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Los franceses parecen esperar sin mayor sorpresa los resultados de las elecciones presidenciales del 6 de mayo. François Hollande el candidato socialista, se proyecta cada día más como el sucesor del derechista Nicolas Sarkozy.
A no ser que a última hora se produzca una movilización masiva del electorado de los partidos de derecha y de los abtencionistas en favor del presidente-candidato Sarkozy. O que haya una abstención por el lado de los militantes de izquierda y de centro, lo cual es poco probable dado el interés que ha suscitado en esas mayorías la candidatura de François Hollande, brillante alumno del fallecido presidente François Mitterrand.
Hasta el centrista François Bayrou del MoDem (Movimiento Democrático), uno de los líderes políticos y de los más fieles al pensamiento del General Charles de Gaulle, acaba de alinearse a François Hollande tres dias antes del día «D».
Esa sí ha sido una sorpresa para los franceses. Este jueves François Bayrou, el quinto en los resultados de la primera vuelta del 22 abril, anunció que su voto del domingo será para François Hollande. Bayrou ha dado así la espalda a Nicolas Sarkozy, por haber rebajado dice, el ejercicio de su función, osando defender tesis xenófobas y nacionalistas con el único objeto de ganar nuevos adeptos para su campaña.
François Bayrou fustiga a Nicolas Sarkozy que ahora esgrima el control de la inmigración y de fronteras como prioridades en su programa. Con ello dice Bayrou, el presidente-candidato taiciona los valores de la derecha republicana y social a la cual él adhiere.
Pero este apoyo de Bayrou a Hollande no irá mas allá de las elecciones legislativas de junio. Es en ellas y a nivel regional que se hacen los acuerdos, las coaliciones para que cada partido pueda alcanzar escaños, ojalá en un buen número en la Asamblea Nacional.
Por eso será que Bayrou advirtió que votar por Hollande no lo convierte en un hombre de izquierda y tiene razón. Su gesto no garantiza que los 9 millones de franceses que votaron por él en abril lo hagan el 6 de mayo por el candidato socialista.
Las predicciones del 52% contra el 48%
Avanzar victorias electorales comporta sus riesgos pero los analistas políticos se atreven a hacerlo basándose en sondeos y en el análisis del comportamiento del electorado francés durante los comicios del 22 de abril. La dinámica de los votantes parece indicar esta vez que la era de Sarkozy está llegando a su fín. «Todo menos Sarkozy » dicen los franceses de izquierda, «vete de una vez» le gritan los sindicatos.
No hay que perder de vista sin embargo los 17 millones de franceses que votarán con toda seguridad por Sarkozy (48%). Lo dicen las estadisticas que también indican que otros 19 millones (52%), mayoritariamente de izquierda, se inclinarán por François Hollande.
Las razones que auguran la derrota del presidente Nicolas Sarkozy son numerosas. Lo primero, no se le perdona que haya incumplido sus promesas de campaña de 2007 : aumentar el poder adquisitivo de los franceses, favorecer la creación de empleos, apoyar la pequeña y mediana empresa, aumentar la fiscalidad para los dueños de grandes fortunas.
A «Sarko, el presidente de los ricos», como se lo llama ahora, se le acusa no sólo de haber incumplido sino de haber hecho lo contrario: aumentar los impuestos en las clases menos favorecidas y en materia de creación de empleo, son cerca de tres millones de franceses los que hoy estarían desempleados. Ocho millones correrían el riesgo de caer en la pobreza segun denuncian los grandes sindicatos franceses CGT, CFDT, Solidaires. Los más afectados son los jóvenes, las mujeres y los mayores de 50 años.
Nicolas Sarkozy entrega un país en déficit. Con una degradación en el sistema de salud, cierre de centros de atención, privatización de servicios hospitalarios, desmantelamiento del sistema educativo, el pilar de la República, con la reducción del número de maestros y de profesores. También con la reducción de las ayudas a las universidades, lo cual las obliga ahora a autofinanciarse, creando así una educación de dos categorias : una de calidad para los alumnos que pueden pagar y otra mediocre para los jóvenes sin recursos.
A Sarkozy se le imputa también que no haya evitado el cierre de fábricas nacionales pero más que todo de haber contribuido a la construcción de una Europa ultraliberal en donde la circulación de grandes capitales fomenta el fraude fiscal.
Es de ese ambiente enrarecido que surge otra gran sorpresa de esta campaña, Marine Le Pen, la nueva figura de la extrema derecha. Los 6, 5 millones franceses que votaron por esta abogada de 43 años el pasado 22 de abril, demuestran que la pauperización de las clases medias y populares ha conducido a millones de franceses a abrazar postulados populistas. No a la inmigración, prioridad laboral para los franceses, abandono del Euro como moneda única…
Los franceses intentan resistir a ese modelo ultraliberal impuesto y encarnado por Nicolas Sarkozy «el amigo de los ricos», una etiqueta que le podría hacer perder ahora las elecciones del domingo.
La prensa francesa comentaba hace unos días que François Hollande tendría un equipo de 400 asesores trabajando para él en temas de economía, finanzas, asuntos internacionales, políticas sociales, inmigración, salud, educación y ecología.
Tiene razón el candidato en poner a su servicio los cerebros más brillantes. François Hollande no tendrá ninguna tregua. Si es elegido presidente de Francia el domingo 6 de mayo, el lunes 7 deberá comenzar a asumir la responsabilidad que le confian los que votarán por él y los que esperan una gestión diferente de la economía del país.
Si en cambio Nicolas Sarkozy » Nico» para sus simpatizantes, es quien este domingo sale reelegido, tendrá que replantearse su propio modelo si quiere evitar la descomposición de los fundamentos mismos de la república francesa que son la libertad, la igualdad y la fraternidad.
Por MH Escalante, colaboradora de Soyperiodista.com