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La memoria se manchó

Román no sólo es noticia por las delicias que hace con la pelota en su pie derecho, algo que mostró poco y nada en estos últimos tiempos. El año pasado, el enganche también fue eje de las polémicas por una fuerte discusión interna en el vestuario. En la antípoda del otro líder, Martín Palermo, aquí se lo marca como una persona negativa.

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Son más, incluso, los que le disparan por su cara de pocos amigos. Él responde que no puede pasar noventa minutos riéndose. Pero hay una realidad: Riquelme es un rey que divide. Así como lo hace dentro del plantel de Boca Juniors, donde tiene unos pocos aliados porque la mayoría se inclina por el goleador, también lo hace con su estilo de juego como bandera.

Es irrefutable que el hombre es un idealista de la pausa, la gambeta y el pase exacto. También lo es que la cadencia de su modus operandi dentro del campo de juego irrita a los amantes del vértigo y la táctica. Maradona buscaba un Riquelme más comprometido con la velocidad y precisión que encontró en Lionel Messi, su yerno, el Kun Agüero, y hasta Carlitos Tévez, otro de los enemigos íntimos de Román. Y, a la vez, un jugador más integrado a otro plantel que no lo mira con buenos ojos. Lo único que le faltaba a Román era quebrar el amor de Diego con Boca, ese que se ganó por su incondicional afecto a la camiseta azul y oro.

Lo hizo el domingo pasado en una Bombonera que respaldó a su actual 10. Y jugando con las palabras que utilizó Maradona en su despedida, justamente en ese estadio, la memoria se manchó.

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