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El déficit a financiar, estimado para 2010 en $24,1 billones, no implica grandes presiones sobre el endeudamiento público, pues se mantuvo la colocación de TES desde agosto del año pasado en $26 billones, mientras las necesidades de financiamiento externo se redujeron de $8,8 billones a $4,6 billones, por el prefinanciamiento de US$2.000 millones en 2009 y las privatizaciones.
La duda que queda si el crecimiento económico fue menor a lo estimado en 2009 y será lento en 2010 (2,5% según el Gobierno), es porque no aumentaron las necesidades de financiamiento, incluso con la revisión de la meta de déficit fiscal de 2010 de 3,4% a 3,7% del PIB. La respuesta, además del prefinanciamiento y del aplazamiento de ingresos por privatizaciones, reside en la reducción del gasto por $4,2 billones por la menor inflación y la tasa de cambio, proyectados por $1,7 billones. Esto implica un ajuste de $2 billones en inversión y de $2,2 billones en funcionamiento que tendrán la consecuencia de generar un menor impulso a la economía.
Según las cifras del Gobierno, la demanda pública crecerá 2,7%, luego de crecer 7,1% en 2009. Es positivo para los mercados porque implicará una revisión a la baja en las expectativas de crecimiento y de cambios en la política monetaria del Emisor. Aunque el riesgo de largo plazo sigue pendiente de supuestos macroeconómicos de una economía privada sólida (repunte del crecimiento, control de la inflación, altos precios de materias primas y tasa de cambio fuerte), pero poco de una gestión importante en materia de la estructura fiscal, donde estarán los ojos de los inversionistas durante el próximo período presidencial.
*Director de investigaciones económicas de Correval.