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Esthercita Forero, guacherna soberana

La artista, destacada por la composición de algunas de las canciones del Carnaval de Barranquilla, fue pionera en la exportación de varios estilos del folclor caribeño.

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Lo suyo no fue amor a primera vista. El debut de Esther Forero Celis, más conocida como Esthercita o La Novia de Barranquilla, fue un poco menos que doloroso. Desde los cuatro años estaba acostumbrada a exhibir sus capacidades para el canto expandiendo su pecho y proyectando su voz para que la escucharan en los más importantes espacios abiertos del Atlántico. Así lo hizo durante su primera Batalla de Flores, cuando consiguió aplausos espontáneos de un círculo que se agolpó a presenciar las dotes de una pequeña a la que le bastó un segundo para soltarse de la mano de su mamá, Josefina Celis, y perderse entre la multitud. Antes de entrar en la adolescencia, cuando ya tenía reconocimiento local, la invitaron a la emisora La Voz de Barranquilla para establecer quién era la joven de la que se hablaba en todos los rincones pero que pocos conocían. Allí se encontró de frente con el micrófono, un aparato que lograba, sin esfuerzo, lo que para ella significaba sudor y lágrimas. Nadie le advirtió y cantó a pulmón pleno. El resultado fue decepcionante porque su voz se escuchó distorsionada, muy aguda, como sin alma.

Esa primera caída le representó algunos meses de distanciamiento del arte sonoro. Sin embargo, un guiño de los propietarios de la emisora fue suficiente para su retorno. Ella se sintió con la madurez necesaria para retar a ese monstruo lleno de huecos y convertirlo en su más eficiente cómplice. Esthercita Forero cantó el tema Las golondrinas y el resultado fue mucho más que satisfactorio. Afinación perfecta, proyección adecuada del talento y, por supuesto, aplausos de los fieles oyentes de La Voz de Barranquilla. Esa presentación genuina le implicó un contrato de exclusividad para participar en el programa tres veces a la semana y con estos recursos comenzó a trabajar en beneficio de los niños en estado de vulnerabilidad. Su infancia, marcada por las carencias económicas, la llevó por la vía de la superación y la solidaridad.

Además de crecer como artista, ella quería conocer el mundo y por eso se desempeñó como agente viajera durante algunas temporadas. Gracias a ese trabajo llegó a Bucaramanga, Medellín, Bogotá y Cali. Lo único que faltaba entonces era su internacionalización, que comenzó en Venezuela, Panamá y República Dominicana, donde escribió su primer éxito mundial. Santo Domingo, un bolero al mejor estilo clásico que le dio la oportunidad de componer para la agrupación del maestro Rafael Hernández. El paso siguiente fue la conquista de las dos plazas más importantes para el sonido latino: Cuba y Nueva York. En la mayor de las Antillas logró un eco relevante al participar en un programa conducido por Francisco ‘Pacho’ Portuondo y en Nueva York se relacionó con figuras como Tito Puente, Mario Bauzá y Frank ‘Machito’ Grillo.

En la década del 60 regresó a Colombia después de una prolongada residencia en Estados Unidos. A su retorno se encontró con que su nombre estaba vinculado al sabor y que las más rutilantes estrellas de la canción tropical solicitaban temas con su sello. Pero no sólo Joe Arroyo, la Orquesta de Pacho Galán, Juan Piña, Matilde Díaz, Aníbal Velásquez y Alci Acosta querían entonar sus letras, sino que el Ballet Nacional de Sonia Osorio deseaba tenerla dentro de su nómina como asesora musical. Este tiempo de bienestar en el que creó, para no ir más lejos, el tema La luna de Barranquilla, se interrumpió con el asesinato de su hijo Iván en 1968, lo que ocasionó un receso de un poco más de un lustro.

Se alejó de los escenarios, pero volvió para ocupar el primer lugar en un concurso de composición en Villavicencio y para posicionar el desfile de la Guacherna dentro de la programación del Carnaval de Barranquilla. Consiguió ambos objetivos y se dio a la tarea de escribir algunos de sus temas más recientes. Palito de matarratón, Le voy a pedir al cantor y Cuando suena la cumbia.

Esthercita Forero, además de haber sido la responsable de buena parte de la banda sonora del evento que cada febrero moviliza a la capital del Atlántico, fue una imagen que congregó al público en torno al goce y la alegría. No es gratuito que tenga una plaza con su nombre y que su estatua (engalanando una carroza, tal como dijo que le gustaría que la recordaran después de su partida) sea uno de los monumentos más visitados en Barranquilla. Con su actitud reflejó el espíritu de un pueblo y con su estilo marcó el rumbo de la música tropical colombiana. Lo suyo fue una consagración permanente a la cultura, un amor más allá del primer vistazo. 

El viernes murió Esthercita Forero

Esthercita Forero, también conocida como La Novia de Barranquilla, murió ayer en la tarde. La cantantutora, de 91 años, presentaba un delicado estado de salud desde el mes pasado, pues el 11 de mayo se cayó y se fracturó el hombro derecho. Ese mismo día fue internada en la Clínica La Asunción, en la capital del Atlántico, y su estado de salud siempre fue empeorando.

En su momento el centro de salud, a través de un comunicado, señaló: “La artista se encuentra internada en la Unidad de Cuidados Intermedios, en estado delicado, con tendencia a la hipotensión o presión baja, por lo cual ha recibido tratamiento con medicamentos endovenosos”.

Su cuadro médico empeoró y sus males derivaron en convulsiones y en una isquemia cerebral. Sus signos vitales fueron desmejorando, según confirmaron los médicos, y Esthercita Forero falleció debido a un cuadro de shock secundario por una obstrucción intestinal.

 

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