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El miedo hacia el nuevo gobierno

El presidente electo no será ni una copia del Luiz Inácio Lula da Silva ni del dignatario venezolano, Hugo Chávez.

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El gobierno de Ollanta Humala y Gana Perú es visto por algunos como una ruta al infierno autoritario, mientras otros auguran un socialismo moderado que otorgue mayor legitimidad a la democracia y a la economía de mercado. La actuación de Humala durante una rebelión liderada por su hermano Antauro, acusaciones por violaciones a los derechos humanos durante su servicio en el ejército y declaraciones grandilocuentes contra el modelo económico, inspiran los miedos. Su moderación en la campaña, cambios en su plan de gobierno para dar más garantías democráticas y económicas y el apoyo reciente de sectores centristas y liberales, motivan a los optimistas. Chávez o Lula, es la pregunta.

Buscar en las profundidades del alma de Humala para saber si ha cambiado no parece adecuado para responder cómo gobernará. Más preciso es usar la experiencia comparada para evaluar qué condiciones favorecen y limitan la acción de líderes plebiscitarios en el continente. Aceptemos, por un momento, que todos estos líderes buscan lo mismo: concentrar poder. Hugo Chávez y Alberto Fujimori no fueron autócratas simplemente porque quisieran serlo, sino porque encontraron terreno fértil para lograrlo. Evo Morales seguro quisiera tener más poder, pero una poderosa oposición regional se lo impide. Álvaro Uribe tuvo en las instituciones un límite importante a su tercera reelección. ¿Cuáles son las posibilidades y los límites de un Humala-Chávez?

Hay que ser muy claros en señalar que si Humala opta por esta ruta, sí existen riesgos para la democracia y la economía de mercado. El control del Estado en un país centralista como el Perú, otorga abundantes recursos para las aventuras plebiscitarias. De tomar esta ruta, seguro se manipularía la política económica para beneficiar al gobierno y sus aliados. El uso clientelista del presupuesto podría darle a Humala la popularidad necesaria para debilitar a la oposición y forzar una reforma constitucional. Si esta es la opción, las instituciones no serán límites suficientes para impedirlo. Las cortes son débiles, la mayoría de partidos cascarones sin contenido y los gobiernos regionales impopulares.

Pero un Humala plebiscitario sí encontraría diques poderosos. Primero, a diferencia de Chávez, Morales o Correa, el triunfo de Humala no es mayoritario. El nuevo Congreso refleja el voto fragmentado de la primera vuelta. Un movimiento autoritario no gozaría, por el momento, de su apoyo. Segundo, el mayor poder en el Perú es el del empresariado. La virulencia de este sector contra Humala ha quedado muy clara en la segunda vuelta, cuando varios medios de comunicación demolieron al candidato por encargo de sus directorios. Probablemente uno de los primeros actos del gobierno de Humala será calmar las aguas mediante nombramientos que aseguren que las reglas económicas no cambiarán mucho.

Finalmente, si bien los partidos son débiles, el fujimorismo constituirá un límite para Humala. Es el partido más organizado del Perú. La juventud de Keiko Fujimori asegura una nueva candidatura en 2016, lo cual ayudará a mantener la disciplina en la organización. La democracia nace del balance de poder y el fujimorismo parece garantizarlo.

Entonces, incluso si la moderación de Humala es falsa, tiene al frente límites poderosos. Humala estará ocupado en defenderse de la oposición, tratar de cumplir con algunas de sus promesas de campaña y lograr que su partido se consolide como una opción para 2016. Su principal reto será el mismo que el de los últimos dos gobiernos: mantener el país en orden, evitando protestas locales dirigidas contra el Estado. Seguro promoverá programas sociales y mayores impuestos a las actividades extractivas, pero sin hacer grandes cambios a la política económica. Sin duda también hay considerable espacio para el error. Incluso un Humala moderado podría hacer un gobierno mediocre.

Todo demócrata debe mirar con desconfianza a Humala y fiscalizarlo. Pero los límites señalados harán a Humala más prudente que radical. No un Lula, no exageremos, pero tampoco el temido Chávez.

 * Politólogo, profesor de la Universidad Católica de Perú.

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