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Fue un caos anunciado. Las tractomulas (de 300 a 1.000, dicen los protestantes, sin que haya una cifra oficial) llevaban ya varias horas apostadas en vías estratégicas cuando amaneció en Bogotá y unas 150 mil personas se vieron, de repente, sin posibilidad alguna de transporte hacia sus trabajos, sus colegios, sus actividades. Lo que debió ser un “desfile de camioneros”, según la Secretaría de Gobierno, que dio permiso a la actividad, se convirtió en una jornada anárquica que afectó, principalmente, a los habitantes del suroccidente de la ciudad.
El paro del gremio de camioneros, que completa 14 días en todo el territorio nacional, llegó a la capital el pasado lunes en la tarde con bloqueos sobre la Avenida de las Américas con 68 y con Avenida Ciudad de Cali y manifestaciones en el sector de Fontibón y en la Avenida Boyacá con calle 13, donde cientos de conductores se parquearon para exigir al Gobierno Nacional soluciones a su situación laboral.
¿Las razones? Una básicamente: el llamado decreto de la libertad vigilada que el Gobierno anunció el pasado 17 de enero y que eliminaría la tabla de precios (mínimos y máximos) que los empresarios deben pagar a los camioneros por sus servicios, según la mercancía transportada y la distancia recorrida.
Convencidos todos de que sólo por las malas los escucharía la autoridad, los conductores pasaron en vela la noche del lunes —advertidos de que la Policía podría llevarse los camiones con grúas—, acomodados en hamacas colgadas de camión a camión y comiendo tamales con gaseosas. El día que planearon para los bogotanos fue muy parecido a las jornadas de hace exactamente un año en la ciudad, cuando los empresarios de buses la paralizaron en rechazo al Sistema Integrado de Transporte Público (SITP).
Como en aquel entonces, miles de ciudadanos se levantaron en medio de la desorganización y ayer en barrios como Patio Bonito, Fontibón, El Éxito y Galán, movilizarse resultó ser casi un milagro. El portal Américas de Transmilenio estuvo cerrado durante todo el día y por la noche se tuvo que habilitar la estación Banderas como portal temporal, además de 16 rutas alimentadoras de manera extraordinaria. Aún así, de nuevo, volvieron a aparecer por montones las bicitaxis, las mototaxis y los camiones que hicieron las veces de vehículos de transporte público masivo. Acaso hayan sido sus dueños los grandes ganadores del momento.
Los taxistas también tomaron parte en el paro al aprovechar para protestar por las sanciones que les han impuesto las autoridades. En Soacha, un grupo de unos 100 se parqueó a un lado de la Autopista Sur para exigir que los dejen trabajar sin planilla en Bogotá.
Y mientras casi toda la ciudad cambiaba bruscamente su cotidianidad, los camioneros hacían colectas de $200 por persona para las improvisadas ollas de sancocho que organizaron en algunas transitadas esquinas de la metrópoli.
Por otro lado, sus líderes (César Pacheco y Pedro Aguilar, presidente de la Asociación Colombiana de Camioneros) discutieron con la secretaria de Gobierno, Olga Lucía Velásquez, la posibilidad de levantar los bloqueos, sin retirarse de las vías, mientras se concretaba una reunión con el ministro de Transporte, Germán Cardona, para discutir la petición de retirar el decreto en cuestión.
Ya en la noche, los acercamientos los tuvieron con el vicepresidente, Angelino Garzón, quien le prometió al Ministro que lograría convencerlos de desbloquear en una mesa de trabajo. Sin embargo, los camioneros mantuvieron el cese de actividades.