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Las preguntas
1 ¿Los niños de hoy son más violentos o es una falsa percepción social?
2 ¿Cuáles serían las causas?
3 ¿Qué tan grave es el problema de la violencia escolar en Colombia comparado con el resto del mundo?
4 ¿Qué variaciones en la violencia escolar se han observado al comparar colegios públicos con privados, colegios mixtos con colegios masculinos y femeninos y lo que sucede en los diferentes grados de primaria y bachillerato?
5 ¿Qué experiencias exitosas de reducción de violencia escolar conocen?
6 ¿Cuál podría ser la solución?
7 ¿Qué pueden hacer los educadores y qué los padres?
8 ¿Los niños violentos nacen o se hacen?
Enrique Chaux
Doctor en educación, departamento de psicologia U. de los Andes
1. Probablemente la agresión escolar ha existido siempre, pero ahora hay más conciencia de sus consecuencias. Sabemos que sufrir agresión repetida puede generar ansiedad, depresión, desmotivación académica, deserción e, incluso, en los casos más graves, el suicidio o la venganza violenta. Algunas formas de agresión son nuevas, como el cyberbullying, que son burlas, insultos y maltratos por medios virtuales como correos, celulares o redes sociales.
2. Los niños aprenden lo que ven a su alrededor. Si ven violencia en sus familias, barrios, escuelas y medios de comunicación, y si ven que quien la usa es admirado, probablemente van a considerarla aceptable. Además, vivir en medio de tanta violencia hace que muchos se desensibilicen frente al dolor de otros. Y si no me duele lo que les pasa a otros, no me va a importar hacerles daño para conseguir lo que quiero.
3. En varias investigaciones hemos encontrado niveles más altos de agresión en Colombia que en otros países. Según datos de 2005, de la prueba SABER del Icfes, el 29% de los estudiantes de 5º de primaria dicen haber sufrido intimidación escolar (agresión repetida y sistemática que también es llamada matoneo o bullying), mientras que el promedio, según la Organización Mundial de la Salud, es 15%.
4. La agresión está presente en colegios públicos y privados. En colegios femeninos hay altos niveles de agresión por chismes y exclusión, lo cual hace tanto daño como los golpes, pero es más difícil de detectar. En los colegios masculinos se presentan los niveles más altos de agresión, sobre todo de golpes, empujones o patadas. En secundaria ésta se da más por homofobia, cyberbullying y entre pandillas, que en primaria.
5. El programa “Aulas en Paz” acaba de ganar el primer puesto en el Concurso de Buenas Prácticas en Prevención del Delito en América Latina y el Caribe, organizado por la U. de Chile. Esta iniciativa promueve la convivencia trabajando en conjunto con la escuela y las familias. En las evaluaciones que hemos hecho en varias regiones de Colombia y México, con financiación principalmente del Mineducación, hemos encontrado que logra disminuir la agresión entre alumnos.
6. Quienes están en mejor posición para frenar la agresión son los estudiantes. Para ello necesitan desarrollar sus capacidades para relacionarse constructivamente con los demás y con la sociedad, lo que se ha llamado competencias ciudadanas. Dos ejemplos son la asertividad (capacidad para defenderse y defender a otros de forma firme pero sin agredir) y la empatía (capacidad para sentir lo que otros sienten).
7. En el aula, así como en la casa, es tan grave ser autoritario como ser permisivo. El autoritario enseña que las cosas se logran imponiéndose por la fuerza, incluso llegando a maltratar. El permisivo no enseña que hay límites, que hay cosas que no se deben hacer porque dañan a otros. Afortunadamente hay una alternativa: definir las normas con los estudiantes o hijos y aplicarlas, manteniendo el afecto y cuidado de las relaciones.
8. Hay una interacción entre predisposiciones genéticas y ambiente. Cualquier predisposición puede ser mejorada o empeorada con el ambiente. Los niños que ven violencia a su alrededor, la imitan. Pero si experimentan que las personas evitan maltratar a otros, resuelven sus conflictos tratando de llegar a acuerdos, se calman si están alterados y buscan reconciliarse cuando sus relaciones se han roto, aprenden a relacionarse pacíficamente. Nuestros genes no nos condenan a ser agresivos.
Miguel de Zubiría
Psicólogo y director de la Fundación Alberto Merani
1. Los estudios sobre violencia escolar son recientes, si bien el tema gana cada día mayor importancia. Por ejemplo, una investigación de 37 masacres escolares en EE.UU. halló un vínculo entre agresión, depresión y suicidio. La mitad de los muchachos homicidas sufría de depresión y tres de cada cuatro había intentado suicidarse. De tal forma, que parece haber un nexo entre agredir a otros y agredirse a sí mismo. Un hecho muy grave, pues la depresión y la ideación suicida crecen en nuestros jóvenes hasta el nivel de epidemia.
