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Poco a poco, los kilos han ido ocupando su espacio en las revistas de moda. El verano pasado, Glamour provocó un tímido terremoto al publicar a dos páginas una foto de Lizzi Miller, una modelo de talla 42, en tanga. La osadía recibió grandiosos halagos por promover una imagen real de mujer y la revista decidió dar paso en sus siguientes números a modelos curvilíneas, que no demasiado gordas. La edición francesa de Elle, sin embargo, se adelanta ahora en este lento y seguro camino del adiós a las esqueléticas maniquíes y dedica su número de abril a las rondes, encarnadas en la bellísima Tara Lynn, que no cabe en una prenda más pequeña que las de talla 48.
Y es que los franceses están engordando. O así, por lo menos, lo aseguran las estadísticas, que dictaminan que un 42 por ciento de las féminas galas sufren hoy día sobrepeso u obesidad. Sin embargo, el objetivo de Elle no es acostumbrarse a la gordura en un país que se preocupa especialmente de mantenerse en forma. “Como periodistas de moda, nuestra inspiración fue preguntarnos si podemos utilizar modelos de talla grande y hablar de moda, sin más. No desviar la atención al hecho de estar utilizando chicas grandes”, explica Valérie Toranian, la redactora jefa de la revista a The Times. “Por eso utilizamos mujeres realmente redondas, no las que sólo están un poco rellenitas. Es más interesante mostrar que las chicas grandes también pueden verse increíblemente sexies”.
Pero, al parecer, no es tan fácil. La misma Tara Lynn ha vivido las consecuencias de los kilos de más en una sociedad perfeccionista. “Perdí 30 kilos en dos años, pero no era sano; estaba hambrienta y siempre me dolía algo. Así que dejé a mi cuerpo en paz y volví a engordar, pero me sentí feliz otra vez”, recuerda en Elle. “Fue cuando intenté empezar a modelar en Nueva York. Hoy no sólo me siento bien por mi trabajo, sino porque tengo el control sobre mi salud y he aceptado el hecho de que mi silueta nunca coincidirá con la imagen de belleza con la que constantemente nos bombardean”.