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Cualquier colombiano, ya sea por vivir en una zona de conflicto o por escucharlo en las noticias, sabe que una de las grandes causas de deforestación en el país son los cultivos ilícitos de coca. Desafortunadamente las cifras para probarlo habían sido hasta ahora muy escasas. Liliana Dávalos, una bióloga colombiana radicada en Estados Unidos, sabía que era necesario aportar datos solidos sobre este tema.
Junto a varios investigadores inició un estudio para entender cuál era la asociación entre cultivos ilícitos y deforestación, qué otros fenómenos llevaban a la pérdida de bosque y si era posible frenar el daño por medio de la creación de áreas protegidas.
Ya que era imposible conseguir la información por medio de trabajo de campo (pues en las zonas estudiadas aún hay actores armados), contactaron al Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos —oficina patrocinada por las Naciones Unidas—, cuyos miembros venían elaborando desde 2000 un censo de cultivos ilícitos por medio de imágenes captadas desde satélites y aviones.
El equipo de Dávalos estudió la deforestación entre 2002 y 2007. A simple vista la evidencia era contundente: donde había cultivos ilícitos incrementaba la deforestación. Luego, usando varios modelos incluyeron otras variables, como los medios de transporte hasta el lugar, su altitud, clima y si estaba situado en un área protegida. Así se dieron cuenta de que en lugares protegidos por el gobierno la deforestación era mucho menor. Se reducía casi a la mitad.
Otra de sus observaciones fue que el número de habitantes cercanos a los cultivos ilícitos no era necesariamente proporcional a la cantidad de deforestación. Según el estudio, no porque haya más gente cerca a un cultivo, se cortan más árboles. Esto se debe a que los cultivadores y otros miembros de la población tienen que estar moviéndose constantemente por presiones del estado o amenazas de otros grupos armados. Si las personas se desplazan para hacer nuevos cultivos deben deforestar otras partes del bosque que antes estaban intactas, ampliando así la frontera agrícola.
Las conclusiones de la investigación son claras. Los cultivos ilícitos sí aumentan la deforestación y las áreas protegidas sí ayudan a evitarla. Además quedan preguntas abiertas sobre el aspecto social de los cultivos. “No por sembrar coca estos pueblos son subdesarrolados, pero la coca es un síntoma de su subdesarrollo —explica Dávalos—. Estos síntomas, como los cultivos de coca, son precisamente los que causaron que en la zona central del país, por ejemplo, se perdieran 10.000 km2 de bosque en cinco años.