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Lluvia agrava tragedia en Manizales

Fiscalía anuncia indagaciones preliminares para determinar si hubo omisiones que impidieron prevenir el desastre

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El riesgo de un nuevo deslizamiento y la constante lluvia que azota a Manizales tienen bloqueada la labor de los organismos de rescate en la zona afectada por el alud del sábado pasado y, por el contrario, incrementaron el drama que viven los lugareños, pues la cifra de personas desaparecidas llegó a 20 y se reducen las posibilidades de hallarlas con vida.

En la parte alta del talud del barrio Cervantes, afectado por el derrumbe, quedaba una vía y hay una placa grande de asfalto que amenaza con desprenderse. Por esta razón, tratan ahora de provocar su caída controlada, para trabajar con menos tensión. En la parte baja, hasta donde llegó la caída de tierra, hay una retroexcavadora removiendo escombros.

Está muy cerca de una casa de tres pisos, a la que llegó el lodo casi hasta la puerta, pero que quedó intacta. Justo en la terraza de esta vivienda tienen una gran Virgen en un altar, que se alcanza a ver a 300 metros de distancia. La gente atribuye a la imagen religiosa el milagro de que el derrumbe no afectara más viviendas.

Mientras se reanudan y se suspenden las labores de rescate, los familiares de los desaparecidos esperan en unas carpas cerca del lugar del desastre. Allí tienen asistencia psicosocial para enfrentar el duelo. Muchos conservan la esperanza de hallar a sus parientes con vida, algo que las autoridades creen poco probable luego de cuatro días. Otros están resignados y lo único que piden es que encuentren a sus seres queridos para darles cristiana sepultura.

En medio de ellos está Leidy Johana Ramírez Alarcón, una joven que colabora con la parroquia del barrio. Ella espera que encuentren a su abuela y a su tío. “Ya no tenemos esperanza de hallarlos con vida, pero sí de encontrar sus cuerpos para enterrarlos. Mi mamá se nos está enfermando y la tenemos con psicólogo”.

Claudia Patricia Jaramillo esperaba el rescate de sus padres y de su hijo Jacobo. “No sé nada de ellos, yo estaba trabajando. Sigo esperando que los encuentren”, dijo en medio de la angustia. En la mañana de ayer hallaron a su hijo.

En las pocas horas que pudieron trabajar, entre la noche del lunes y la mañana de ayer, los socorristas reportaron el hallazgo de seis personas más, elevando la cifra a 45 víctimas. Al mediodía de ayer, en un tablero grande del Cuerpo de Bomberos, donde tienen las estadísticas, escribieron los nombres de los últimos cuerpos encontrados: Ana María Castaño, de 12 años; Johnatan Mauricio Castaño Serna, de 17; Óscar López Sáenz, de 57; Jennifer Echeverri, de 30; Giovanny Loaiza Henao, de 33; Hernán Jaramillo Masso, de 56; José Edílber Velásquez Ibarra, de 30, y Jacobo Hernán Jaramillo, de cinco.
El caso más desgarrador fue el de Jacobo, otro de los niños víctimas de la tragedia. Cerca del sitio donde encontraron al pequeño, también estaba Velásquez Ibarra, agente de la Sijín de la Policía, algo que generó gran conmoción entre los uniformados que apoyaban las tareas de rescate.

El reporte de víctimas que tiene el Puesto de Mando Unificado (PMU), encargado de coordinar la operación de búsqueda, es de 22 hombres (entre ellos tres menores) y 23 mujeres .
Por el agua y el lodo, los últimos cuerpos que han rescatado los han encontrado en alto grado de descomposición, lo que obligó a habilitar la morgue de la Facultad de Medicina de la Universidad de Caldas, para realizar allí los trabajos de identificación de los cadáveres. El otro punto, en el que se encuentran otros cuerpos sin reclamar, es el del Hospital de Caldas. Según las autoridades, hasta el momento han reclamado 30 cuerpos y 15 siguen en proceso de identificación.

En estos dos puntos, donde las familias reclaman los cuerpos de sus seres queridos, se tramitan los subsidios de casi $200 mil que está entregando la Alcaldía de Manizales para efectuar los sepelios. Otras funerarias han dispuesto de otro auxilio adicional para las familias de escasos recursos. Pese a estas dos ayudas, hay familias que han tenido que recoger dinero en el barrio para completar el dinero para las exequias.

Por cuenta del derrumbe en el Cervantes, hay siete barrios sin el suministro de agua y están recibiendo el líquido en carro tanque. Debido a las fuertes lluvias, el Cuerpo Oficial de Bomberos tiene detectadas otras cinco zonas de riesgo, entre ellas la que amenaza nuevamente el acueducto. Cerca de 300 familias, que viven cerca de laderas, han solicitado revisiones preventivas. Por esta razón, los socorristas no dan abasto y están monitoreando zona a zona los taludes de la ciudad para evitar nuevas emergencias.

Anoche, la Fiscalía anunció que abrirá indagaciones preliminares para establecer si hubo omisiones en la implementación de los planes de prevención diseñados para afrontar la ola invernal.

De la mano de dos clarividentes

Sandra Rendón y Diego Fernando Giraldo dicen tener un don especial y lo pusieron al servicio de las labores de rescate en Manizales: la posibilidad de hablar con los muertos. Ella es empleada en un almacén del centro de la ciudad, donde venden utensilios de plástico. Él, de apenas 19 años, sólo se dedica a poner su capacidad al servicio de la gente que lo necesita.

El pasado sábado, después de enterarse de la tragedia, se desplazaron hasta el lugar con la intención de colaborar en las tareas de rescate. Inicialmente nadie les creyó y no los dejaron ingresar al sitio de los trabajos. Gracias a la intermediación de un periodista de la ciudad, que los puso en contacto con un teniente de la Policía, les dieron la oportunidad de usar su talento.

Poco a poco fueron señalando sitios donde había posibles víctimas. La ubicación fue precisa y se ganaron la confianza de las autoridades y los socorristas. “A mí uno de ellos me decía que estaba cerca de las canastas de cerveza. Sentí su energía. El sitio donde señalé fue donde lo encontraron. La canasta de cerveza estaba en su cabeza. Una niña me habló de sus muñecas y logramos ubicarlas. Cerca estaba el cuerpo de la pequeña”, relató Sandra.

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Diego tiene más experiencia, pese a su corta edad y a su timidez. Dice que muchas de las víctimas, que murieron mientras estaban dormidas, sienten que es una pesadilla de la cual no han despertado. “Me dicen eso, veo sus almas. Otros quieren que los ayudemos y por eso queremos colaborar en su búsqueda. Esto no es brujería, es un don de Dios”, indica.

En dos días que estuvieron colaborando lograron dar con la ubicación exacta de 22 cuerpos. Ante los ojos de soldados y socorristas convencieron a todos con sus datos precisos. “No sé cómo lo hicieron. Fueron en zonas donde ya habían buscado los perros, pero en otros en los que no habíamos buscado. Tengo que decir que su ayuda sí sirvió”, indicó el mayor Carlos A. Marín, comandante de Bomberos de Manizales.

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Ahora, ambos se mueven por la zona del desastre con total tranquilidad. Los policías y los familiares de las víctimas ya los reconocen y esperan seguir contando con su colaboración para encontrar a todos los que fallecieron en el lugar de la tragedia.

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