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Cinco años después de haber caído en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Perú en 2006 a manos de Alan García, moderó su discurso izquierdista buscando alejarse del rótulo de candidato ‘antisistema’ y de paso distanciarse del ideario chavista, al que tanto le temen sus compatriotas. Una transformación que le permitió convertirse en el primer presidente peruano de izquierda elegido por las urnas, luego de la campaña presidencial más polarizada y apretada de la historia del país.
El cambio, que muchos comparan con la que tuvo Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, caló dentro del descontento peruano que durante el gobierno de Alan García pidió a gritos un cambio en el sistema económico. A pesar de que en los últimos años el país ha crecido a una tasa anual promedio del 6%, gracias a las políticas de combate de la inflación, el libre comercio, el rigor fiscal y la inversión extranjera, el inconformismo social radica en que el actual modelo ha “implantado la desigualdad”.
Y es que el programa de gobierno de este padre de dos hijas producto de su unión con Nadine Heredia, bautizado “La gran transformación” y el cual modificó cuatro veces durante la campaña, tiene como bandera impulsar un nuevo modelo de desarrollo basado en una economía nacional de mercado abierta al mundo que permita una distribución de la riqueza más equitativa. De igual forma, promete transformar el Estado por medio de reformas constitucionales, luchar contra la corrupción y nacionalizar los recursos naturales del país.
Mientras la ideología la heredó de su padre, Isaac Humala, marxista creador del “etnocacerismo”, doctrina ultranacionalista que evoca el poderío inca y defiende la raza indígena, la pasión política la adquirió en sus tiempos de militar. Esta mezcla fue la que lo llevó en octubre de 2000 a protagonizar junto a su hermano Antauro y 50 reclutas más el levantamiento militar de Locumba, en el sur de Perú, que sirvió de antesala para la posterior renuncia y huida del presidente Alberto Fujimori.
Este hecho sacó del anonimato a este coronel en retiro de 48 años, especializado en Ciencia Política de la Universidad Católica de Perú quien, luego de pasar varios años en el exterior, fue agregado militar en Francia y Corea del Sur, y regresó a su país en 2005 con una sola idea en mente: ser presidente. Un sueño alcanzado luego de que la mayoría del pueblo peruano lo apoyara, a pesar de todas las acusaciones que cayeron en su contra durante la contienda electoral. Ni las comparaciones con el presidente venezolano, Hugo Chávez, ni las acusaciones de violador de los derechos humanos y del orden democrático pudieron truncar la ilusión de Humala.