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Si las naciones del mundo llegan ahora a un compromiso se abrirán las puertas para que se logren objetivos tan ambiciosos como limitar a dos grados el calentamiento global en este siglo o la reducción de hasta un 60% de las emisiones de CO2 en los próximos 40 años.
Sin embargo, la amenaza de la crisis financiera se deja sentir y plantea difíciles retos a la reunión, en donde se podría prever una reducción en los recursos destinados por los países a la lucha contra el cambio climático. Pero grupos como Greenpeace mantienen el optimismo y esperan que Poznan tenga en cuenta su propuesta de una revolución energética mundial basada en fuertes inversiones en energías renovables que reduciría las emisiones mundiales a la mitad en 2030.
Donde no existe ninguna duda es en la necesidad de la implicación de potencias emergentes como China, India, Brasil y México para lograr un nuevo Protocolo posterior al de Kioto. Desde el grupo del G-77 (el que engloba a los países menos desarrollados) China pide acelerar la transferencia tecnológica y el establecimiento de un fondo de ayudas para luchar contra el cambio climático, incluso se propone que los estados más ricos destinen el uno por ciento de PIB para combatir este problema.
Así, alrededor de 8.000 personas y delegados de más de 190 países intentarán ponerse de acuerdo en Poznan para consensuar una hoja de ruta a seguir para llegar con éxito a la definitiva cita de Copenhague.