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Lo primero que aclara Suresh Naidu es que su participación en el movimiento Occupy Wall Street no es como investigador y profesor de la Universidad de Columbia. Simplemente es uno más de los cientos de voluntarios dispuestos a colaborar con alguna de las tareas que exige una movilización como esta para mantenerse vital.
La primera reunión de indignados en Zuccotti Park (Nueva York) la siguió a través de internet desde la comodidad de un sillón frente a su computador. “No pensé que llegaría a ser muy grande. Estas cosas siempre están sucediendo”, cuenta a su paso por Bogotá, donde dictó una serie de charlas sobre economía en la Universidad de los Andes y aprovechó el tiempo para conocer a los líderes del movimiento estudiantil colombiano.
Cuando ya algunos de sus amigos pasaron a ser parte del movimiento que reclama poner fin a los excesivos privilegios del 1% de la población más rica de Estados Unidos, Naidu tomó la decisión de dejar a un lado, por un tiempo, sus investigaciones económicas y concentrar su energía en entender y participar de la protesta.
“Si piensas en un país como Estados Unidos, donde la inequidad es enorme y el desempleo entre los jóvenes aumentó 10%, era inevitable que tarde o temprano ocurriera algo así”, dice.
No cree que se trate del fin del capitalismo, como algunos pregonan. La indignación social y la ira brotan como reacción a algunas instituciones que no funcionan bien y cometen abusos. El malestar, con el paso de los días, va tomando muchas caras. Desde los trabajadores de la casa de subastas Sotheby’s, que reclaman una renegociación de sus condiciones laborales, hasta la Universidad de Harvard, donde nació una célula del movimiento que reclama mayor justicia para los salarios de los empleados menos remunerados: el mejor salario en la universidad puede superar 100 veces al peor.
Naidu cree que parte de la energía que mantiene vivo al movimiento proviene de la solidaridad entre los participantes. Solidaridad que se manifiesta en formas de organización económica donde el dinero no es lo importante. La comida circula en la plaza tomada sin que se vean los billetes.
“Es una pelea generacional”, apunta, “quizás tomará más de 25 años ver el final de esta lucha”. Ayer, Naidu se reunió con estudiantes que han liderado las marchas en Colombia. Quería conocer detalles de su movimiento, como lo ha hecho con los de las marchas de indignados en España y de la Primavera Árabe.
Aunque los motivos que mueven a unos y otros son distintos, cree que las instituciones en los distintos países tendrían que cambiar en algún grado para ajustarse a estos masivos movimientos sociales, la mayoría conformados por jóvenes educados que se sienten inseguros frente al futuro que les espera.
En su opinión, uno de los retos que comparte Occupy Wall Street con el movimiento estudiantil y los indignados en España es encontrar formas de organización que no traicionen los principios en que se fundaron, pero que sean útiles para tomar decisiones.