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En los últimos dos meses ha aterrizado en varios países para sumar el apoyo internacional necesario que fortalezca su aspiración. La semana pasada estuvo de visita oficial en Turquía e Italia, la cual aprovechó para exponer sus argumentos para llegar al cargo, entre ellos que su candidatura “es un propósito del país”.
También la semana pasada se reunió en Bogotá con la subsecretaria de Estado para Seguridad Ciudadana, Democracia y Derechos Humanos de Estados Unidos, María Otero, a quien puso al tanto de los avances de Colombia en materia de derechos humanos, la Ley de Víctimas, la Conferencia Nacional de Derechos Humanos y, por su puesto, su candidatura a la OIT. Al respecto, la funcionaria resaltó la trayectoria y dedicación del vicepresidente a los temas de derechos humanos.
En diciembre pasado, Garzón estuvo en España, donde se entrevistó con miembros del Gobierno. Allí abogó por una alianza “de carácter tripartito”, que tenga como soporte un acuerdo entre empresarios, trabajadores y gobiernos, y que guíe la elección del nuevo director de la OIT. Recientemente vio fortalecida su candidatura cuando Brasil declinó su intención de presentar un aspirante, y ya logró el apoyo de las naciones de América Latina y el Caribe, reunidas en la recién creada Celac.
“Soy el candidato de la región. La candidatura ha sido respaldada por los gobiernos de América Latina y el Caribe. Ahora estamos trabajando por lograr el mayor número de respaldos de gobiernos del mundo entero, de los empleadores y de los trabajadores. Necesitamos sumar al menos 29 votos a favor”, dijo Garzón, quien en sus recorridos expone un decálogo con sus propuestas para la OIT, base de su aspiración.
Además de “defender a la OIT como una organización tripartita”, en el documento propone “promover y desarrollar los derechos fundamentales al trabajo a partir del diálogo, la negociación y la cultura empresarial”. De otro lado, plantea “reforzar el seguimiento al desarrollo de convenios, recomendaciones y mandatos de la OIT, para contribuir al bienestar tanto de los países como de los trabajadores” y propone estimular la cooperación y el trabajo entre los organismos y agencias del Sistema de Naciones Unidas, así como las demás entidades regionales, con el fin de “avanzar en un mundo del trabajo con rostro humano”.