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Historia de un fracaso

Un escaso conocimiento de la burocracia internacional, una débil estrategia de comunicación y la ausencia de una política exterior clara sellaron la derrota que podría influir en otras aspiraciones.

28 de mayo de 2012 – 11:00 p. m.

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Hacia las 9:30 de la mañana del lunes terminó el sueño del vicepresidente Angelino Garzón, y del gobierno colombiano, de dirigir la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Su candidatura naufragó en la cuarta ronda de votaciones , al recibir sólo siete apoyos de los 56 miembros del Consejo de Administración del organismo, reunidos a puerta cerrada para definir al sucesor del chileno Juan Somavía.

La suerte del político colombiano fue decidida por los representantes africanos, quienes, al conocer que sus tres aspirantes fueron eliminados en las rondas previas, se decantaron por el francés Gilles de Robien y por el británico Guy Ryder, quien al final sería elegido como nuevo secretario general (ver artículo adjunto).

Es aquí donde se puede empezar a comprender el fracaso de una candidatura que, según el gobierno colombiano, tenía el 60% de posibilidades de éxito. Ambos finalistas tienen una fuerte historia de relacionamiento con la burocracia de la OIT: mientras De Robien lleva alrededor de cinco años trabajando con el organismo y fue presidente de la Conferencia Internacional del Trabajo en 2010, Ryder se desempeñaba hasta ayer como su director general.

En cambio, la hoja de vida de Angelino Garzón atestigua cargos sindicales, gubernamentales, ministeriales y la embajada permanente de Colombia ante la OIT, pero ninguna responsabilidad en su interior. Por si fuera poco, su nominación nunca contó con el apoyo de los sindicalistas colombianos. “Hubo 11 ó 12 organismos internacionales que presentaron informes acusando a Colombia de incumplimiento en la defensa de los derechos fundamentales. El resultado es también un fracaso del gobierno Santos, que tiene dos caras: afuera se compromete a todo y aquí no cumple nada”, dice Domingo Tovar, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), organización que desde el inicio apoyó el nombre de Ryder.

Otra gran debilidad fue la estrategia de campaña. La única carta de presentación de Angelino ante el mundo fue su propuesta de dirección de la OIT y sus visitas internacionales buscando apoyo, pues su candidatura fue muy tibia en lo referente a los medios de comunicación (no contó con página web propia, sólo un instructivo en el portal de la Vicepresidencia con fines educacionales). Al contrario, Robien, su contendor francés, mantuvo informados minuto a minuto a los internautas del avance de sus conversaciones con los delegados de la OIT, las cuales eran replicadas masivamente por el equipo de comunicaciones de la Cancillería francesa y sus embajadas.

“Fue una campaña que se adelantó sin una política internacional clara. Esto demuestra que hay un afán por conseguir cualquier cantidad de puestos, sin saber muy bien por cuáles jugársela y por cuáles no. Y ahora Colombia tendrá que volver a hacer campaña, con un capital político desgastado, para lograr que Humberto Sierra Porto acceda a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos”, señala la analista internacional Laura Gil.

El debate también tendrá que girar sobre el costo que asumió el país para llevar a cabo un objetivo que no prosperó. La Contraloría, en un hermetismo completo, trabaja recabando las cifras de los dineros públicos asignados a la campaña de Angelino. Y aunque aún no hay certeza de cuánto se invirtió (según versiones, entre $200 millones y $500 millones), el portal Confidencial Colombia estableció que el vicepresidente recibió más de $166 millones en viáticos para adelantar su campaña.

Un ingrediente más que conformará el análisis final de una candidatura que creyó haber asegurado su objetivo de dirigir la OIT, pero que, debido a las fallas de planificación, sólo se enteró de que vivió del sueño a la hora de contar los votos a su favor.

Europa liderará la OIT

El británico Guy Ryder se convirtió ayer en el primer secretario general de la OIT que llega al cargo tras ser propuesto por las organizaciones sindicales y no por un gobierno miembro del organismo. En la última votación del proceso, su candidatura venció por 30 votos a la del exministro francés Gilles de Robien, que sólo obtuvo 26.

Este sindicalista de 56 años inició su carrera en 1981, al desempeñarse en el Departamento Internacional de la británica Trades Union Congress. Posteriormente ocupó la dirección de la Confederación Sindical Internacional, de la cual salió para convertirse en director general de la OIT y responsable del Departamento de Normas Técnicas.

Ryder, quien asumirá funciones el próximo primero de octubre, tendrá el reto de impulsar políticas de trabajo en medio de la aguda crisis económica que atraviesa Europa. La CUT le propondrá revisar el papel del gobierno colombiano en el cumplimiento de los compromisos laborales.

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