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La mujer recibió uno y dos golpes en el rostro a la entrada de una discoteca. Lloriqueó. Pidió ayuda. Luego terminó abordando un taxi acompañada de su agresor, el director técnico de un equipo de fútbol. Hasta ahí se conoce la historia. De su futuro, lo único que se podría decir es que el próximo año su caso pasará a ser una estadística más en el libro que anualmente entrega Medicina Legal, y que revela, por ejemplo, que en 2010 un total de 49.081 mujeres fueron víctimas de violencia interpersonal. Como ella esa madrugada.
Del pasado de esta historia tampoco hay certeza. ¿Qué pasó un minuto antes de que el entrenador lanzara el golpe que le costaría —hasta ahora— el puesto, y que lo pondría en el escarnio público? ¿Qué dijo ella? ¿Qué lo impulsó a él a levantar el brazo? La versión oficial sólo la saben ellos dos, pero la explicación psicológica, mental, analítica de ese comportamiento la puede tener un psiquiatra de la Fiscalía que pidió no revelar su nombre. Un experimentado en casos de violencia que habla con total propiedad al otro lado de la línea.
— ¿Qué impulsa a un hombre a violentar a una mujer? Una palabra, un gesto, cualquier conducta mínima de ella que él interprete como una amenaza.
Testigos dicen que el director técnico estaba ebrio cuando lanzó el primer manotazo. Otros más han asegurado que hacía mucho tiempo el hombre estaba alejado de la bebida, que no podía tomar —por alguna razón médica o personal—, que él lo sabía y, sin embargo, lo hizo. Algún locutor aseguró haber escuchado al mismísimo Bolillo decir que actuó bajo un estado de inconsciencia. Que cuando recuperó el sentido ya había sucedido todo: los puños, el escándalo, el llanto de la mujer.
— Cuando una persona está bajo los efectos del alcohol no pierde la conciencia sino el control de sus actos. Se mezcla el instinto de supervivencia (cualquier gesto puede tomarlo como una agresión, una amenaza). Y a eso hay que sumarles las respuestas neurológicas que tiene el alcohol sobre su cuerpo —dice el psiquiatra.
— ¿Cualquier persona respondería de esta manera a una situación similar, o tienen que combinarse otros factores?
— Es un coctel. Todo los seres humanos (independiente de si es hombre o mujer) por instinto tenemos dos tipos de reacciones cuando nos sentimos en peligro: o nos enfrentamos o huimos de esa amenaza. Es algo básico. Pero si tenemos algunos rasgos de personalidad antisocial, o presencia de una enfermedad mental, eso nos puede transformar la percepción de lo que en realidad está sucediendo —responde el psiquiatra.
Lo que en realidad sucedió fue que el director técnico llegó al bar con una mujer flaca de pelo largo. Que se tomaron unas copas. Que salieron de afán de la discoteca. Que él la golpeó una y dos veces en la calle. En la calle —o “vías públicas”, como las cataloga Medicina Legal—, el mismo escenario donde el año pasado fueron agredidas 49.081 mujeres. Fue un domingo en la madrugada, el mismo día en que 9.480 mujeres padecieron violencia interpersonal. Y ocurrió en Bogotá, ciudad que sumó 15.467 víctimas del sexo femenino de este flagelo. ¿Cuántas fueron agredidas por un hombre embriagado? El informe de Medicina Legal no lo especifica.
“El alcohol no es suficiente. Cada uno tiene una historia, una personalidad estructurada, que también cuentan en estos tipos de situaciones y que pueden llevarlo a replicar modelos de comportamiento que ya tiene establecidos”. (Carlos Barrientos, director terapéutico de la Fundación Génesis de Colombia). Él, experto en adicciones, no lo piensa para responder que estas conductas necesitan ser tratadas, necesitan de un proceso terapéutico. “Muchas veces lo que hablamos en las sesiones es que no es la cantidad lo que representa un problema de adicción, son más los comportamientos o las consecuencias que tenga el uso de esa sustancia en tu vida”.
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Bogotá, agosto 8 de 2010. Frente al incidente personal ocurrido el sábado pasado y el cual me ha tenido mortificado desde ese momento, quiero manifestar públicamente que lamento profundamente este hecho y el haber perdido el control de la forma en que lo hice. Cordialmente, Hernán Darío Gómez Jaramillo.
“Somos seres impulsivos, pero nos controla la corteza prefrontal. Esa corteza, cuando estamos bajo efectos del alcohol o de las drogas, se bloquea totalmente. Eso es lo que sucede. Pesa más la gratificación propia, los instintos” (Pilar Hernández, docente de la Facultad de Psiquiatría de Sanitas).
Los instintos, las emociones, los impulsos violentos que la neurociencia explica así: lo que algunos llaman el cerebro de reptil opera bajo el más elemental de los softwares vitales. Un software en el que la meta es sobrevivir a toda costa. A esas estructuras se fueron sobreponiendo otras más evolucionadas, como la corteza prefrontal, que alberga funciones superiores como el pensamiento y la conciencia. El viejo cerebro no desapareció. En circunstancias donde la vida corre peligro resurgen esos antiguos instintos. El problema es cuando el viejo mono o reptil sale de la jaula en el momento inadecuado. El director técnico de esta historia conoce las consecuencias.
Madrid, agosto 9 de 2011. El técnico Hernán Darío Gómez renunció este martes al cargo de seleccionador nacional de fútbol de Colombia a raíz del escándalo que protagonizó al golpear a una mujer en la calle (periódico El Mundo).