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“Por favor colombianos, ahorremos agua que posiblemente se nos viene ‘El Niño’”, dijo el presidente Santos hace tres semanas. Días después insistió: “Viene una época de sequía y eso trae consecuencias muy negativas”. A sus declaraciones se sumó el Ministerio del Medio Ambiente con recomendaciones para ganaderos y agricultores. Los directores del Ideam, de Fedegán y varios jefes de cartera no se quedaron atrás. Todos lanzaron señales de alerta frente al inminente fenómeno climático.
Sus alarmas fueron escuchadas por la población que, con temor, esperó los días de sequía, de incendios forestales, de escasez de alimentos y de temperaturas agobiantes. Pero así se quedó: esperando. Y, contrario al caos que todos pronosticaron, una serie de lluvias empezó a caer sobre gran parte del territorio colombiano. La incertidumbre fue entonces la que reinó.
Los habitantes del Pacífico, del Caribe y de la zona Andina —las supuestas zonas más afectadas con ‘El Niño’— comenzaron a cuestionar las comunicaciones estatales, poniendo en duda la credibilidad de esa información y, en las redes sociales, cientos de usuarios exigieron explicaciones.
¿Por qué entonces las alarmas? ¿Por qué la desesperación? La respuesta es simple: porque cuando se acerque diciembre las lluvias se reducirán y del agua que caiga ahora dependerá la reserva hídrica del primer trimestre de 2013.
“Lo que debemos hacer es aprovechar”, dice Ricardo Lozano, director del Ideam. “Las lluvias seguirán hasta noviembre y ahorrar esos recursos, antes de que comience la sequía, es fundamental. Ahora estamos en la etapa de desarrollo. Pero los meses secos serán de diciembre a marzo”.
Por eso la insistencia. Por eso tantas alarmas de prevención. El Gobierno ya ha advertido a alcaldías y gobernaciones y, en cabeza del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, empezó a coordinar un plan de contingencia.
“El sistema encierra a entidades públicas, privadas y comunitarias; normas, procesos, recursos y estrategias. Todo el país trabaja en un engranaje que permite una actuación oportuna”, dice Carlos Iván Márquez, su director.
Los efectos, sin duda, serán los pronosticados. Y aunque no son tan evidentes, ya se comenzaron a sentir: los cauces de los ríos Magdalena y Cauca se han empezado a debilitar, y en departamentos como Valle del Cauca, Huila y los del Eje Cafetero, repetitivos incendios se han registrado en las últimas semanas.
“Hemos hechos varios llamados para que municipios y entidades prestadoras del servicio del agua presenten al Minambiente sus planes para evitar el desabastecimiento. Hay lugares que están abocados a la escasez”, asegura Ómar Franco, director de Gestión de Recurso Hídrico.
Sin embargo, pese a que los sectores que se verán afectados han tomado medidas preventivas, el riesgo está latente. La carencia hídrica es el problema que más inquieta. Y preocupa aún más si a la fecha, como lo reportó la semana pasada el superintendente de Servicios Públicos, César González Muñoz, más de 600 administraciones municipales no han presentado su plan de contingencia. De no hacerlo a tiempo, tal vez ‘El Niño’ aparezca sin discreción.
Así se prepara el país para la ola de incendios
Carlos Iván Márquez, director nacional de Gestión de Riego, explica que hoy el país cuenta con cerca de 6.000 bomberos forestales y ocho centros de respuesta inmediata regionales, 32 equipos de posicionamiento satelital, 20 de monitoreo climático y 120 vehículos.
“La Comisión Nacional de Incendios Forestales se encuentra activa, pero es fundamental la ciudadanía. Ellos deben ser los primeros en dar aviso a las autoridades de su municipio”, dice Márquez.
Frente al personal disponible para atender este tipo de emergencias, la Procuraduría General de la Nación ha insistido en que sólo 568 municipios del país cuentan con un Cuerpo de Bomberos debidamente constituido (de los cerca de 1.100 municipios que hay en el país). El ente de control ha reiterado su llamado a los alcaldes para resolver esta situación.