Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Suenan como una puerta desvencijada, que se abre y se cierra. Suenan, también, como un largo grito agudo que después desciende, abrupto, y se pierde. Suenan, en otra ocasión, a quiebre gutural, a gorjeo grave. Así suenan las ballenas, bajo el agua, llamándose entre ellas.
Las grabaciones —logradas a través de “hidrófonos” o micrófonos bajo el agua— hacen parte de Whale FM (whale.fm), el proyecto encabezado por la revista Scientific American que busca la ayuda de los internautas para estudiar y clasificar los dialectos de las ballenas.
Los sonidos captados provienen de varios lugares del mundo. Las orcas y los calderones (una especie de delfín también incluida en la investigación) se mueven por las aguas de los océanos y los polos. Las orcas tienen familias de cinco integrantes en promedio, y la prole siempre crece y funda una familia al lado de la madre. Cada manada tiene su propio dialecto, su modo singular de comunicarse.
En la página web, entonces, pueden distinguirse varios grupos de espectrogramas, que son, en esencia, los sonidos convertidos en líneas y ondas. Al seleccionar cualquiera de los sonidos, un mapa ofrece la ubicación de la ballena. Mientras tanto, suenan sus voces —las orcas tienen 150 tipos de llamadas— como una puerta desvencijada, o un largo grito agudo. Cuando dos voces parecen coincidir, entonces es probable que se refieran a una misma acción. Por ejemplo: vengan aquí, hay comida, aprovechen.
Los científicos se formularon varias preguntas. La investigación no sólo quiere reconocer las voces de los cetáceos, sino también saber qué tan extenso es el repertorio de llamados de los calderones, si son distintos y si son signo de inteligencia.
“Hace unos 40 años se mataba a las ballenas con arpones para comerlas” —aseguró Ian Boyd, uno de los creadores del proyecto, a la BBC—. “Hoy vemos a estos animales como muy valiosos, los apreciamos más, en parte porque entendemos mucho más sobre la complejidad de sus sociedades y cuán importantes son en la ecología de los océanos”.
Los “científicos ciudadanos”, como los ha llamado Mariette DiChristina, directora de Scientific American, tendrán la tarea de distinguir los matices de las voces cetáceas. ¿Por qué? “Porque el cerebro humano —dice Boyd—, es mejor que cualquier máquina”.