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Con un balance satisfactorio para el país y su dirigencia deportiva concluyó anoche, en el estadio El Campín, el Mundial de Fútbol Sub-20. Pero a 51 días del primer partido de Colombia en la eliminatoria al Mundial Brasil 2014, en la categoría de mayores, el panorama no es halagüeño. La última salida en falso del técnico Hernán Darío Bolillo Gómez, sumado al pálido desempeño y la poca credibilidad en el técnico de los juveniles, Eduardo Lara, así como la renuncia de Ramiro Viáfara en la categoría Sub-17, plantean la urgencia de un segundo aire para el balompié nacional.
Una tarea que recae en los siete miembros del Comité Ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol, quienes por disposiciones internacionales de la Fifa gozan de una amplia autonomía frente al Gobierno, casi una total inmunidad frente a los organismos de control y una remota y débil intervención de Coldeportes. Prácticamente su único contrapeso es la opinión pública. Ni siquiera los resultados inciden, porque Colombia lleva tres mundiales ausente e insuficientes éxitos en las categorías menores, pero sus dirigentes permanecen anclados en su trono.
Para nadie es un secreto que desde tres décadas atrás el narcotráfico hace estragos en el fútbol colombiano y que la informalidad que caracteriza a la mayoría de los clubes del torneo rentado explica sus apremios. Sólo en 1989, y a raíz del asesinato del árbitro Álvaro Ortega, de la mano del inolvidable Alex Gorayeb se vio una intervención correspondiente a la dimensión de la crisis y el campeonato fue cancelado. Pero desde entonces se repite el libreto. Ocasionales escándalos, pocos triunfos y dirigentes con mucho dinero en caja y mayor acomodo al medio.
Esta semana volverán a reunirse los siete miembros del Comité Ejecutivo y, según los expertos, son pocas las expectativas de cambio. Eventualmente podría darse la salida del Bolillo Gómez y Eduardo Lara, pero difícilmente para dar un salto a un proceso deportivo que rompa los esquemas vigentes. Ellos son los dueños del fútbol y la mayoría de quienes los eligen se mueven en el mismo esquema de negocios de jugadores, transferencias o préstamos, pero escasos procesos de formación deportiva, estabilidad laboral o renovación administrativa.
Pero, ¿quiénes son los rectores del fútbol colombiano? Luis Bedoya, su presidente, natural de Pereira y formado en Bogotá, lleva 24 años en la dirigencia del fútbol. Es economista, llegó a esta actividad de la mano del recordado León Londoño y representa la continuidad en la Federación. Es prudente, diplomático, componedor, sagaz y tal vez el único que sin pasar por uno de los clubes fue presidente de la Dimayor y ahora de la Federación. Sus críticos le atribuyen falta de autoridad, pero administra y eso basta.
Consultado sobre las difíciles decisiones que se avecinan a nivel de selecciones y la depuración del fútbol, Bedoya afirmó que su énfasis es hacer alianzas con el Gobierno, la empresa privada y los equipos, pero que el balompié en Colombia es un tema amplio, con demasiados intereses, envidias y a veces se vuelve imposible controlarlo todo. En su habitual tono conciliador, agregó que todos los miembros de su comité ejecutivo son gente del fútbol, que fueron elegidos democráticamente por los equipos y que lo que siempre sucede es que todas las equivocaciones recaen en los dirigentes.
Lo acompañan, en calidad de presidente de la División Mayor del Fútbol Profesional Colombiano (Dimayor) y de la División Aficionada, Ramón Jesurún Franco y Álvaro González Alzate. El primero de Barranquilla, expresidente del Júnior y hombre de confianza de la familia del político y empresario Fuad Char. Un dirigente a quien definen como directo, distante, hábil para los negocios y reservado. Hace cinco años dio el salto a la dirigencia nacional y desde ya se perfila como el favorito para la presidencia de la Federación en el año 2014.
En cuanto a Álvaro González Alzate, lleva más de 20 años en la dirigencia deportiva desde su natal Manizales y es calificado como el capataz de la Federación. Maneja 34 ligas de fútbol aficionado, posee tantos archivos secretos del fútbol, que se dice que ellos son buena parte de su poder, y nadie duda de que no pide permiso para opinar en voz alta. Se sabe claramente que fue el hombre que sacó de la selección al técnico Chiqui García en 2001 y que defiende a capa y espada al Bolillo Gómez. Aunque también es un hombre de confianza de la Fifa, ha tenido problemas.
