Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
El Ministro de Ambiente Carlos Costa explica porque el país se ha convertido en la piedra del zapato para los intereses de los países pobres y algunos otros en vías de desarrollo.
Carlos Costa, el ministro de medio ambiente de Colombia, llegó este fin de semana a Copenhague para ponerse al frente del equipo negociador. La última ronda de la cumbre, a la que a partir del miércoles se suman 110 jefes de Estado, comenzó con tropiezos pues los países africanos suspendieron los diálogos el lunes. Protestaban porque consideran que los países desarrollados están saboteando la cumbre y quieren enterrar el Protocolo de Kyoto (único instrumento que por ahora los obliga jurídicamente). Colombia, a diferencia de la mayoría de países en desarrollo no apoyo la decisión de los africanos.
No es el único punto. El ministro Costa explicó la posición del país en los temas más sensibles y polémicos. Criticó que algunos países estén tratando de convertir la cumbre en un asunto de pobres y ricos.
¿Cómo va a ser esta última semana de negociación?
Los daneses sienten que los ministros tienen un mayor nivel de compromiso político, de responsabilidad de la resolución de los problemas que los que tienen los técnicos. En esto hay un par de personas que han estado negociando toda la vida y tienen posiciones muy definidas y es necesario que entren nuevos actores para resolver los problemas. Ese es el afán de entrar a la etapa con los ministros.
¿Cómo están las posiciones de los grupos en este momento?
Depende del tema. En emisiones están divididos los chinos, los europeos y los gringos. Y los hindúes van ahí por los laditos. Es un asunto del monto de las reducciones y de monitoreo, reporte y verificación. Lo que dicen los países en desarrollo es "ustedes están ofreciendo cosas, pero cómo las vamos a verificar".
¿En financiación?
No hemos tocado casi el tema. Lo que hay sobre la mesa son 10 billones de dólares. Después del anuncio de Yvo de Boer, el G 77 elevó la línea de negociación y comenzaron a pedir 100 billones de dólares anuales. La idea es que quede en un rango de 20 a 60.
¿En adaptación?
Son temas durísimos. Nosotros somos unos de los actores duros. Estamos tratando de dejar claro que esto es un tema de vulnerabilidad y no de pobreza ni de ser pequeña isla. Los países desarrollados quieren dirigirlo hacia allá porque resuelven el problema con menos plata.
¿No es razonable tratar de concentrar los recursos en los puntos más críticos?
Hay que tener claro de qué se trata esta convención. No es de ayuda al desarrollo. Es una convención de cambio climático. Por eso nos odian. Porque hacemos el trabajo sucio. Sienten en que nos atravesamos en que las cosas avancen. Los que más insisten en adaptación somos nosotros. Lo que debe primar aquí es la palabra vulnerabilidad. La plata se debe ir para los más vulnerables. Por supuesto ser pobre y menos desarrollado cuenta, pero no quiere decir que hay situaciones de alta vulnerabilidad que deben primar.
¿Entonces qué es lo que propone Colombia en adaptación?
Propusimos que entre los países vulnerables se incluya aquellos que tengan "diversidad única", "ecosistemas frágiles costeros y de alta montaña" y "otros ecosistemas frágiles". Lo que dicen los pequeños países insulares es que el 100% de su producto interno bruto se vería afectado en el momento de una catástrofe. El nuestro no es en términos del 100% pero tiene un gran costo. El año pasado una gran parte del Fondo de Regalías se fue a atención de desastres. Que no nos digan que son los únicos afectados.
¿Quién apoya al país en esto?
Bolivia, Ecuador, Costa Rica, Perú, Uruguay, Panamá.
¿Por qué en el tema de recursos para luchar contra la deforestación (el proyecto REDD) Colombia también está en contravía de lo propuesto por la mayoría que quieren que se manejen los dineros a nivel nacional y no subregional?
La plata de Redd de esta convención no es una donación para compensarnos por el pasado. Es para frenar la deforestación o las amenazas a la deforestación. Lo más fácil para todos sería que cada país se comprometa a unas metas de control de su deforestación y recibiera unos recursos. Si no cumple le suspenden los recursos. Si cumple le llegan más. Pero Colombia tiene particularidades. Uno, nuestra tasa de deforestación es bajita y si una región se descuadra las metas nacionales se ven afectadas.
Si en alguna región pasa algo la posibilidad de recibir plata para el resto del país se ve amenazada. Dos, los proyectos de Redd tienen que ser consultados con las comunidades. No puedo llegar a decir "por ley aquí se baja la deforestación". Eso debe ser consultado. Sobretodo porque la mayor parte del bosque está en territorios de propiedad de indígenas y comunidades negras. Trabajar a nivel subnacional da esa flexibilidad.
¿Pero dicen que la posición de Colombia obedece a su situación de orden público?
Ese es el cuento que están vendiendo para atacar nuestra situación. Nuestra posición esta fundamentada en que cuando uno tiene un país con la variedad cultural y geográfica como Colombia no le pueden pedir lo mismo que a un país centroamericano. Queremos abrir la puerta para que los recursos entre comunidades y recursos sea directa, que no todo lo tenga que intermediar el Estado y se cree una burocracia. Cuando se genera una reacción más directa, la comunidad se da cuenta que se está hablando en serio y hacen bien la tarea.
¿Pero parte del problema es que Colombia no puede frenar los cultivos de coca que se extienden al bosque?
Eso es una parte del problema. Otra parte es el aumento de frontera agropecuaria en el Caquetá, en todas partes. Tengo que asegurarme del problema de la coca, pero el tema central es que es un trabajo con comunidades. La tala ilegal de madera que en Colombia aporta más de la mitad de la madera del mercado no viene del cultivo de coca, viene de la deforestación ilegal.
¿Está preocupado porque Colombia podría quedar por fuera de todos los temas importantes en Copenhague?
Por eso nos ha tocado hacer el trabajo sucio. Si no dejamos claros estos puntos nadie lo va a hacer. No estamos haciendo esto por nosotros. Lo hacemos porque estamos convencidos de que la mayoría países cuando vean cómo es que esto se mastica, se van a dar cuenta que el esquema nacional no es mamey, y esto no va a funcionar. Estoy convencido que si se va a nacional vamos a tener un montón de países recibiendo una plata para controlar la deforestación y en cinco años nos vamos a dar cuenta que se fue en burocracia, salarios, y la deforestación seguirá ahí.