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Villa de Leyva fue fundada en 1572 por órdenes de don Andrés Díaz Venero de Leyva, primer presidente del Nuevo Reino de Granada. Hoy por hoy es una de las más hermosas poblaciones coloniales del país y uno de los destinos preferidos por turistas nacionales y extranjeros. Por eso no es extraño ver caminar por sus calles a decenas de foráneos que encuentran aquí un remanso de historia, tranquilidad y belleza.
Este municipio boyacense se encuentra ubicado a 2.145 metros sobre el nivel del mar y tiene una temperatura promedio de 18º C, lo que le confiere un clima agradable en el día con un sol intenso. Sin embargo, en la noche la temperatura puede descender hasta los 5º C, lo que permite organizar fogatas con los amigos y descubrir el famoso cielo estrellado que los expertos encuentran fascinante y que le ha dado reconocimiento al festival de astronomía cada mes de febrero.
En Villa de Leyva se tiene la posibilidad de sumergirse en el pasado. Su gigantesca plaza mayor y sus calles totalmente empedradas están bordeadas por antiguas edificaciones coloniales y viejas tapias de barro pisado. La Calle Caliente es uno de los destinos preferidos para compradores. Se trata de tres largas cuadras que inician en el marco de la plaza mayor y terminan en el Parque de Nariño. En ellas podrán encontrar toda clase de artículos decorativos, prendas de vestir elaboradas a mano, restaurantes y heladerías.
La aventura
En Villa de Leyva no todo es historia y cultura, pues la naturaleza la ha rodeado además de sitios espectaculares y dispuestos para pasear la adrenalina por montañas, senderos y cuevas. No nos podemos olvidar de las cascadas que miles de años atrás fueron el hogar de especies ancestrales que dejaron su huella en las áridas tierras de la región y que hoy se manifiestan en forma de fósiles, el común denominador en la vía que conduce al desierto de la Candelaria.
Un buen plan es ubicar la agencia de turismo extremo de Travesía en el hotel Abahunza y practicar el deporte extremo de su preferencia.
Una suave caminata de 15 minutos es el calentamiento perfecto para el torrentismo que se puede practicar en las cascadas de La Juetera: dos caídas de agua, de 15 metros la primera y 25 metros la segunda y que a tan sólo 50 metros de distancia van a nutrir las aguas rápidas del río Moniquirá. La primera caída es propicia para darse un baño refrescante en un pozo de dos metros de profundidad.
Quien ha descendido con éxito una pared no puede, sin preparación y supervisión, aceptar el reto de descender torrentes de agua. Lo anterior es, precisamente, lo que hace tan especial a La Juetera, porque puede llegar a ser apta para principiantes y toda una aventura para expertos, quienes logran descenderla en “australiano” (de frente al abismo) o en “murciélago” (de cabeza al abismo). Durante los primeros siete metros de descenso, los pies irán pisando la roca cubierta por el torrente de agua. Luego de superada esta etapa, la pared se terminará y uno se encuentra con un descenso en libre o negativo (cuando los pies no tienen en dónde apoyarse). Es aquí cuando comienza la aventura, pues el péndulo que se forma hace que el cuerpo entre y salga de la cortina de agua, proporcionando una experiencia inolvidable.
Otra de las grandes ventajas de La Juetera es que el ascenso después de terminar el rapel es muy sencillo y se puede llegar a convertir en una actividad para repetir una y otra vez.
Por las cuevas
Un desafío grande que ofrece la región en materia de deportes extremos es la exploración de la cueva de La Chapa. Es una formación natural milenaria que de manera caprichosa diseñó un laberinto subterráneo con tres pisos a los que se accede a través de cuerdas y equipo especializado.
La exploración dura algo más de 80 minutos y el destino final es la impresionante copa invertida en carbonato de calcio de dos metros de diámetro, que ofrece una de las experiencias más sobrecogedoras en materia espeleológica en nuestro país. Sin embargo, siempre hay que recordar que la exploración de cuevas es una actividad de alto riesgo y realizarla sin la compañía de un guía conocedor puede resultar riesgoso. Es necesario tomar precauciones y no permitir que se adelante esta actividad sin la supervisión ni el equipo técnico de salvamento y rescate.
Luego de la aventura en la región, lo óptimo es volver a Villa de Leyva y descansar unas horas antes de disfrutar de la fría y agitada vida nocturna que ofrece el municipio.
Les recomendamos buscar la comodidad, el descanso y la excelente atención en uno de los hospedajes de la cadena Franco Lara Hoteles (Abahunza, El Marqués de San Luis). De la misma manera, deléitese con la exquisita pizza de Al Horno y con los inigualables postres de La Galleta.
Si la visita a Villa de Leyva es con un grupo de amigos, lo mejor es terminar el recorrido en el parque central con la vista que ofrece una de las plazas más bellas de América.