En la antesala del Mundial Sub-20, que concluyó ayer, se vio envuelto en un incómodo episodio por indebidos manejos de las acreditaciones por parte de uno de sus escogidos, e incluso la Fifa envió a un veedor internacional para que se aclarara el caso. Temerario, desafiante con los medios de comunicación, soberbio, amigo de sus amigos y enemigo de sus contradictores. Nunca le han probado acciones ilícitas, pero ejerce como una especie de fiscal de la Federación de Fútbol. Sin encararlo, hay quienes afirman que es el verdadero poder detrás del trono.
Los cuatro miembros restantes son recién llegados y ofician como vocales, aunque pueden hacer mayoría a la hora de las decisiones. Ellos son Jorge Fernando Perdomo, expresidente del Atlético Huila y político de profesión, al punto que hoy aspira a la Gobernación de su departamento por el Partido Conservador. Fue el hombre que llevó al equipo de Neiva a obtener dos subcampeonatos y, según los entendidos, es el más preparado de los miembros de la Federación, abogado y con la ventaja de sus relaciones políticas en los ámbitos nacional y departamental.
El segundo es Alejandro Hernández, quien formó parte del Deportes Quindío y la Liga de Fútbol de Antioquia. Nacido en Medellín, empresario de jugadores y heredero en la dirigencia de un equipo de contrastes: el Envigado Fútbol Club. Un semillero de profesionales de este deporte con notables aportes en jugadores, pero también asociado con quien durante muchos años fue su propietario: Gustavo Upegui López, otrora jefe de la tenebrosa banda criminal de la ‘Oficina de Envigado’. Asesinado en julio de 2006, nunca las finanzas de su equipo fueron investigadas.
Los dos restantes miembros de la Federación son Herney Portillo y Javier Cogollo. El primero proveniente de la Liga de Fútbol de Nariño y también ligado al Deportivo Pasto, y el segundo de Norte de Santander, vinculado al mundo deportivo, pero con mayor trayectoria en el sector público de su departamento. La designación de estos dos dirigentes dejó atrás a uno de los pesos pesados del fútbol y dueño de varios equipos, el controvertido empresario Hernando Ángel, y puso fin a la gestión de los dirigentes Reinaldo Amaya y Germán Collazos.
En estos siete dirigentes está el futuro inmediato del fútbol colombiano. Asumieron su cargo en marzo de 2010 y lo concluirán en 2014. Fueron ellos quienes designaron como mánager a Francisco Maturana y luego como técnico al Bolillo Gómez. Ahora deberán establecer qué deben hacer con este último y con Eduardo Lara. El día que se posesionaron Luis Bedoya aclaró que los tres objetivos eran clasificar al Mundial Brasil 2014, fortalecer la economía de la Federación y llegar a la final del Mundial Sub-20. La última meta ya se incumplió. Las dos primeras, amanecerá y veremos.
Las cifras del técnico Eduardo Lara
El balance de Eduardo Lara al frente de los seleccionados de categorías juveniles en Colombia no es malo. Pero lo que arrancó muy bien en 2002, ya registra un desgaste de casi 10 años con pocos éxitos en los últimos tiempos. Su máximo logró fue el Suramericano de la categoría Sub-20, en el año 2005.
Aunque también obtuvo éxitos en los Juegos Bolivarianos y los Juegos Centroamericanos y del Caribe en 2006, desde entonces escasean las victorias. La Federación lo encargó como técnico de la selección de mayores en las eliminatorias para el Mundial Sudáfrica 2010 y fracasó en el intento.
En el Suramericano de la categoría Sub-20, que se disputó en Perú en enero pasado, tuvo un triste desempeño. El equipo clasificó porque era la sede del Mundial, pero después de cinco partidos sólo tuvo uno donde dejó satisfechos a los aficionados. Hoy su suerte depende de la Federación.
El balance de Hernán Darío Gómez
Antes de su equivocación por todos conocida, Hernán Darío Bolillo Gómez, a regañadientes, había logrado lo que parecía imposible: confianza en la selección de mayores a pesar de su temprana eliminación en la pasada Copa América. Hoy, una vez más, el controvertido técnico tiene dividida a la opinión nacional frente a su continuidad o retiro.
Con algunos espacios, lleva 24 años en el combinado nacional. Fue asistente técnico en la campaña de los mundiales de 1990 y 1994, y entrenador en el Mundial de 1998. Después clasificó a Ecuador. Desde mayo está al frente de la selección con 58 partidos jugados: 22 ganados, 18 empatados y 18 derrotas. 70 goles a favor y 61 en contra. Un rendimiento del 48,3%.