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«La depresión no es un desorden mental sino de todo el cuerpo»

James Strain es un psiquiatra al que no le gusta esperar que los pacientes toquen la puerta de su consultorio. Prefiere ir a buscarlos para decirles que puede darles una mano.

31 de agosto de 2011 – 05:05 p. m.

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Uno debería tener el derecho de pedirle el pasaporte a su psiquiatra. Si, como en el caso de James Strain, tiene el sello de 194 países visitados, eso sin duda es una garantía de que ha visto suficientes cosas en su vida como para ayudar a alguien a salir de ciertos problemas.


Strain, quien esta semana estuvo recorriendo los pasillos de la Fundación Santa Fe, hablando con los cirujanos, cardiólogos, pediatras y también con algunos pacientes, se ganó en los años 80 el apodo de “padre de la psiquiatría de enlace”.


El viejo psiquiatra, quien trabaja en la escuela de medicina del prestigioso hospital Mount Sinai en Nueva York, se ríe cuando la pregunta es por qué le dicen así. Y entonces recuerda un debate en Washington al que fue invitado en 1982 y donde su contrincante era uno de los psiquiatras más prestigiosos de la Universidad de Harvard. La discusión era si el papel de los psiquiatras era esperar a los pacientes en un consultorio o por el contrario, como lo ha defendido siempre Strain, hacer parte de los equipos médicos que cada mañana van de camilla en camilla pasando revista a los pacientes de un hospital.


“Si me siento en mi oficina a esperar que me llamen los pacientes, voy a perder la mayoría de casos. Porque el 50% de los casos de depresión no se diagnostican. Tampoco el 70% de los casos de ansiedad. Esperar que me llame cuando usted no sabe que me necesita es estúpido”, argumenta Strain.


El mensaje que trajo para los médicos de la Fundación Santa Fe es que aprendan a ver los trastornos psiquiátricos de otra manera. Especialmente la depresión y la ansiedad, que son los más comunes, pues se estima que sólo en Estados Unidos una de cada cuatro personas sufrirá depresión en algún momento de su vida.


“Un nuevo concepto es que la depresión no es sólo un desorden mental, sino también físico”, explica Strain. Lo dice pensando en los pacientes con ataques cardíacos y los diabéticos. Cuando se desencadena una depresión, los patrones de hormonas como la adrenocorticotropa (que se fabrica en la hipófisis) y también el cortisol (producido por las glándulas suprarrenales) se alteran. Esto lleva a que el número de plaquetas en la sangre, encargadas de protegernos en caso de una hemorragia, aumenten. Al hacerlo, el riesgo de un infarto se multiplica y el pronóstico empeora. Un paciente con un ataque al corazón y quien además sufre depresión, tiene tres veces más riesgo de que se repita el infarto en los tres meses siguientes.


De ahí que una de las nuevas recomendaciones de la Asociación Americana de Cardiología es que se evalúe a todos los pacientes infartados en busca de síntomas de depresión. “Mirémoslo desde otro punto de vista —plantea Strain—, si tienes enfermedad cerebrovascular y tienes depresión, el porcentaje de morir es 70% en un año. Si no, es del 40%”.


Cree que el conocimiento que la ciencia tiene del cerebro y la mente sigue siendo muy limitado: “es un órgano difícil. Primero, porque está oculto. Porque es distinto en cada momento. Y además no tenemos modelos animales”.


Confía en que en los próximos 10 años la psiquiatría logre ir más allá de los síntomas para diagnosticar enfermedades como la depresión. El 25% de los diagnósticos actuales son erróneos. Strain sueña con que los psiquiatras cuenten con pruebas diagnósticas como las que hoy tienen sus colegas para detectar la diabetes, el cáncer o una úlcera.

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