2. Las causas de la violencia escolar recaen sobre la actuación de los padres y los colegios, que han perdido su autoridad y prefieren lavarse las manos para evitar problemas. Tan grave es la pérdida de autoridad de los profesores, que en un estudio mexicano los muchachos entrevistados afirmaron que las agresiones ocurrían en igual proporción durante el recreo, que dentro del aula.
3. Aunque el tema de la violencia escolar cobra cada vez más importancia, los estudios sobre este fenómeno son recientes. Precisamente en noviembre se realizará un congreso en Cartagena para hablar del tema.
4. En la medida en que se conozca más a profundidad la problemática de la violencia escolar, se podrán hacer las distinciones sobre cómo ésta varía de acuerdo con las circunstancias.
5. No conozco aún ninguna experiencia exitosa que pueda citar.
6. La violencia escolar se puede y se debe enfrentar desde dos enfoques: preventivo y remedial. Para prevenir hay que educar afectiva y moralmente a los estudiantes. Una serie de estudios de la U. de los Andes comprobó que las incompetencias afectivas promueven la violencia.
Y en segundo lugar se deben proporcionar remedios para los agresores, las víctimas y los espectadores pasivos que se lavan las manos ante el daño a la integridad de un compañero. Aquí tienen que participar tanto los padres de los agresores como los de las víctimas y asumir sus responsabilidades formativas.
7. Cada colegio y universidad debe crear un Comité de Desarrollo Afectivo integrado por el coordinador académico, un psicólogo escolar, un pedagogo y un trabajador social, para que identifiquen a los agresores y víctimas, quienes, con sus padres, deben recibir directrices de pedagogía reeducativa. Por su parte, los padres tienen la tarea de formar hijos responsables y respetuosos.
8. Hay evidencias de que ciertos niños nacen con una mayor predisposición a dominar y a someter a otros. Ayer una madre me contaba de su hijo negativista de cuatro años, que ya tiene amedrentado a su hermano mayor de ocho. Seguramente ese niño nació con esa predisposición a ser más agresivo que el promedio.
Sin embargo, esto no es una condena, pero sus padres deben ser más severos e intolerantes con sus actos de desobediencia y de atropello a los demás.
Álvaro Franco
psiquiatra infantil, especialista de la Universidad El Bosque
1. Hasta ahora (en los últimos cinco años) se le está dando importancia al fenómeno de la violencia escolar. Pero siempre ha existido. De acuerdo con una investigación del Icfes en niños de 5° y 9° grados, el 22% habían sido víctimas y el 21% intimidadores.
2. Las causas son múltiples. La principal tal vez sea la cadena de maltrato, es decir, padres que fueron maltratados son violentos con sus hijos y estos se “desquitan” con sus compañeritos. Lo que sí se observa es que violan los derechos básicos de los demás, en especial el respeto. En este punto tiene que ver la falta de formación en valores por parte de los padres, que se inculca con el ejemplo y la reprobación de conductas no deseadas.
3. En diferentes estudios la violencia escolar afecta entre el 20 y el 35% de los niños, es decir que estaríamos en un nivel “dentro de lo habitual”, pero no conozco otras investigaciones diferentes a la del Icfes.
4. Sé que están de moda nuevas variedades de violencia escolar, como el matoneo electrónico en redes sociales publicando fotos o inventando chismes de los compañeros. El más frecuente es robar la clave para publicar en el muro de Facebook cosas como: “Soy gay, salgo del clóset a partir de este momento”… “me comí a…”.
También está el matoneo de alumnos a profesores: antes sólo les lanzaban tizas cuando escribían en el tablero, hoy se ve en YouTube videos de muchachos bajándole los pantalones a un docente cuando se voltea a escribir. Es de anotar que sigue siendo muy frecuente la situación inversa, en la cual el profesor se burla y hace quedar en ridículo a un alumno. En mi consultorio veo muchos niños a los que los obligan a leer en voz alta para luego criticarlos delante de todos. Esto les genera ansiedad, y como mínimo una fobia a la lectura o a hablar en público.
5. Son muchas, en especial las llamadas mesas de resolución de conflictos a las cuales asisten profesores, el personero de los alumnos y los implicados.
6. No tengo duda de que se requiere de un elemento de justicia reparadora, esto significa que el implicado acepte el cargo, pida excusas públicamente, realice un acto reparativo, reflexione sobre las consecuencias de sus actos verbalizándolas o por escrito. Se debe garantizar que no repita esa conducta, esto es en contraposición a la justicia punitiva que sería cancelarle la matrícula o excluirlo unos días del colegio, porque con esto muchas veces se siente premiado.
7. Los educadores y padres deben formar en valores, partiendo del ejemplo.
8. Claro que hay factores genéticos involucrados, pero pesa más el medio en el cual viven, o mejor sobreviven, estos niños. La mayoría son violentos porque han sido víctimas de violencia, es decir, de lo que hacen los padres.