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Si suyo hubiera sido el mundo de las ideas de Platón, las cosas de este mundo real serían más poéticas. Si suyo hubiera sido el poder de crear los prototipos de la vida, los hombres tendrían siempre zapatos y medias coloridas y un gigantesco bigote, y las chicas, atrapadas por las seducciones del color, no tendrían chance alguno de pensar en el vacío. Su humor los hubiera hecho concebir carros voladores, leones que saltan del corazón y cisnes que visten cuerpos desnudos. Suyo no es ese mundo de los perfectos… pero suyo sí es ese cuarto abarrotado en Bologna, Italia, en donde palpita un universo coherente al que han dado vida en vestidos, camisas, chaquetas y faldas que empieza a expandirse por China, Japón, Rusia y muchas latitudes con el nombre de Leitmotiv.
Desde 2008, el artista colombiano Juan Cano y el diseñador milanés Fabio Sasso crearon una marca que ha convertido la tela en un lugar en donde habita la fantasía, en un tamiz en el que se filtra la irracionalidad de los sueños para convertirse en diseños. Han negociado con los algodones y las sedas para que atrapen con claridad sus inspiraciones hechas de collages, para que sepan ostentar con maestría las formas de esas texturas que crean en el computador, o de esos animales que manualmente construyen a punta de recortes de revistas y que recuerdan con sus formas extrañas los procesos creativos de los surrealistas.
Sus siluetas son más bien clásicas, la cintura casi siempre afinada, unas faldas de vuelo amplio con boleros, y unas camisas para hombre que potencian la estructura del cuerpo masculino. Saben de alguna manera que sus cortes limpios son los mejores aliados para potenciar las historias que cada tela cuenta. Forma y contenido son cortados y tejidos para que vestirse sea casi un acto poético.
Las primeras puntadas
La historia de este universo empezó a escribirse cuando, tras haber tenido un furtivo encuentro en la biblioteca de Bologna, Cano y Sasso descubrieron que la ropa podría ser un lienzo apropiado para sus ideas. “Queríamos que lo nuestro estuviera a medio camino entre el arte y la moda, así que organizamos la primera exposición en el jardín de nuestra casa. Movimos los muebles a la de los vecinos y logramos convocar a 200 invitados, entre compradores, amigos y galerías de arte”, rememora Cano, quien se encargó de la parte gráfica, para que el inquieto Fabio se ocupara de agujas y costuras. Luego, tras ver que tenían cosas que decir, y que quizás habían conseguido un lenguaje propio, empezaron a apostar por los concursos.
Después de ser protagonistas en Who Is On Next?, la competencia de Vogue Italia para descubrir nuevos talentos, consiguieron importantes contratos con marcas como Borsalino y Furla que de alguna manera les marcarían una nueva hoja de ruta. “Empezamos incursionando en bolsos y accesorios y creo que fue un acierto, porque al estar eso en el ADN de la marca hemos podido mantener nuestro espíritu en un mundo difícil en donde es más sencillo vender 10 carteras que un vestido”, añade Cano.
Efectivamente, mientras se pasea por las rojizas calles de Bologna se puede tener un desprevenido encuentro con algunas de sus creaciones. Actualmente, la marca de marroquinería Furla le da una tregua a sus cueros monocromáticos para abrirle un espacio en sus vitrinas a unos bolsos que parecen evocar otro cliente, uno ilusionado con contar algo de sí con lo que lleva puesto, uno que encuentra en los estampados y el doble faz la tentación de cargar con algo de arte en el día a día.
Este mundo Leitmotiv se arrodilla con sus creaciones por igual ante las curvas femeninas y las cuadraturas de hombres. Bebe constantemente del barroco y de algunos elementos góticos y se construye de referencias e inspiraciones muy diversas que están resumidas en un cuarto que los diseñadores han bautizado “cuarto de archivo”. Este lugar está lleno de objetos encontrados que han disparado la inspiración para un nuevo tema, como el del hombre aventurero y expedicionario que se revela en su más reciente colección. Hay también joyas viejas, telas, prendas encontradas en lugares inesperados, piezas de alguna colección pasada, dibujos pintados. Ese lugar sagrado, del que nadie aunque así lo desee puede llevarse nada, se ha convertido en un recinto vital para que sus aproximaciones al color, a las texturas y a la construcción de complejos paisajes visuales nunca sea una repetición.