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El primer artículo que el neurocientífico italiano Giacomo Rizzolatti y sus colaboradores de la Universidad de Parma escribieron para contar el descubrimiento de un curioso grupo de neuronas en los cerebros de macacos fue rechazado por la revista Nature. Quien lo evaluó, consideró que carecía de interés general.
Eso fue en la década del noventa. Cerca de veinte años después, el neurólogo Vilayanur S. Ramachandran, quien según la revista Newsweek es una de las 100 personas a seguir en el siglo XXI, diría que ese grupo de neuronas, que los humanos compartimos con los macacos y que pasaron a conocerse como neuronas espejo, “eran para la psicología lo que el ADN por la biología” y, según él, eran las células que habían moldeado la civilización.
Un cumplido que se ha sumado a las decenas de premios y reconocimientos que Rizzolatti ha recibido desde entonces, incluyendo el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2011, hace apenas un par de semanas. El premio fue compartido con el neurobiólogo norteamericano Joseph Altman y el mexicano Arturo Álvarez-Buylla.
Las neuronas de la civilización
Fue por accidente que Rizzolatti descubrió las neuronas espejo. En los experimentos con macacos buscaba entender mejor el sistema motor, responsable del movimiento, así como la percepción y la atención. Para esto, medía la actividad neuronal mientras los animales tomaban algún objeto con sus extremidades. Para su sorpresa, cuando los macacos veían que un humano o alguno de sus congéneres realizaban el mismo movimiento, el grupo de neuronas que antes se había activado lo volvía hacer.
Las neuronas espejo eran una de las piezas claves que hacían falta para entender una parte del comportamiento humano, la forma en que aprendemos, las relaciones sociales, pero también trastornos como el autismo y algunos desórdenes de la personalidad.
Ocurren cosas asombrosas con estas neuronas. Por ejemplo, personas que han perdido un brazo o una pierna y sufren del llamado Síndrome del Miembro Fantasma, pueden llegar a experimentar algún alivio tan sólo viendo que otra persona recibe un masaje en la pierna o brazo correspondiente.
Pero quizás la tarea más importante de estas neuronas es que son en parte responsables de una de las emociones más importantes dentro de nuestro orden social: la empatía.
“El sistema de espejo hace precisamente eso, te pone en el lugar del otro. La base de nuestro comportamiento social es que exista la capacidad de tener empatía e imaginar lo que el otro está pensando”, explicó en una entrevista el propio Rizzolatti.
En una conferencia que el hindú Ramachandran ofreció en la plataforma TED, una organización que se dedica a promover las “ideas que vale la pena difundir” (www.ted.com), llegó a decir que si no fuera por la piel que nos separa, gracias a estas neuronas podríamos pensar que todas las conciencias humanas están de alguna forma conectadas formando una sola, como lo han creído algunas filosofías orientales. Gracias a las neuronas espejo somos capaces, con una sola mirada, de compartir el dolor o la felicidad de los demás.