en aquel momento.

Siendo ministro de Salud, una de las metas que se trazó para permitir un mayor acceso de la población colombiana a medicamentos fue abrir la puerta a compañías de medicamentos genéricos. Apenas cinco años atrás las casas farmacéuticas habían creado una asociación, Afidro, y fueron los primeros en oponerse a la medida. “Afidro me atacó muy duro”, recuerda.

El argumento de las casas farmacéuticas de la época era que las copias genéricas eran de mala calidad. El mismo que hoy se esgrime contra los medicamentos biosimilares (copias de los biotecnológicos). Para asegurarse que no daba un paso en falso, Patiño decidió visitar la fábrica de McKesson Corporation, una de las compañías norteamericanas que los fabricaba. Quedó convencido que los medicamentos de síntesis química eran fabricados con los más altos estándares.

Aún así, decidió crear una oficina en el Instituto Samper Martínez (hoy Instituto Nacional de Salud) para que realizara pruebas de calidad. Convocó a los mejores profesores de farmacología de la época y les pidió que crearan un laboratorio para tal fin. No contento con esto, aprovechó sus contactos en la embajada de Estados Unidos y les pidió que intercedieran para que la Food and Drug Administration de su país corroborara las pruebas locales. Así, calló las críticas.

“Semanalmente envíabamos muestras de medicamentos a Estados Unidos y nos dimos cuenta que nuestro control de calidad era muy exacto”, relata.

No fue una batalla fácil. Por suerte, tuvo uno aliado que visto en perspectiva histórica no podía ser mejor: el joven Robert Kennedy, quien incluso lo invitó al Senado de Estados Unidos a participar en debates sobre el mismo tema.

Para evitar que el país pasara del monopolio de las marcas al monopolio de los genéricos en manos de una sola compañía, el joven médico le hizo una propuesta provocadora a sus mayores contradictores en ese momento: “llamé a Afidro y les dije: ustedes por qué no crean una marca de genéricos con el nombre de Afidro y venden los medicamentos a los que ya se les venció la patente”.

Muchos colombianos recordarán cajitas de medicamentos en sus farmacias caseras con el nombre de McKesson (hoy Technoquímicas) y Afidro. Todos al final quedaron contentos.

“Esa es la base del problema de ahora”, dice sabiamente el doctor José Felix Patiño, quien de paso se lamenta de que los médicos más jóvenes no siempre estén dispuestos a escuchar consejos. Insiste en que la única preocupación de sus colegas a la hora de tomar decisiones, como en el debate sobre los medicamentos biotecnológicos, debe ser la salud de los pacientes. Antes de despedirse hace una confesión: “yo sólo tomo genéricos”.

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